Insomnio

Son las 2:44 am. He perdido la cuenta de las veces que he vuelto a despertar. La chaqueta —acá le dicen “juti”— está empapada en un sudor que mi memoria no se explica. Hace años, me pasaba algo similar y llevé a mi casa a Samy, una gatita que, además de darme compañía, reducía el estrés. 

Mi gata se perdió hace cinco meses y yo me mudé hace tres. En la residencia no permiten animales que no estén en bipedestación. Toda la jodida noche, el vapor sopla por las tuberías y no deja la paz. Los músculos de la espalda están tensos al punto de doblegar la postura a una incómoda posición pseudo fetal. La cabeza late fuerte cada vez que despierto.

Son las 2:50 am y en pocas horas va a amanecer en mi país. Quizá de allá me escriba alguien. Ojalá y saberlos despiertos me ayude a dormir. 

CONCURSO: Gánese un juicio con el Chato Castillo!

El día de hoy, según informa diario La Hora, la Corte de Justicia de Loja impuso la pena de 30 días de prisión a la concejala lojana Jeannine Cruz Vaca por publicar un tuit. Eso quiere decir que en Ecuador ahora uno está a dos clics de irse preso.

La demanda la interpuso el alcalde de Loja, Bolívar “Chato” Castillo, a quien tuve el agrado de conocer. Me parece muy triste que la gente no tenga libertad de publicar lo que sienta y piense (aunque se equivoque) en las redes sociales, y peor que le metan preso por algo que, hasta la fecha, no alcanzaba ni los quince retuits. Sería interesante que miles de personas envíen el mismo tuit para proteger la libertad de expresarse en la red, hagan clic en la imagen o en el enlace de arriba para participar.

Mientras más gente participe más divertido será.

 

ACTUALIZACIÓN: LO QUE DICEN LOS ABOGADOS

A favor de la detención:

La concejala Jeanine Cruz ha dicho que “Alcalde José Bolívar Castillo lo q pedimos l@s Lojan@s es q deje de mentir y de robar”, sólo el texto ya contiene una afirmación de que el alcalde miente y roba. Aunque aún no se conoce el juicio —que estará disponible a través de la página web de la Función Judicial— se entiende que en el proceso judicial, Cruz tuvo la oportunidad de demostrar que el alcalde miente y roba. Y que no lo hizo.

El tipo penal sobre la calumnia dice lo siguiente:

Art. 182.- Calumnia.- La persona que, por cualquier medio, realice una falsa imputación de un delito en contra de otra, será sancionada con pena privativa de libertad de seis meses a dos años.
No constituyen calumnia los pronunciamientos vertidos ante autoridades, jueces y tribunales, cuando las imputaciones se hubieren hecho en razón de la defensa de la causa.
No será responsable de calumnias quien probare la veracidad de las imputaciones. Sin embargo, en ningún caso se admitirá prueba sobre la imputación de un delito que hubiere sido objeto de una sentencia ratificatoria de la inocencia del procesado, de sobreseimiento o archivo.
No habrá lugar a responsabilidad penal si el autor de calumnias, se retractare voluntariamente antes de proferirse sentencia ejecutoriada, siempre que la publicación de la retractación se haga a costa del responsable, se cumpla en el mismo medio y con las mismas características en que se difundió la imputación. La retractación no constituye una forma de aceptación de culpabilidad.

El hecho de que la señora haya afirmado que el señor miente y que el señor roba mediante una red social (o mediante un megáfono en la plaza pública o mediante grafiti o panfleto) es meramente circunstancial.

En contra de la detención:

Cuando se hace una denuncia, como es el caso de Cruz, no puedes ser procesado por injurias. En derecho penal, este tipo requiere de lo que se conoce como “animus injuriandis” es decir, el querer menoscabar la honra con un insulto. Si es una concejal quien dice esto al Alcalde, es una denuncia sobre su gestión como Alcalde, no se perfecciona el tipo penal. No existe ánimus injuriandis. Lo que debería suceder en esta ocasión es que Contraloría pida explicaciones al alcalde sobre los temas denunciados.

Adicionalmente “no se puede usar el derecho penal para apresar a quien te cuestiona, ofende, o insulta si tú estás en un cargo público”. En la región se ha despenalizado el delito de opinión en los casos de funcionarios públicos.

[Seguiré actualizando mientras recabe más información]

Identidad

Mi familia es mi homeostasis, la razón por la que puedo soportar los golpes de la vida. Ellos me permiten sanar después del abuso social al que me expongo por querer cambiar las cosas como son. En septiembre de 2015, con los fondos de una beca me mudé a Canadá para estudiar cualquier cosa que me permitiera salir de mi país. Con eso vino el abandono social.

Aunque es deprimente y doloroso, es bueno tocar fondo. Allí, los pros de mis posibles utopías palidecen a lado de no tener una mano que tocar. Más grave aún, mis sueños ahora me parecen impresentables por carecer de una característica vital: la apropiación colectiva. ¿Estoy esforzándome por un ideal al que nadie adhiere o por un futuro por el que todos los seres humanos están dispuestos a realizar sacrificios? La primera opción parece más procedente.

¿Qué va a suceder cuando sea viejo, cuando ya no me acompañen mis padres? No lo sabía, pero definitivamente quiero tener una familia, aunque sea de amigos. Personas en las que me puedan abandonar, tras un desahucio, tras una herida que no sana. A esa familia, o a la que viene con la progenie, se le dedica tiempo y esfuerzo. Así se gastan juventud y ahorros, así uno se vuelve parte.

Tal vez era su apoyo, y no sólo mi convicción, lo que permitía el avance de mis sueños. Aún pensando diferente, son incondicionales. A ellos me les debo, como el feligrés se debe a dios, por hacer posible la vida. Porque son mi identidad.

Cierro los ojos:

“No hay lugar como el hogar, no hay lugar como el hogar, no hay lugar como el hogar”.


Dudé un poco antes de publicar el texto, pero creo que esta aclaración bastará. Sí, esto es lo que siento y no creo que esconderlo sea saludable, pero tampoco es un caso de grave depresión, es algo temporal pero que expresa perfectamente un momento en el tiempo que marca mi identidad. Y quiero que esté aquí, como testimonio, como recordatorio, como cicatriz (que sana).

Ponerse de pie

Hoy leí mi primera publicación en inglés después de haber llegado a Vancouver y me reí un poco de mí mismo. La persona que escribió eso estaba emocionalmente afectada, eso es claro. Mi estadía acá ha sido sobre todo catarsis. Mi último año en Ecuador fue, para usar las mismas palabras que Rafael, “intenso” y eso a veces conlleva guardarse las cosas adentro para poder seguir luchando.

A menudo me quejaba de sentirme solo, incluso con personas a mi lado pero una cosa es hacerse el profundo y otra diferente es regresar a ver a las paredes del cuarto y saber que detrás no hay nadie que esté pendiente de ti. Mis dos últimas relaciones amorosas han sido estables, no he estado soltero en siete años y nunca, desde que nací, me he despegado de mi familia. Quizá yo pase por lobo solitario frente a las personas que me quieren y se preocupan por mí pero su presencia siempre alivianó mi carga, tal vez no les decía lo que pensaba, pero está claro que uno no procesa las cosas del todo cuando tiene un hombre al cual poderse arrimar.

https://twitter.com/AndresDelgadoEC/status/663252258264629249

Creo que lloré hasta por mi primera ex, en serio. Lloré por miedo a regresar a casa y por las amistades que perdí antes de venir aquí. Es fácil dejar correr las lágrimas cuando nadie te ve y estás en un ambiente seguro donde nada te puede lastimar. Así se siente esta ciudad, y es por eso que mi primer texto me causa tanta risa. Se me lee tan asustado y necesitado, me pregunto cuántas primeras impresiones erróneas causé. No fue sino hasta inicios de mi tercer mes que me sentí completo y mi personalidad volvió, aunque ahora hablaba inglés. Aparentemente es un caso atípico porque uno cambia de personalidad según el idioma que le toque hablar.

https://twitter.com/AndresDelgadoEC/status/663252464519520257

Lo que estorba hace falta. Ando extrañando las fiestas de Quito, yo que siempre me quejaba de esa época de venas dilatadas. Busco en internet las canciones más nuestras que uno puede imaginar, mi espíritu ha sido poseído por un conductor de bus de la frecuencia Quito – Latacunga. Cambié de hábitos, ahora he afinado el oído para encontrar en el radar alguien que hable español, totalmente opuesto a lo que me pasaba en la plaza Foch. Es como dicen, uno va cargando en la maleta el país de uno, pero sin poder desempacar.

Me hace falta sobre todo la gente, los núcleos sociales nuestros son más grandes y menos correctos, en otras palabras: sin bullying no hay amistad. Acá la cortesía rebasa lo prudente y se convierte en una capa extra de hielo que ¿hay que romper? Los círculos sociales tienen nexos más laxos y todo el mundo es tu amigo, pero no es pana. En Ecuador, hasta la policía te vacila.

Como la mayoría, atravesé unas cuantas crisis nerviosas cerca de mis veinte. Tenía miedo de morir y eso me quitaba el sueño (literalmente). La ansiedad es un círculo, más que vicioso, perverso. Cuando las manos te sudan y el corazón se acelera, es difícil pensar que tus temores no son reales, terminé en un cuarto de emergencias con una presión arterial sistólica de 180 (o sea alta) y un doctor mirándome con desdén tras haberme recetado un calmante. Creo que me vi como un futuro paciente psiquiátrico y no me gustó, así que decidí terminar con eso. Una noche decidí aceptar mi muerte, fue la única manera que encontré de poder vivir en paz. A diferencia de lo que le pasa a varias personas ni se me cruzó por la cabeza la idae de matarme, para mí aceptar la muerte era que todo dejaba de importar. Esa vacuidad fue mi amiga. Los vacíos permiten sacar el sabor a la vida —sino pregúntenle a mi papá cuando lucha con el tuétano— y ha sido lindo volverme a encontrar, pero la vida es un latido constante entre ser y compartir. Y mi corazón empieza a expandirse lentamente otra vez.

 

Ronald Deibert y Joseph Stiglitz

El ventilador de la computadora (que me ha valido un par de reclamos en conversaciones de voz sobre IP) acompaña al ruido del agua al caer. Ya cesó la lluvia, pero habemus sonitus porque inercia. Uno de los canales está generando la caída continua de gotas, parece un corazón acelerado, con una frecuencia intermedia entre el pulso adulto y el pulso fetal. Por allá se oye otro tiempo, es irregular. El agua se desliza por los ramajes de los árboles y producen un ritmo similar al de la madera que se quiebra bajo el fuego.

Ronald Deibert y Joseph Stiglitz se sientan uno a cada lado, ambos vestidos de negro pero con variaciones minúsculas del tono naranja en su traje, ¿será que eso vende? No se hablan, su mirada va en direcciones distintas. A Joe, como le dicen sus amigos, todo el mundo lo conoce. Ganó el premio Nobel de Economía, predijo dos crisis mundiales, lo invitan a todas las zonas horarias por igual. Se puede dar el lujo de olvidarse de la industria editorial y publicar su nuevo libro en Internet porque “la propiedad intelectual es parte del problema”. Quizá quiero hablarle de eso, quizá eso llame la atención de Deibert.

Ronald es muchas cosas pero es una la que importa, él dirige una agencia de inteligencia. Seguramente está en la lista de objetivos principales de tantas otras, pero la de Deibert es diferente, él trabaja para la gente. Citizen Lab, en la Universidad de Toronto, es un centro de investigación interdisciplinario que estudia la intersección de el Internet, la seguridad global y los derechos humanos. Es un sistema de alerta temprana para los ciudadanos y un dolor de cabeza para las organizaciones que atentan contra la libre expresión, la libertad individual, el derecho a la confidencialidad; sin importar si se trate de grupos ilegales o instituciones gubernamentales. También se ganó un premio.

Stiglitz habla de economía. “Estoy feliz de haber podido realizar los cambios que hice cuando fui parte del sistema”, hay un sistema y se debe cambiar. Trabajó formalmente como asesor del presidente Clinton y del banco mundial. Todo el mundo le consulta de forma informal. A Ronald, los correos le llegan cifrados. La gente usa su llave PGP para enviarle correos con la esperanza de que muy poca gente —ojalá sólo él— lo pueda leer.

Ven historias antes que sucedan, las vuelven a narrar porque resultaron ser. Porque todo el mundo sabe que los verdaderos profetas no se autoproclaman como tales, sino que se los descubre por el trabajo que ellos, y no nosotros, pueden entender. Pero sin mí ellos no pueden entenderse, sin mí están a una distancia que es muy difícil de guardar, su dimensión social es muy distinta y, sin embargo, Ronald Deibert y Joseph Stiglitz se sientan uno a cada lado, ambos vestidos de negro pero con variaciones minúsculas del tono naranja en su traje. Espero, por el bien de todos, ser un buen anfitrión.

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