El taxista libanés que me llevó a un oasis en invierno

En febrero de 2016, tuve la oportunidad de conocer Ottawa, la capital de Canadá. Yves y Moura, los directores de mi maestría, habían negociado que la Universidad de Columbia Británica financie nuestros tickets aéreos a la ciudad así como tres días de hospedaje en el hotel Arc. Moura, arquitecta de formación, pasó una gran parte de su vida dentro de talleres (studio en inglés). Tras veinte años en la industria, eventualmente se involucró en el “diseño estratégico”. Así nació Sauder d.studio, un taller de investigación y docencia para ayudar a que organizaciones y estudiantes tengan las herramientas necesarias para resolver problemas complejos. “Si quieres tuitear al respecto, usen el hashtag #PolicyStudio y mencionen a la cuenta @PubPoli” decía un correo de Zameena, la presidenta del curso.

https://twitter.com/KiranAlwani/status/699319506808614912

Las sesiones empezaban a las nueve y terminaban poco antes de las tres, debíamos salir a tiempo puesto que nuestro itinerario en Ottawa incluía reuniones con servidores públicos o representantes de la industria cuya labor era conectar con el Estado. Nuestro grupo de cinco se dividió en dos taxis y nos dirigimos a 580 Booth Street. En el piso número once, nos esperaba el director de recursos naturales del departamento de asuntos internacionales de Canadá. Vincent, como todo burócrata precavido, hizo notar que el tiempo que nos concedía estaba entre dos cosas importantes. Le dijo a la persona que manejaba el programa de reclutamiento que, por esa razón, él hablaría primero.

El sistema de gobierno canadiense se parece mucho al de Reino Unido, aquí los burócratas tienen una alta estabilidad laboral lograda a punto de un riguroso proceso de selección. Los servidores públicos construyen una carrera independientemente de quien gane en las elecciones. De momento, decía Vincent, estaban tratando de predecir el rumbo que iba a tomar su departamento en base a las declaraciones del primer ministro. Uno los puede imaginar como la tripulación de un barco ubicándose en distintas posiciones en la nave para cuando el capitán gire el timón en una nueva dirección.

Me interrumpe el mensaje de Marcelo, uno de los mentores en el taller. Estaba esperando que responda porque Ivana, mi compañera, se había olvidado su mochila en el Hub de Innovación y él fue la única persona que pudimos contactar. Debíamos averiguar qué iba a pasar con eso puesto que compartíamos los taxis y eso podía cambiar nuestros planes para la próxima reunión. Que feo y difícil es interrumpir una reunión tan escasa como esta (aún con buenas razones). Hago lo posible para pasarle el celular mi compañera sin que se note mucho. Eso me permite volver a la conversación, a analizar cuán realista es el discurso de transformación canadiense hacia la economía verde. El 20% del Producto Interno Bruto del país proviene de la explotación de recursos naturales, tienen amplios yacimientos de petróleo y gas natural aún por explotar. Sus empresas realizan megaminería en el extranjero. Me acuerdo del parque nacional Yasuní ―una de las zonas más biodiversas en el planeta― y las promesas de mi gobierno de no explotarlo, me acuerdo de la maquinaria que ya está entrando y de los senderos que se vienen construyendo. No es difícil ver cómo va a terminar esto, la pregunta es cómo lo va a manejar el recientemente creado ministerio de medio ambiente y cambio climático creado por Trudeau.

Conseguimos robarnos los quince minutos que preceden a las cuatro, parece que le caímos bien a Vincent. Casi no quedó tiempo para hablar con el chico de la oficina de reclutamiento, Ivana y yo nos quedamos al final para anotar su correo. Corremos hacia al ascensor y, cuando llegamos al lobby ya no encontramos a nuestros compañeros, nos demoramos otros tantos minutos en devolver las tarjetas de visita y recuperar nuestras identificaciones. Al salir, nos espera un taxi que nuestros compañeros habían tenido la precaución de reservar para nosotros. Ivana se bajó en 99 Bank Street y yo me quedé solo con el taxista.

Ottawa es encantadora, sus edificios son monumentales y tienen rasgos clásicos y elegantes. El vapor de los sistemas de calentamiento escapa por la parte superior mientras la nieve se sigue posando en todas las áreas no transitables. Estoy fascinado. Le pregunto al conductor si ha vivido antes en alguna otra ciudad. “No”. “Yo vengo de Ecuador ―le digo emocionado― y esta ciudad me parece hermosa, nunca había visto algo así”. La verdad, nunca antes me había emocionado una ciudad. A mis compañeros canadienses y europeos, esto no les llama la atención, para ellos esto es lo normal. Pero yo acabo de experimentar una temperatura de menos veintiséis grados centígrados por primera vez, acabo de descubrir cómo se ve un copo de nieve y de sentir cómo el hielo seca los ojos, la nariz (por dentro) y la piel.

Estatua, monumento de guerra “La Respuesta” y bloque Este del Parlamento Nacional, Ottawa

“Pero originalmente soy de Líbano”, me dice el taxi driver, y como por arte de magia empiezo a darme cuenta de su acento. “Sí, es una ciudad muy bonita. Yo he estado en Montreal y en otro lugar más pero esto es mejor para la familia”. Le cuento que el miércoles voy a viajar allá. Antes no tenía tantas expectativas pero todo el mundo me dice que Montreal es incluso más bonita que Ottawa, y es la primera vez que me enamoro de una ciudad. Bueno, lo que uno se puede enamorar en un día. “Mi restaurante favorito en Ecuador es uno de cocina libanesa”, le confieso. Sonríe. Me dice que antes de venir al extremo norte, visitó a su primo en Estados Unidos y que ahí se reunión con un libanés que fue presidente del Ecuador.

Me suenan campanas en el cerebro, no es la primera vez que escucho lo que el conductor me acaba de decir, y le quiero dar una respuesta inteligente pero cualquier información que alguna vez haya leído sobre el tema me elude. “¿En que año?”, le interrogo. Me cuenta que el susodicho expresidente ya estaba sobre los sesenta cuando él lo conoció. Trato de averiguar más pero lo que me dice no ayuda demasiado. Una búsqueda en Internet devuelve un artículo en Wikipedia sobre la inmigración libanesa en Ecuador, una página nombrada “libanesesenecuador.com” y otros cuantos resultados. Entre las fotografías destacadas aparece Abdalá Bucarám Ortiz.

Bucarám nació en febrero de 1952, osea que tenía sesenta en el 2012. ¿Será que el taxista le conoció al “loco”? Aunque es una posibilidad, el conductor me pintó al expresidente como un viejito y el “eso fue hace muchos años” que añadió me hace pensar que tal vez no sea él. Además dijo Estados Unidos y no Panamá. Juan Teodoro Salem, quien fuera presidente por tres días, también tenía ascendencia libanesa; pero murió en los albores de la revolución hippie de 1968. Quedan dos posibilidades, que la memoria del taxista confunda el cargo de vicepresidente, en cuyo caso podríamos estar hablando de Alberto Dahik o que el señor de hecho haya conocido al mismísimo Jamil.

Mahuad, de ascendencia alemana por parte de la mamá y libanesa por línea paterna, es profesor en el programa de agentes globales de cambio en la Universidad de Harvard. Los pocos alumnos que se han animado a calificarlo en “ratemyprofessors.com” tienen opiniones muy distintas. A dos personas les ha parecido un buen profesor, “un líder natural”; mientras que otros tres le han puesto la peor calificación posible. Jamil sí se ve sesentón. Su fotografía de 2007 en Wikimedia ya deja ver arrugas y canas; este año cumple los sesenta y siete. Fue uno de los 150,000 descendientes de libaneses que viven en Ecuador, entre los que también se cuentan Jaime Nebot Saadi, alcalde de Guayaquil; Ivonne Baki, destacada como una campeona de las mujeres ecuatorianas en un diario libanés, Valeska Saab y Constanza Báez, reinas de bellaza; Jorge Saade, músico y, quizá mi favorito, el escrito Jorge Enrique Adoum.

Adoum editó “Oasis”, una revista de distribución gratuita publicada por el club árabe de Quito durante los años cuarenta. Las ediciones buscaban un balance entre el orgullo del pasado libanés y su nuevo país. Henry Raad, autor guayaquileño libanés, la describe así:

Cada publicación abría los ojos de los lectores a la cultura árabe y motivaba a amarla. Se publicó sobre la gloriosa influencia árabe en España: sus contribuciones al lenguaje, arte, arquitectura, música, poesía y filosofía españoles. Se llenaban páginas con poesía árabe y dichos árabes (…) las modernas calles de Beirut, las ruinas de Baalbek y seis mil años de historia, recordaban a los lectores la tierra de origen de la mayoría de los migrantes. Les seguían (…) artículos sobre el país adoptivo, escritos por ecuatorianos y por intelectuales de ancestro árabe.

Algunas ediciones contenían obras de Juan Montalvo. “La hora árabe”, un programa de la radioemisora “voz de la democracia”, difundía cada uno de los artículos de Oasis, unos cuantos también se publicaron en El Telégrafo. El “oasis árabe en el corazón de la capital condórica” no duró mucho. Imprimió su última edición al tercer año producto de algunos reclamos de personas que decían ser de ascendencia fenicia o cruzada ―no libanesa―, y de una alta demanda que no pudo ser sostenida por los contribuyentes iniciales.

Subirse a un taxi es como entrar a una biblioteca y abrir un libro al azar, uno no sabe con que historia interesante se va encontrar. Si de esto me queda algo son preguntas ¿dónde puedo encontrar Oasis? ¿Será muy tarde para digitalizarla y subirla al archivo de Internet? ¿Cuánto han moldeado los inmigrantes libaneses la cultura ecuatoriana y la identidad que tenemos como país? A Jorge Enrique Adoum le debemos “Ecuador: Señas Particulares”, una de las más bellas reflexiones sobre la identidad ecuatoriana. A los Isaías y los Eljuri, les debemos; y no diré más. Gustavo Jalkh, Ivonne Baki, Jaime Nebot son todos actores activos de la política ecuatoriana y también tenemos representantes del líbano en la cutura popular (véase Diego Spotorno, el conductor de televisión). En cierta manera, me alegra encontrar esa diversidad. Me pregunto si tendrá algo que ver con que mis amigas musulmanas me digan que algunas ecuatorianas se ven “so middle-eastern”, o sea árabes.

El taxi se detiene en 125 Sussex Drive. Tomo mi maleta y me pongo los guantes, tengo una cita con el Director de la División de Investigación de Política Exterior. Saco mi tarjeta y le pago al conductor por la carrera, aparentemente estamos saldados pero le debo mucho más de lo que él cree.

¿Por qué mueren los héroes?

Contar historias es una tarea sin respuestas fijas. Ahí se nos queda corta la ciencia porque lo lógico, lo eficiente, lo ético y lo necesario rara vez son la misma cosa. Para contar la historia de la Tierra, por ejemplo, uno puede empezar ignorando o no la existencia de “x” creador, y eso le resultaría ofensivo a una gran cantidad de personas. Uno puede dividir la historia según la complejidad de los organismos que han habitado la tierra e implicar que la culminación de ese procesos somos nosotros. El antropocentrismo puede acabar con la humanidad, su historia y el mundo tal cuál lo conocemos, o no. Es inevitable errar y, por ello, escribir siempre es un aprendizaje, una aventura y un ejercicio de toma de decisiones. Es posicionarse frente al mundo y viceversa.

Las biografías, a menudo, se dividen en periodos temporales pero ¿cómo decidir lo que marca la ruptura entre un capítulo y el siguiente? Voces y silencios, ese es mi experimento. Hay retazos de vida en los que se mira para admirar. Para muchos, la fascinación es impersonal, hacia el  universo, o la existencia pero otros tantos escogen admirar a alguien más. Todos tenemos héroes que se incrustan como el elemento principal en las secciones de la vida. Madre, Padre o jugador de fútbol. Una mujer astronauta, un idealista loco, un artista que nos deja sin palabras. Son los héroes y heroínas los que nos impulsan a avanzar en la vida.

Recuerdo al menos cuatro de los míos. Los dos primeros eran figuras místicas con capacidades de trascender la realidad. De alguna manera, la posibilidad de que hay lecciones ocultas a la experiencia humana que han sido reveladas sólo a unos pocos siempre atrajo mi atención. Pero no es la búsqueda de secretos o poder lo que me condujo allá, sino la búsqueda de virtud. Yo no sé dónde uno encuentra esas verdades, pero sé dónde se buscan: libros. Cómo toda belleza, más de una persona la quiere describir y aunque en el arte se aceptan interpretaciones contrapuestas, la fe no acepta competencia. Eventualmente esos héroes, como tales, murieron para mí empero mucho de lo que me inspiraron vivirá conmigo el resto de mis días.

El otro par de héroes —lástima que todos sean varones— son un tanto diferentes, uno sigue vivo pero ya no me provoca mayor cosa. El que murió recién, en cambio, me hace pensar en tantas cosas que se deben realizar. Es más fácil pensar en mártires de hace dos mil años, porque uno no se da cuenta de cuán duro es entender el tipo de trato que el mundo le puede dar a la gente que admiras más, pero a mi fecha de nacimiento y a la de Aaron apenas las separa cuatro meses. Cuando recomiendo a otras personas ver “The Internet’s Own Boy” les digo “así el mundo trata a personas como yo”. No es que no lo admire, pero tengo miedo de querer ser como él.

Uno no tiene héroes todo el tiempo. Si esas voces en nuestra cabeza son los héroes de nuestras vidas, luego están los silencios. Esos momentos donde perdemos fe en las personas y la vida. No tener la capacidad de contemplación inspiradora, que Sócrates y Siddharta describen como la posesión más valiosa es un vacío que marca también. Y son esos días donde se acumula un poco de cinismo justo a lado de la desesperanza. Donde nos volvemos más apropiados a la Sodoma que antes no nos merecía. ¿En qué punto uno acumula demasiado como para no volver a creer? ¿Cuáles son las cosas que hacen que los humanos queramos recuperar la fe en alguien o algo? ¿Se puede dar dosificadamente?

“Mi consejo para un joven escritor —dice Maurice Sendak— es que trabaje con aquello de lo que está hecho, y con eso quiero decir que no debemos temer trabajar con las cosas que nos fascinaron cuando estábamos en nuestra [época] más impresionable”.  Muchos dicen que ojos que no ven, corazón que no siente (o como dicen los gringos “ignorance is bliss”), pero quizá sea tiempo de cuestionarnos qué tipo de información necesitamos. Si el conocimiento trae poder, que sea el poder de ser impresionado.

Guía no comercial para usar Twitter

Unos cuantos consejos para usar Twitter. Esto no es para mejorar su estrategia de mercadeo, simplemente para embellecer las conversaciones que se crean en la plataforma y un mejor uso en casos de investigación:

  • Evite sólo compartir enlaces a cosas externas. Twitter es una red social de microblogueo, la gente espera que usted escriba y aporte no simplemente que conecte a páginas externas.
  • Puede interrumpir sus tuits si debe hacerlo, pero es mejor concatenar ideas de 140 caracteres o menos. Si usted va a crear un hilo, puede responderse a sí mismo y no hace falta dejar su nombre en el nuevo tuit. Twitter lo conectará automáticamente de todas maneras.
  • Para responder, no cite los tuits de otros. Genera una ruptura en la cadena de diálogo que no permite a los lectores seguir la conversación.
  • Recuerde que si busca difusión de algún contenido en específico, puede cargar una foto y etiquetar hasta diez personas en su tuit.
  • Evite enviar el mismo tuit a varias personas mediante menciones, puede enviar un mismo tuit a varias personas mediante mensaje directo. Es más probable que las personas reaccionen bien si el mensaje es personalizado y usted explica porqué es importante para usted que ellos lean o compartan ese contenido.
  • Recuerde que las funciones de búsqueda avanzadas pueden ayudar a “recordar” tuits de manera muy precisa. Si usted busca el tuit de una persona en específico, puede usar “from:” antes del nombre de usuario, y así se ahorra buscar entre todos los RT de una cuenta. Así mismo, si twitter le sugiere términos similares que usted no ha buscado —si buscan “melena” pero twitter les muestra resultados de “Melendi”, por ejemplo— usted puede eliminar esos resultados de la búsqueda añadiendo un menos antes del término que no desea buscar. “melena -melendi”
  • Si usted quiere seguir a gente pero no quiere que las personas lo sepan, haga una nueva lista secreta. Esto es, casi seguro, el método que Snowden utiliza.
  • Recuerde que en Twitter se discute mucho, y agigantar bolas de nieve es fácil, pero las contribuciones más apreciadas son las que usted inicia. Comentar está bien, pero crear contenido es mucho mejor.
  • Finalmente, despéguese de Twitter cuando lee otra cosa. A menudo, la gente interrumpe sus lecturas para compartir algo que les causó impacto, y el flujo de lectura se pierde. No haga eso.

¿Qué pasaría con el Internet en Ecuador si gana Lasso?

Guillermo Lasso se proyecta como uno de los posibles candidatos a la presidencia de Ecuador en el período 2017-2021. Parece que ahora, en parte gracias a la situación económica derivada de la caída por el precio del petróleo, tiene muchas más oportunidades que antes. Lo importante de este contexto particular es que es mucho más viable para él, o cualquier otro candidato, el proponer una apertura comercial de Ecuador sin encontrar resistencia de la clase media que (hasta la fecha al menos) apoyaba la posición del movimiento indígena de no firmar acuerdos de libre comercio, algo que incluso fue refrendado en la constitución de Montecristi. La constitución no prohíbe explícitamente la firma de tratados comerciales, pero existen una serie de disposiciones que hacen que sea muy difícil firmar uno.

No se podrá celebrar tratados o instrumentos internacionales en los que el Estado ecuatoriano ceda jurisdicción soberana a instancias de arbitraje internacional, en controversias contractuales o de índole comercial, entre el Estado y personas naturales o jurídicas privadas

Lo dicho en el párrafo anterior no es una verdad absoluta, y es que así funciona la política. Caben distintas interpretaciones entre lo que un tratado puede hacer o no. Por ejemplo, el artículo 421 dice que “la aplicación de los instrumentos comerciales internacionales no podrá menoscabar, directa o indirectamente, el derecho a la salud, el acceso a medicamentos, insumos, servicios, ni los avances científicos y tecnológicos”. Pero ¿qué quiere decir eso de todas maneras? ¿Implica eso que un tratado comercial que hace más difícil acceder a la tecnología con medidas de protección sobre patentes o software no puede ser firmado? Posiblemente, pero siempre habrá una duda razonable. Esa ventana es la que ha permitido que el gobierno actual se adhiera al acuerdo comercial con la Unión Europea—que aún debe ser ratificado por la Asamblea Nacional— y disfrute de beneficios similares a los ya obtenidos por Perú y Colombia.

Lasso ama el libre comercio. Y no tengo muchas esperanzas de que otros candidatos tengan una postura económica muy distante a la del banquero. Si bien la apertura comercial trae beneficios al país, los medios mediante los cuales se negocian esos acuerdos actualmente se parecen más a tratados de proteccionismo global a favor de los países del primer mundo. Para ser más específicos, son acuerdos que beneficien principalmente a las compañías de esos países. En estos tratados, no se discute únicamente que los productos se intercambiarán entre dos o más países sin aranceles, sino que se establecen una serie de condiciones con el supuesto objetivo de garantizar la estabilidad comercial. Así, se habla de la protección de derechos de autor en internet, de las adquisiciones por parte del Estado de productos, de la ubicación de servidores, de seguridad informática y un largo etcétera. Es, en palabras de Pilar Sáenz, un lavado de políticas públicas.

Para que tengan una idea un poco más clara de cómo eso afectaría internet, les recomiendo el artículo que publicara EFF sobre los riesgos del TPP. Unos puntos claves que se pueden compartir de este texto son los siguientes:

  • Todas las disposiciones que aumentan intereses y derechos a las corporaciones son vinculantes, mientras que cada disposición que pretende proteger el interés público no es obligatoria y susceptible de conseguirse solo avasallando los esfuerzos protectores de las corporaciones.
  • El TPP refleja los peores aspectos de la US Digital Millennium Copyright Act (DMCA), que es la que facilita la censura de contenidos en Internet. Frente a lo cual ya se están corrigiendo las deficiencias en la legislación actual.
  • Romper candados digitales será un delito con pena de cárcel. Esto es algo tan simple como desbloquear el DVD para ver películas de diferentes zonas o “ajustar” el cerebro del auto. Este es un verdadero problema de seguridad. 40% del código fuente de las bombas de insulina nunca ha sido inspeccionado por investigadores de seguridad independientes y casi 1,4 millones de vehículos fueron retirados del mercado por Chrysler, debido al descubrimiento de una vulnerabilidad que permite acceder de forma remota la dirección y los frenos. Investigar este tipo de cosas, con un tratado de libre comercio, sería un delito. Eso contrasta claramente con la propuesta actual de permitir excepciones.
  • Nuevas normas aplicables a los dominios de nivel nacional bloquearán las reformas que varias instituciones están promoviendo para proteger a propietarios de sitios web de tener que revelar su nombre real, dirección, y otra información de identificación personal mediante el sistema de nombres de dominio (DNS), volviéndolas vulnerables a ataques de trolls, ladrones de identidad, estafadores y/o acosadores.
  • Los DRMs se utilizan a menudo para fines que van contra de la competencia leal. Mediante su uso, prohibirán a innovadores de construir servicios interoperables o productos que puedan utilizarse con plataformas existentes, además de evitar servicios de reparación por parte de terceros. Fundamentalmente, se cierra el juego y la experimentación, lo que es fundamental para el desarrollo de una innovación abierta.
  • Nuevas protecciones legales que surjan para innovadores independientes y pequeñas empresas podrán ser atacadas si una corporación multinacional alega que tal protección debilita su inversión o futura ganancia, lo que generaría un proceso controversial entre el inversor extranjero y el Estado.
  • Los Proveedores de Servicios de Internet (ISPs) podrán bloquear redes virtuales privadas (VPNs) como parte de su deber de cooperar con los titulares de derechos de autor para impedir la transmisión no autorizada de obras protegidas.
  • Los periodistas serán responsables civil y penalmente por permitir el acceso, la divulgación o la disposición de un secreto comercial incluso si lo hacen para revelar una mala práctica comercial. También responderán por publicar información proveniente una fuente que la obtuvo de manera ilegal, aunque la revelación de dicha información beneficie al interés público.
  • El TPP prohibiría a los países firmantes a exigir legalmente que ciertos productos se distribuyan con licencias de software libre, incluso donde sería útil para reducir los problemas de seguridad informática. Assange le puede decir adiós a la recomendación de construir una soberanía tecnológica en Ecuador.

Si bien no es justo asumir que todos los potenciales tratados comerciales que se le propongan a Ecuador contengan todos estos elementos, cualquier de los arriba mencionados es una preocupación real. Y muchos han dicho que el TPP es el nuevo “gold standard” de los tratados comerciales. Muchos en Ecuador piensan que un nuevo gobierno ayudará a recuperar las libertades civiles en todos los campos, pero es fácil ver como las soluciones a mano no siempre son lo que parecen.

¿Eres libre?

“¿Eres libre?” A veces Arya me confunde cuando habla. Su inglés es imperfecto como el mío pero su idioma natal, a diferencia del español, tiene una estructura gramatical sustancialmente diferente de las lenguas romances. “¿A qué te refieres?”, le digo. “Creo que eres más libre que las demás personas, psicológicamente”. Siento en mi rostro los músculos contraerse para entregar una expresión entre triste y frustrada, pero en el fondo me alegra que me digan esas cosas. Y es generalmente una linda sorpresa cuando te lo dice alguien de quien no lo esperarías. Me pasó algo similar cuando la Pao, una excompañera de la universidad, me dijo que soy “bien despierto”.

Pero yo no me siento más libre que el resto, al menos no fue lo que me pasó por la cabeza al escuchar la pregunta por primera vez. Al contrario, si algo se ha incrementado en mi vida con el pasar de los años es esa sensación de opresión que viene cuando uno tantea la realidad. ¿A qué me refiero? Pues a varias cosas que a muchos de ustedes les resultan familiares: los compromisos sociales, las facturas, las deudas, pero sobre todo a la decisión difícil de tener que decidir entre que la realidad se adapte o adaptarse a la realidad. Ahí estaba yo, huyendo de unas cuantas cosas en mi pasado, en una nueva ciudad donde no conocía a nadie, e hipotecando el futuro para poder vivir en paz. A muchos no les parecerá coherente que hable de hipotecar mi futuro cuando estoy estudiando a expensas del Estado, pero el hecho es que me toca regresar a mi país y trabajar el doble del tiempo estudiado para que a mi familia no le caiga la deuda. Eso es algo nuevo para mí, porque hasta ahora yo he sido de las personas que, intencionadamente, no tiene nada que perder. Esa era parte de la libertad que me permitía decir lo que pienso aún a costa de mi futuro (y no el del resto), la libertad de abandonar un trabajo cuando va en contra de los principios personales, y así…

“¿Has escuchado del mito de la caverna? —le digo a Arya—, lo escribió Platón”. Al comienzo no sabe de qué le hablo así que le cuento un poco. El mito de la caverna es una alegoría que cuenta la diferencia entre el mundo de las ideas y el mundo real. En la historia, hay un grupo de personas que están atadas en una caverna de pies y manos, a sus espaldas arde un fuego que les muestra sombras del mundo real. Un día, uno de los hombres logra liberarse y observa fuera de la caverna. Tras la confusión inicial ¡Eureka! Entiende la diferencia entre lo que veía y la realidad. Al regresar a la cueva, el hombre trata de explicar a sus compañeros lo que había visto, pero al no tener otra referencia que las sombras en la caverna, los hombres no sólo que no le creen, sino que piensan que está loco. De verse forzados a salir de la caverna, tal vez matarían a golpes a nuestro héroe y se volverían a amarrar.

Arya conoce la historia. “Eso es lo que se siente ser libre”, le digo. “It’s painful, not cool”.

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