Lo más duro es regresar

El ex-becario se aleja del privilegio. Su cuenta de instagram pierdo como treinta puntos en la bolsa sólo por aterrizar en el Mariscal Sucre. La comida ya no es interesante, la gente ya no es exótica, los parajes son los mismos que visitan todos los demás. Y eso es genial durante los primeros días porque abrazas a tu familia y comes fruta cerca de la cosecha. Pero al poco tiempo el dolor de no ser especial te mata y te entierra ese día en que piensas en volver.

En 2015, viajé a Vancouver gracias a una beca de excelencia. Ingresé a la Universidad de Columbia Británica, calificada entre las 50 mejores a nivel mundial. Viví en una residencia habitada por gente que pisó Cornell, Stanford, Harvard, Oxford y demás. A menudo, mis amigos se ausentaban para ir a congresos o para estancias cortas en otros centros de investigación. Y les cuento esto no por presunción sino para que entiendan el tipo de expectativas que uno puede generar en un lugar como ese. Literalmente uno se da cuenta que obtener dinero de gente rica (para investigar) y emplearte en empresas y organizaciones cuya marca es reconocida en más de un país, es cuestión de perfeccionar el arte de llenar formularios con ideas y credenciales adecuadas. Lo que siempre estuvo al alcance de pocos… ahora eres de los pocos.

Al llegar, en cambio, tienes que llenar un formulario de dos páginas donde le explicas al Estado porque no tiene que cobrarte. Un pequeño porcentaje de becarios incluso pasa por el suplicio de no poder trabajar. Además, está la preocupación del cierre de contrato, el epígrafe en dólares que es esa tragedia de deberle al país.

Mi programa estaba consciente de que dar empleo a sus estudiantes era un gran indicador de éxito. No hay mejor propaganda que contarle a los inquietos sobre el éxito de un graduado. En los últimos meses del programa, cada uno de los estudiantes agendó una cita con una asesora de carrera, que en dos horas te aconsejaba sobre el camino más corto entre querer y ser. Fui el único que no asistió a esa cita, no asistí a las reuniones de networking con empresas extranjeras ni con el servicio de relaciones exteriores de Canadá: La guerra avisada sí mata al soldado.

¿Por qué hablar ahora de estas cosas? Principalmente porque me ha parecido muy apropiado el texto de Raúl Aldaz en GK: «El Ecuador no sabe qué hacer con su ejército de PhDs«. Y espero que se debatan abiertamente un par de sus opciones:

En Colombia, los becarios pueden convertir su beca en un crédito educativo. Dependiendo de algunas condiciones, la sociedad  puede obtener un mayor beneficio recuperando el dinero invertido (con intereses) que condenando a un PhD en robótica al subempleo. El retorno social es más alto en el primer caso.

Estudiar en las mejores universidades del mundo te prepara para competir en las mejores plazas de trabajo. Eso casi siempre implica vivir fuera del país e incumplir con las condiciones del contrato que firmas al salir, pero sería genial poder hacerlo y quedarte. Quedarte lejos en países que te preparan para ello. En Canadá, si te gradúas como magíster en una carrera técnica eres inmediatamente elegible para ser residente permanente. Si te gradúas en artes, puedes quedarte un año hasta encontrar trabajo y entonces iniciar el proceso. La devolución del crédito funcionaría de la misma manera que las remesas de los inmigrantes de las generaciones previas. Sólo que has dado a un ecuatoriano el acceso a un sueño que antes era irrealizable.

¿Cuál es el aporte al país? Es una pregunta justa y por eso es que hay que cuestionarnos sobre la opción alterna: Si la beca no hace ninguna diferencia en la plaza de trabajo que encuentra el becario a su regreso, ¿cuál es el aporte al país?

Y esto es aplica sobretodo en el caso de los doctorantes. Estudiar un doctorado no es sólo tener un grado más. Los doctorados de verdad convierten a un profesional en investigador, en especialista en el tema porque por primera vez ha logrado expandir la frontera del conocimiento humano en un área específica. Estas personas usualmente necesitan integrarse a un laboratorio —con gente experimentada, con acceso a recursos financieros y conectada con otros científicos en su campo— para convertirse en experto y poder trabajar en su propia cosa.

Hacer regresar al PhD es quitar al bebé de su seno y esperar que se convierta en un adulto saludable alimentándolo con coladas.

En Chile, los becarios tienen un plazo de ocho años para retornar a su país: de pronto es mejor contar con un investigador con experiencia, con capacidad de aplicar a fondos de investigación internacionales, con publicaciones (relevantes) a su haber, y con una red de contactos global tras ocho años, que tener un PhD recién graduado que apenas podrá dar continuidad a su tesis doctoral, que difícilmente emprenderá proyectos de investigación de mediano plazo y que dedicará sus años de investigador de mayor productividad al trabajo administrativo y a la docencia.

Llegó la hora de evaluar la política de becas, como han dicho notablemente las nuevas autoridades del SENESCYT, pero también es hora de pensar en la utilidad de esas cadenas que mantienen atrapado a tanto ex-becario que todavía está  a tiempo de ser aceptado en un buen puesto en el extranjero o en un posdoctorado.

3 thoughts on “Lo más duro es regresar

  1. Creo que el objetivo del retorno es que la capacitación que han recibido del dinero de todos los ecuatorianos regrese para formar a otros ecuatorianos desde la investigación y la docencia en las universidades, quizás lo correcto hubiese sido garantizar esas plazas de empleo al retorno, tu visión de una especie de préstamo que se pagaría vía remesas podría resultar un poco dieta de contexto, dado que lo que interesaría no sería recuperar el dinero per se, sino mejorar la calidad educativa a nivel general, con todo, interesante visión de los hechos, aunque no la comparta…

    • Para que el sentido de retroalimentacion en el desarrollo que enmarque la competitividad del pais tenga efecto positivo en la economia, necesita que los becarios retornados tengan el soporte del gobierno con las plazas para la investigacion y no solo para cargos administrativos o solo de docencia. Con ello, pueden replicar la infraestructura, continuar con sus investigaciones de tesis y comenzar nuevas lineas de investigacion. Todo esto es lo que ha faltado y falta todavia fortalecer e integrar. El sentido de las becas no tiene un objetivo claro, si al retornar caen en el subempleo. Esta es una manera tambien de perder recursos y tiempo para el pais.

  2. Demasiada opinión subjetiva. La beca es un privilegio y un compromiso, nadie obligó al becario a aceptar ser parte de este proyecto. Es una decisión personal que conlleva una oportunidad única de relacionarse con investigadores y empresas de punta. Que las oportunidades laborales son amplias y mejores en el extranjero es algo que ya se sabe de antemano, no es un argumento válido resaltar tal diferencia. Pero al mismo tiempo ser un becario es un sacrificio innegable. Si se piensa que la beca fue un plan para mejorar únicamente las oportunidades de un privilegiado, es un error. Creo que no solo se debería verificar el proceso de re-integración del becario a la sociedad, se debe ser aún más estricto en el proceso de selección del becario como tal.
    Considerando la pobreza de nuestro país, es un esfuerzo enorme tener estudiando a un privilegiado en el exterior, lo mínimo que se le debe al país es una rendición de transferencia de conocimientos real , no un formulario de justificación de no pago; creo que esa descripción es minimizar la misión del becario y una falta de autoestima.
    Espero si mejore la situación de los retornados, sin embargo no será fácil, nunca será fácil mejorar, pero valdrá la pena.
    Atentamente,
    Otro privilegiado

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