Voleibol, catorce años después

¿Sería cuarto curso? No recuerdo exactamente cuando, pero en uno de mis últimos años de colegio participé en la final de voleibol internacional en contra del San Andrés. Ese colegio tenía a casi todos sus jugadores como seleccionados de la provincia y entre los nuestros había, si la memoria no me falla, tres —Santiago, Roberto y David— o cuatro. No recuerdo si ellos empezaron a entrenar en la Concentración Deportiva de Pichincha antes o después de esta final, lo que sí recuerdo es cómo yo la viví: en la banca.  No jugar era la menor de dos incomodidades, tenía mucho miedo a estar en un partido. No me malentiendan, me encantaba jugar, lo hacía todos los descansos. Me encantaba entrenar y tener juegos de práctica pero temía decepcionar al equipo y con razón.

Era débil, pequeño y miedoso. Tengo esas tres certezas porque cada una tiene su anécdota propia. Cuando era un «chúcaro» de primer curso,  jugamos un partido con gente de quinto o sexto curso. Uno de ellos, amigo de mi hermana, le dijo que yo jugaba bien pero me faltaba fuerza en brazos. O sea, era gualingo —acuérdense esta palabra porque no la van a encontrar en ninguna otra parte de Internet. Pues esa es la primera anécdota, la pequeñez es un poco más obvia. En el colegio, nosotros hacíamos fila en orden de estatura. Yo era el segundo de la fila, ¡era enano! Y así fue hasta que terminé la secundaria. Un año después de mi graduación yo regresé para los juegos pirotécnicos de mi colegio y en ese día el tercero de la fila, tuvo que levantar bastante el mentón para decirme «has crecido». Finalmente está lo de cobarde. Después de entrenar cuatro días a la semana y estar en el equipo por dos años, Pablo –el entrenador— me dijo que estaba considerando hacerme «líbero», este es un jugador que ocupa únicamente los puestos defensivos. En voleibol internacional, los jugadores rotan tras cada punto y ser líbero era perfecto para gente pequeña como yo. Me acobardé, le dije que mejor no. Pablo debió haber pensado «¿qué hace este chico en la selección, entrenando casi todos los días, si no quiere jugar en el equipo?».

Claro que hubiera querido jugar en el equipo, si hubiera tenido la seguridad, estatura y fuerza para hacerlo. Por eso, a mis treinta, jugar voleibol resultó ser algo totalmente distinto. Para empezar, ¡ya puedo hacer clavados! por ser alto; lanzarme a buscar las bolas, por valiente (y porque el piso es de arena cuando juegas en la playa); y, bueno, ya era lo suficientemente fuerte cuando salí del colegio. He disfrutado tanto estos pocos días que, le tenía que contar al mundo. Aunque quisiera levantar una queja porque (a) no me dejan devolver el saque en el primer golpe y (b) debo jugar el saque a pesar de que este toque la red. Pero bueno, toca adaptarse al futuro y a las amistades.

¡Larga vida al voleibol!

Ciclear de noche en Quito

Vancouver es una ciudad grandiosa, pero demasiado organizada. Las salidas grupales en bicicleta a las que asistí estaban organizadas por la cocina de bicicletas del campus —le dicen así porque se preparan nuevas bicis a partir de repuestos usados todo el tiempo— y para asistir uno tenía que llegar temprano y firmar la hoja de descargo de responsabilidad (en Canadá toda actividad grupal conlleva firmar algún tipo de formulario). Bordeábamos la playa y llegábamos hasta Stanley Park, donde todas las ciclas tienen que seguir una sola dirección, nos dábamos la vuelta de rigor y, finalmente, volvíamos al punto de origen.

bicicleta tacuri

A pesar de que era interesante, yo extrañaba mi Tacuri hecha a la medida (acá está el enlace por si quieren comprarse una) y las cicleadas nocturnas quiteñas que todos los lunes organizaba —del pretérito imperfecto «esos manes ya no hacen salidas nunca»— CER Promotora de Ciclismo.

Las ciudades se transforman en la noche y rutinariamente uno no las disfruta porque, en capitales como la nuestra, la noche está para moverse de punto a punto. La transición es un mal necesario que toca aguantarse exceptuando una que otra fecha como la noche de fin de año —donde la otra mitad del país también se viste de mujer— o el desfile de halloween en el día del escudo nacional, con los monigotes gigantes en la avenida Amazonas.

Las salidas nocturnas en bici te dejan volverte parte de una urbe nocturna, uno va más rápido que esa sensación de inseguridad que produce ser ciudadano de un país donde más de la mitad de la gente ha sido víctima de un asalto, o tiene un familiar a quien algo le han robado.  Las veintiún marchas de tu velocípedo opacan ese miedo pero, al mismo tiempo, la velocidad no es tanta como para no disfrutar de los detalles de las calles, aceras, hidrantes, ventanas, locales, perros, prostitutas, brujos, comerciantes, estudiantes, mochilas, afiches, carros, parques, luces, monumentos y un largo etcétera.

Por eso, me emocioné mucho cuando me enteré que otro colectivo llamado Ciudad en bici retomó la actividad de salir cada lunes en dos ruedas para ver la ciudad. A pesar de que no es lo mismo que andar con los desaforados de Cicleadas El Rey, estos paseos permiten recorrer Quito en un entorno seguro para todos los que saben pedalear. Caro (creo que es ella la que escribe) dice en el blog de ciudad en bici que:

El fin de estas cicleadas es tener un espacio donde pueda venir todo tipo de gente, principiantes, profesionales, mujeres, niños abuelitos, absolutamente todos porque lo que nos interesa es que la gente pierda el miedo de andar en bici por la ciudad y que lo importante no es la rapidez en la que te mueves si no que aprendas a disfrutar de moverte sobre dos ruedas.

Y es verdad, no nos dejaban ir muy rápido, o saltar sobre las aceras y siempre habían guías en las partes frontal y posterior. Las personas se ubicaban en un carril en la calle, usualmente en parejas. Con este tipo de formación, los automóviles ven una especie de desfile y prefieren ir por el carril anexo sin causar mayor complicación. El grupo es liderado por mujeres y tener lideresas casi siempre cambia la dinámica para bien, ellas son mejores para predicar con el ejemplo, comunicarse de manera abierta y transparente, admitir errores y sacar lo mejor de los demás (según los resultados de Ketchum Leadership Communication Monitor, una encuesta realizada a más de 6.500 personas en todo el mundo). Aunque, para ser sinceros, yo le vi a Laurita trepándose a la vereda antes de que me diga que no lo haga porque hay que respetar al peatón. Bueno, el asunto es que en Quito existe un entorno seguro para salir a ciclear los lunes en las noches y sería bueno que vayan a hacer la prueba con amigos y familia. Las chicas empiezan a dar instrucciones en el parque Gabriela Mistral cada lunes a las siete de la noche y salen después de unos veinte minutos.

Quizá el único pero es que después de hacer los recorridos toca regresar a la casa y, a menos que haya una buena cantidad de gente, a veces toca hacerlo sólo. Y a muchas personas no les gusta y por eso les aviso para ver si se ponen de acuerdo con alguien de su barrio o sino pregunten en el grupo por personas que vivan cerca de ustedes. Tengo la suerte de tener un vecino igual de adicto a la bici que yo y usualmente nos acompañamos en la cuesta.

El lunes que pasó yo ya me estaba despidiendo con un «nos vemos la próxima semana» cuando Laurita nos cortó con un «el miércoles escuelita de bike polo, verán». Resulta que estas chicas no sólo se reúnen los lunes, sino que dos días después van al parque La Carolina (cerca de las canchas sintéticas) a practicar polo en bici. Si no tienen idea de qué es eso, pues sabrán exactamente cómo me sentí cuando me dijeron que vaya a la escuelita. Lo más cercano al polo en mi vida son las camisetas con el logo del señor en caballo sosteniendo un mazo parecido a palo de golf, pero resulta que es bastante divertido.

Al comienzo (y es que yo sólo he jugado esto tres veces) duelen muchísimo las muñecas y es difícil mantener el equilibrio, pero al poco tiempo el cuerpo se va acostumbrando y uno empieza a ver al mallet (el taco que sirve para pegar a la bola) como ayuda y no estorbo.  Es especialmente útil cuando uno tiene que dar retro porque la bola se queda en las esquinas o porque toca cubrir el arco con las llantas de la bicicleta para que el otro equipo no te haga el quinto gol, que es como pierdes el partido. Eso o estar abajo en el marcador cuando se acabe el tiempo reglamentario de treinta minutos —nosotros sólo jugamos diez.

Las otras reglas son: no tocar el piso con los pies, jamás; hacer goles con el extremo fino del mallet y, tras hacer un gol, esperar en tu mitad hasta que el otro equipo cruce a tu cancha. Bueno, las dos últimas reglas pueden esperar un poco durante las primeras clases porque el 90% de tu energía se irá en dos cosas: tratar de alcanzar la bola y no caerte de la bicicleta. Si les interesó, pueden chequear cuando será la próxima clase en la página de facebook de la liga femenina de bike polo Ecuador. A veces hacen vaca para comprar pizza, así que llevarán sueltos, casco y bastante agua.

¿Por qué mueren los héroes?

Contar historias es una tarea sin respuestas fijas. Ahí se nos queda corta la ciencia porque lo lógico, lo eficiente, lo ético y lo necesario rara vez son la misma cosa. Para contar la historia de la Tierra, por ejemplo, uno puede empezar ignorando o no la existencia de «x» creador, y eso le resultaría ofensivo a una gran cantidad de personas. Uno puede dividir la historia según la complejidad de los organismos que han habitado la tierra e implicar que la culminación de ese procesos somos nosotros. El antropocentrismo puede acabar con la humanidad, su historia y el mundo tal cuál lo conocemos, o no. Es inevitable errar y, por ello, escribir siempre es un aprendizaje, una aventura y un ejercicio de toma de decisiones. Es posicionarse frente al mundo y viceversa.

Las biografías, a menudo, se dividen en periodos temporales pero ¿cómo decidir lo que marca la ruptura entre un capítulo y el siguiente? Voces y silencios, ese es mi experimento. Hay retazos de vida en los que se mira para admirar. Para muchos, la fascinación es impersonal, hacia el  universo, o la existencia pero otros tantos escogen admirar a alguien más. Todos tenemos héroes que se incrustan como el elemento principal en las secciones de la vida. Madre, Padre o jugador de fútbol. Una mujer astronauta, un idealista loco, un artista que nos deja sin palabras. Son los héroes y heroínas los que nos impulsan a avanzar en la vida.

Recuerdo al menos cuatro de los míos. Los dos primeros eran figuras místicas con capacidades de trascender la realidad. De alguna manera, la posibilidad de que hay lecciones ocultas a la experiencia humana que han sido reveladas sólo a unos pocos siempre atrajo mi atención. Pero no es la búsqueda de secretos o poder lo que me condujo allá, sino la búsqueda de virtud. Yo no sé dónde uno encuentra esas verdades, pero sé dónde se buscan: libros. Cómo toda belleza, más de una persona la quiere describir y aunque en el arte se aceptan interpretaciones contrapuestas, la fe no acepta competencia. Eventualmente esos héroes, como tales, murieron para mí empero mucho de lo que me inspiraron vivirá conmigo el resto de mis días.

El otro par de héroes —lástima que todos sean varones— son un tanto diferentes, uno sigue vivo pero ya no me provoca mayor cosa. El que murió recién, en cambio, me hace pensar en tantas cosas que se deben realizar. Es más fácil pensar en mártires de hace dos mil años, porque uno no se da cuenta de cuán duro es entender el tipo de trato que el mundo le puede dar a la gente que admiras más, pero a mi fecha de nacimiento y a la de Aaron apenas las separa cuatro meses. Cuando recomiendo a otras personas ver «The Internet’s Own Boy» les digo «así el mundo trata a personas como yo». No es que no lo admire, pero tengo miedo de querer ser como él.

Uno no tiene héroes todo el tiempo. Si esas voces en nuestra cabeza son los héroes de nuestras vidas, luego están los silencios. Esos momentos donde perdemos fe en las personas y la vida. No tener la capacidad de contemplación inspiradora, que Sócrates y Siddharta describen como la posesión más valiosa es un vacío que marca también. Y son esos días donde se acumula un poco de cinismo justo a lado de la desesperanza. Donde nos volvemos más apropiados a la Sodoma que antes no nos merecía. ¿En qué punto uno acumula demasiado como para no volver a creer? ¿Cuáles son las cosas que hacen que los humanos queramos recuperar la fe en alguien o algo? ¿Se puede dar dosificadamente?

«Mi consejo para un joven escritor —dice Maurice Sendak— es que trabaje con aquello de lo que está hecho, y con eso quiero decir que no debemos temer trabajar con las cosas que nos fascinaron cuando estábamos en nuestra [época] más impresionable».  Muchos dicen que ojos que no ven, corazón que no siente (o como dicen los gringos «ignorance is bliss»), pero quizá sea tiempo de cuestionarnos qué tipo de información necesitamos. Si el conocimiento trae poder, que sea el poder de ser impresionado.

Insomnio

Son las 2:44 am. He perdido la cuenta de las veces que he vuelto a despertar. La chaqueta —acá le dicen «juti»— está empapada en un sudor que mi memoria no se explica. Hace años, me pasaba algo similar y llevé a mi casa a Samy, una gatita que, además de darme compañía, reducía el estrés. 

Mi gata se perdió hace cinco meses y yo me mudé hace tres. En la residencia no permiten animales que no estén en bipedestación. Toda la jodida noche, el vapor sopla por las tuberías y no deja la paz. Los músculos de la espalda están tensos al punto de doblegar la postura a una incómoda posición pseudo fetal. La cabeza late fuerte cada vez que despierto.

Son las 2:50 am y en pocas horas va a amanecer en mi país. Quizá de allá me escriba alguien. Ojalá y saberlos despiertos me ayude a dormir. 

CONCURSO: Gánese un juicio con el Chato Castillo!

El día de hoy, según informa diario La Hora, la Corte de Justicia de Loja impuso la pena de 30 días de prisión a la concejala lojana Jeannine Cruz Vaca por publicar un tuit. Eso quiere decir que en Ecuador ahora uno está a dos clics de irse preso.

La demanda la interpuso el alcalde de Loja, Bolívar «Chato» Castillo, a quien tuve el agrado de conocer. Me parece muy triste que la gente no tenga libertad de publicar lo que sienta y piense (aunque se equivoque) en las redes sociales, y peor que le metan preso por algo que, hasta la fecha, no alcanzaba ni los quince retuits. Sería interesante que miles de personas envíen el mismo tuit para proteger la libertad de expresarse en la red, hagan clic en la imagen o en el enlace de arriba para participar.

Mientras más gente participe más divertido será.

 

ACTUALIZACIÓN: LO QUE DICEN LOS ABOGADOS

A favor de la detención:

La concejala Jeanine Cruz ha dicho que «Alcalde José Bolívar Castillo lo q pedimos l@s Lojan@s es q deje de mentir y de robar», sólo el texto ya contiene una afirmación de que el alcalde miente y roba. Aunque aún no se conoce el juicio —que estará disponible a través de la página web de la Función Judicial— se entiende que en el proceso judicial, Cruz tuvo la oportunidad de demostrar que el alcalde miente y roba. Y que no lo hizo.

El tipo penal sobre la calumnia dice lo siguiente:

Art. 182.- Calumnia.- La persona que, por cualquier medio, realice una falsa imputación de un delito en contra de otra, será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a dos años.
No constituyen calumnia los pronunciamientos vertidos ante autoridades, jueces y tribunales, cuando las imputaciones se hubieren hecho en razón de la defensa de la causa.
No será responsable de calumnias quien probare la veracidad de las imputaciones. Sin embargo, en ningún caso se admitirá prueba sobre la imputación de un delito que hubiere sido objeto de una sentencia ratificatoria de la inocencia del procesado, de sobreseimiento o archivo.
No habrá lugar a responsabilidad penal si el autor de calumnias, se retractare voluntariamente antes de proferirse sentencia ejecutoriada, siempre que la publicación de la retractación se haga a costa del responsable, se cumpla en el mismo medio y con las mismas características en que se difundió la imputación. La retractación no constituye una forma de aceptación de culpabilidad.

El hecho de que la señora haya afirmado que el señor miente y que el señor roba mediante una red social (o mediante un megáfono en la plaza pública o mediante grafiti o panfleto) es meramente circunstancial.

En contra de la detención:

Cuando se hace una denuncia, como es el caso de Cruz, no puedes ser procesado por injurias. En derecho penal, este tipo requiere de lo que se conoce como «animus injuriandis» es decir, el querer menoscabar la honra con un insulto. Si es una concejal quien dice esto al Alcalde, es una denuncia sobre su gestión como Alcalde, no se perfecciona el tipo penal. No existe ánimus injuriandis. Lo que debería suceder en esta ocasión es que Contraloría pida explicaciones al alcalde sobre los temas denunciados.

Adicionalmente «no se puede usar el derecho penal para apresar a quien te cuestiona, ofende, o insulta si tú estás en un cargo público». En la región se ha despenalizado el delito de opinión en los casos de funcionarios públicos.

[Seguiré actualizando mientras recabe más información]