El costo del «open science»

Revisando uno de los documentos pos-cumbre de la FLOK Society, el de Ciencia colaborativa, abierta, libre y común, me siento algo incómodo con algunos de sus argumentos. Una traducción del texto original en inglés quedaría algo así:

A diferencia de otros factores de producción, sin embargo, el conocimiento no es un recurso escaso porque no se agota con su uso. De hecho, el reto de tratar al conocimiento como un recurso capital es que el conocimiento es altamente fungible. Es decir, el conocimiento puede ser fácilmente digitalizado, incrementado, y transmitido como información a casi cero costo. Como un bien público, cualquier número de personas puede construir, consumir y utilizar el conocimiento sin necesidad de agotar su valor (Stiglitz, 1999).
La escasez puede ser una condición previa para la economía de la oferta y la demanda, pero el conocimiento en sí mismo no es un recurso escaso.[1]

La negrilla es mía y está ahí para señalar los puntos que encuentro como conflictivos, uno por no contar con un respaldo adecuado de evidencia y otro por requerir un amplio debate sobre realidades y expectativas sobre gestión del conocimiento. Previamente en el artículo se mencionan el acceso abierto a publicaciones y los datos abiertos como nuevas oportunidades de generación de conocimiento, pasamos también por concebir al conocimiento como una materia prima de donde se extrae nuevo valor agregado, y desde este punto de vista es comprensible pensar que habiendo más y más datos disponibles se los podría «minar» y fácilmente ampliar el pool de conocimiento actual.

Mi cuestionamiento parte de que no en todas las áreas de la investigación científica se puede elaborar nuevos datos a partir de los existentes en la misma proporción y donde se hace esto a veces conduce a nuevas necesidades que implican un alto costo de investigación. En mi campo, por ejemplo, se puede argumentar que las revisiones sistemáticas aportan ciertamente nuevas luces sobre el valor real de la información que está publicada y se pueden establecer nuevas guías de tratamiento que reduzcan gastos públicos o privados, mejoren la tasa de supervivencia de los pacientes o eviten efectos adversos por prescripción indebida, por citar unos pocos ejemplos. Quienes hemos leído revisiones sistemáticas, sin embargo, sabemos que una de las conclusiones más frecuentes es «se necesitan más estudios». ¿Qué significa esto y cuál es la implicación real de esto si hablamos en términos de creación de conocimiento?

Hace casi un año ya, Forbes publicó un artículo donde examinaba cuál es el costo promedio de una innovación famacéutica (en base a un estudio realizado en 98 empresas). Uno de los factores a tener en cuenta es que el 95% de las investigaciones farmacéuticas no arrojan un producto funcional. Así, el costo de generar un medicamente varía entre 385 millones de dólares — para pequeñas compañías que lograron convencer  a un gran inversionista una vez eludido cierto riesgo de inversión — hasta 4 ó 5 mil millones por cada nueva medicina producida. Esto puede sonar excesivo, muy seguramente una parte sustancial de esta inversión va a engordar bolsillos, pero si uno entra a un laboratorio farmacéutico entenderá que muchos de los costos sí tienen que ver con los montos necesarios para infraestructura, personal, y sobretodo las 4 fases que comprenden un ensayo clínico experimental, tres de las cuales suceden previas a la comercialización del medicamento.

Uno podría argumentar entonces que la revisión sistemática de un sólo medicamento puede producir nuevos resultados a un costo cercano a $0, y que podemos difundir eso a la velocidad de la luz poniéndolo a disposición de toda la gente con acceso a Internet y llamar a la liberación de toda la información científica, pero el asunto es que para que eso haya sido posible primero se gastaron millones de dólares en el mundo material. Si queremos asegurar el desarrollo científico y el incremento del pool de conocimientos, debemos garantizar un ingreso mínimo y flexible a la investigación. Los otros elementos de la apertura científica nos ayudarán a no poner un sobreprecio a esta cifra mediante la implementación de procesos más eficientes producto de la transparencia. Si ese ingreso se debe obtener a través del acceso a la información, mediante impuestos a los centros de investigación o la población en general, es otra discusión.

El ejemplo anterior no es, lo admito, una muestra significativa de todos los campos de la ciencia. En cada uno de los campos corresponderá hacer un ajuste según sus necesidades. Incluso el de la medicina farmacológica podría variar enormemente el momento en que seamos capaces de simular mediante computación todos los efectos de una droga en la totalidad de la población con un índice de confianza alto, reduciendo drásticamente el costo, pero las preguntas a responder son las mismas:

  1. ¿qué cantidad de dinero necesito garantizar para investigación si requiero mantener su sostenibilidad?
  2. En base a la situación económica de mi economía de escala (país, región, continente) ¿de dónde puedo obtener ese ingreso? ¿es más eficiente cargarlo al artículo mediante instrumentos como el derecho de autor o financiarlo con impuestos directos? ¿Obtendré más renta posterior con innovaciones subsecuentes al «liberar» mi patente o debo proteger mi invención al tener poca capacidad de evolucionar en futuros productos?

Si me preguntan, no hay consenso, además de haber muchos intereses, existen muchos prejuicios e ignorancia sobre el tema. Lo más apropiado sería realizar un amplio debate público, al menos con los actores clave y posteriormente definir una metodología para hacer este cálculo. Si me preguntan, se debería establecer un modelo matemático que permita su aplicabilidad en varios campos. Creo que entonces podríamos heredar a la siguiente generación (metafóricamente hablando) una cantidad significativa de conocimiento liberado, una deuda específica en pos de liberar conocimiento y de asegurar la sostenibilidad de futuras investigaciones y una metodología que permite lidiar con la débil frontera entre lo tangible y lo intangible.
Referencias:
[1] Barandiaran, X.E. & Araya, D. (2014) Free/Libre, Open and Collabor­ative Science (v.1.0). Buen Conocer ­ FLOK Society Policy Document 1.2. Quito: IAEN (Instituto de Altos Estudios Nacionales).

Open Science

Apertura científica

«La ciencia es la creencia en la ignorancia de los expertos»- Richard Feynman

La apertura científica está caracterizada por una apertura en los procesos, la disponibilidad de los datos y metodologías, por el hecho de que cualquier persona pueda verificar lo que está escribiendo el investigador bajo las condiciones apropiadas, y por la posibilidad de utilizar los resultados de la investigación (esto se conoce como acceso abierto). Si lo sistematizamos un poco, esto queda algo así:

  1. Transparencia en la recolección de datos y en las metodologías de observación y experimentación;
  2. Disponibilidad pública de los datos, en un formato adecuado para su reutilización;
  3. Transparencia y accesibilidad de la comunicación científica;
  4. Uso de herramientas en línea para facilitar la colaboración científica.

Al igual que sucede con el software, no basta liberar el código. Muy pocas personas podrán realmente utilizar ese conocimiento, sino se acompaña de un formato amigable al usuario, de ser fácilmente indexado por los motores de búsqueda más comunes, que uno pueda copiar el texto sin tener que pelear con el PDF, entre otras cosas. El problema es que bajo el paradigma actual—»Trabaja, termina, publica [en un diario reconocido]»— no contribuye a hacer amigable al conocimiento; es algo totalmente secundario y hasta podría resultar hasta contraproducente.

La apertura científica implica:

  • «Perder» tiempo arreglando el formato
  • «Perder» reputación al publicar en un diario de libre acceso que no te otorga más puntaje dentro de las evaluaciones clásicas, o que incluso podría empeorar tu reputación por publicar en diarios «de menor calidad».
  • Esta pérdida de reputación a su vez tiene efectos en el acceso que un investigador pueda tener a laboratorios y herramientas que se encuentran dentro de instituciones que buscan precisamente personal prestigioso. Sin buenos laboratorios, el científico no puede ahondar más en su material; finalmente,

Estos factores generan un impacto en los ingresos del investigador y también de las universidades que los financian. ¿Qué haría que los investigadores incluyan estos «costos» dentro de sus proceso de investigación y publicación? O en otras palabras ¿cómo evitamos la externalidad de la exclusión de una gran cantidad de la población al conocimiento científico?

La puesta en práctica de un nuevo paradigma—»Trabaja, termina, publica, libera»—debe ser institucionalizada. La inclusión de datos y metadatos en la web debe ser un requerimiento por parte de los rectores de ciencia e investigación.[1]

Es mala idea aplicar los mismos parámetros para quien escribe un cuento y quien investiga el cáncer. Es necesario incluir políticas que aseguren transparencia en el desarrollo de las investigaciones científicas, así como una nueva metodología de publicación, al menos para aquellas investigaciones que reciben fondos públicos, sino para todas aquellas que se encuentran dentro del sistema de investigación.

Adicional a esto, hay que enfrentar el problema de que el conocimiento es secuencial, y que muchas de las antiguas publicaciones cerradas son la base para nuevos artículos, parece ser necesario entonces que en estos repositorios abiertos que menciona Creative Commons, se sepa distinguir entre estas dos categorías: verificable [por cualquiera] y no verificable. Esto con el objetivo de advertir, pero también de demostrar lo perjudicial que pueden ser los sistemas cerrados de publicación y su fomento mediante una alta calificación a los mismos.

Los investigadores pueden y deben exigir reformas a los sistemas de evaluación en universidades y otras instituciones para salir del Lock-in que representa el modelo actual de gestión del conocimiento científico y el público en general debe ser concientizado sobre esta problemática. Esto es clave para conseguir el apoyo a reformas políticas que actualmente podrían parecer «sui generis» o «noveleras».

La formación de una revista científica robusta que funcione a manera de repositorio abierto para las publicaciones del Sur (y aquellos que desde el Norte quieran unirse a la iniciativa) debe ser puesta en marcha, los estándares y calidad deben ser iguales o mejores que aquellas de las revistas científicas clásicas. La revisión de pares debe y permanecerá hasta que otros métodos sean igual de confiables o mejores.

Notas:

[1] Esto no puede hacerlo sólo un país. Si un gran porcentaje de la producción científica se encuentra ubicada en el hemisferio sur, sobretodo en Asia, es factible que una cooperación Sur-Sur determina un cambio en la forma en que hacemos investigación y divulgación científica.

El término original bajo el cual se puede encontrar muchísima información en inglés es «Open Science», ciencia abierta. He preferido no usar ese término porque denota una subdivisión de la ciencia (abierta y cerrada); eso no existe, sino que los protocolos y comportamientos científicos se han alejado del buen uso que le debemos dar al método científico. Lo que necesitamos no es una «ciencia abierta», es más apertura científica.

El núcleo conceptual del artículo gracias a Dan Gezelter y su artículo «What, exactly, is open science», http://www.openscience.org/blog/?p=269

La versión original de este artículo ha sido editada y archivada.

¿Por qué toda la investigación farmacéutica debe ser de libre acceso?

Artículo original por Cory Doctorow 

‘La antiquísima costumbre de la industria de suprimir evidencia científica motivó a Goldacre a declarar que nada de lo que sabemos acerca de la medicina moderna se debe asumir como correcto’. Fotografía: Doug Steley C/Alamy

Hace poco almorcé con el más acérrimo defensor del acceso abierto que jamás haya conocido (no lo voy a nombrar, porque sería descortés atribuirle comentarios casuales sin su permiso). Estábamos hablando de los planes para demandar la publicación libre y abierta de la investigación científica financiada con fondos públicos. En Estados Unidos, existe la Ley Federal de Investigación Pública y en el Reino Unido, el gobierno de coalición anunció que la investigación financiada con fondos públicos deberá estar disponible sin costo alguno, bajo una licencia Creative Commons que permita réplicas ilimitadas.

Habíamos estado hablando de un excelente nuevo libro de Ben Goldacre, Bad Pharma, en el que Goldacre documenta el problema de los «datos perdidos» en la investigación farmacéutica (él dice que cerca de la mitad de los ensayos clínicos realizados por la industria farmacéutica nunca se publican). Los ensayos no publicados, por supuesto, muestran resultados desfavorables para los nuevos productos de las compañías farmacéuticas – son ensayos que sugieren que los medicamentos no funcionan muy bien, o no funcionan en absoluto, o son activamente perjudiciales.

La antiquísima costumbre de la industria (y de algunos investigadores independientes) de suprimir evidencia científica motivó a Goldacre a declarar que nada de lo que sabemos acerca de la medicina moderna se debe asumir como correcto, y argumenta que es urgente forzar la liberación de toda esa “materia oscura farmacéutica” para que los científicos puedan recalcular y trabajar con lo que realmente funciona.

Se lo comenté a mi comensal, terminando con: «Y es por eso que toda la investigación farmacéutica debe ser de libre acceso».

«Toda la investigación farmacéutica financiada con fondos públicos», dijo, como corrigiendo un error de aritmética elemental. «Si el público paga por ello, deberían verlo, pero si las compañías farmacéuticas quieren pagar por su propia investigación, pues…».

Sabía por dónde iba el asunto. Uno de los argumentos más fuertes para el acceso público a las publicaciónes académicas y científicas es el argumento de «deuda pública»: si es el público quien paga para hacer la investigación, la investigación debería pertenecer al público. Ese es un buen argumento, pero no es toda la historia. Por un lado, es vulnerable al contraargumento de la «colaboración público-privada», que va más o menos así: «Ah, sí, pero ¿por qué no asegurar que el público obtenga un dividendo máximo de su enorme inversión cobrando por el acceso a la investigación financiada con fondos públicos, para devolver el beneficio al sector de la investigación?» Creo que este argumento es una basura, al igual que lo creen la mayoría de los economistas que han estudiado la cuestión.

El bien público del libre acceso, la investigación sin trabas, genera más valor económico para el público que el subidón de azúcar que obtienes al cobrar al público al entrar y salir. Esto ha sido verdad en muchos sectores, aunque el ejemplo canónico es el ingreso público masivo que recibió el Servicio Geológico de Estados Unidos por sus mapas de libre uso, los cuales han generado una fortuna, que hace que los ingresos obtenidos por la Encuesta de Ordenanza sobre los mapas de Reino Unido, se vean como una miseria .

Es por eso que el trabajo de Goldacre es importante para esta discusión. La razón por la que las compañías farmacéuticas deberían estar obligadas a publicar sus resultados no es que hayan recibido una subvención pública para la investigación. Más bien, se debe a que están pidiendo una certificación gubernamental diciendo que sus productos son aptos para el consumo, y que están pidiendo al espacio regulador que permita a los médicos recetar estos productos. Necesitamos revelar su investigación – aunque ello socave sus ganancias – porque sin esa investigación, no podemos saber si sus productos son aptos para su uso.

Este argumento es similar al usado cuando se habla de software libre/código abierto en aplicaciones industriales y de salud, tales como el sistema OpenEyes desarrollado por Moorfields Eye Hospital y otras instituciones de todo el mundo, tras el colapso del proyecto de historia clínica electrónica del NHS. Ellos no optaron por un sistema abierto en lugar de un sistema propietario por razones ideológicas, sino por razones eminentemente prácticas. Ningun hospital confiable permitiría jamás que una empresa de ingenieros construya una nueva ala de un hospital con medios propios secretos para calcular sus cargas-tensiones. No aceptarían una nueva ala en donde los planos de la obra fueran un secreto, donde la ubicación de los conductos y los troncales fuera conocida sólo por el contratista.

Es cierto que las empresas de ingeniería y arquitectura podrían ganar más si sus métodos hubieran sido propietarios, pero exigimos transparencia, porque tenemos que ser capaces de mantener los hospitales, independientemente de la suerte de cualquier empresa de ingeniería, y porque tenemos la certeza de poder volver a verificar los cálculos de carga por nuestra propia cuenta. Los sistemas informáticos utilizados para administrar a los pacientes en el hospital son tan vitales como la ubicación de los cables de Ethernet en las paredes, y así Moorfields espera que sean tan abiertos como los planes arquitectónicos para sus edificios.

Y es por eso que las grandes farmacéuticas necesita mostrar su trabajo, porque independientemente de sus resultados, no se deben permitir sus productos en el mercado sin tal demostración. Es importante que lo financiado con fondos públicos quede en manos del público, pero ahí es donde comienza la historia del libre acceso, no donde termina.