El gusto de trabajar

Esta es una lista no exhaustiva de cosas que he disfrutado en algunos de mis trabajos. Una plaza es más que el cargo que te dan. Son las personas que conoces, las experiencias que atesoras y las destrezas que te enseñan.

Asistente de investigación UTE-HPAS

Este proyecto de investigación fue financiado por mi universidad. Mi profesor de microbiología me escogió para trabajar como ayudante en el laboratorio de microbiología del Hospital Pablo Arturo Suárez. Disfruté mucho hacer cultivos celulares, tener que usar mandil, aprender a elaborar los caldos de cultivo y, en general, todo el trabajo práctico. Tenía otros dos compañeros practicantes con quienes hice buena amistad. Durante las vacaciones, mi práctica semanal se hizo diaria y el trabajo un poco más intenso. Me familiaricé con el sistema del hospital y estaba orgulloso de lo rápido que ingresaba datos ahí. Esto es algo que usualmente se ha repetido en mis otros trabajos. Este trabajo pagó mi pasaje a Nuevo México.

Intercambio en la Universidad de Nuevo México

Dos cosas:

  1. El curso de supervivencia en el desierto: Ante la mirada incrédula de los locales, comí una hormiga sin chistar. Aprendí a hacer fuego, a obtener agua, a usar la tierra a mi favor y a protegerme del viento. Aang hubiera estado orgulloso.
  2. El sistema informático del hospital de la UNM: Estúpidos y sexys programas informáticos. Fue la primera vez que vi un sistema integrado de información y atención al paciente. UNM aplicaba la historia clínica electrónica en tiempos de Nokia; los exámenes radiológicos y de laboratorio se agregaban automáticamente al registro y las instrucciones a la estación de enfermería también se escribían ahí. En el alta, se proveía una hoja informativa al paciente con base en los diagnósticos al alta (eso por nombrar algunos ejemplos destacados). La otra maravilla fue poder acceder a UpToDate, evidencia a la carta.

Coordinación del MZ

Aunque es un capítulo cerrado en mi vida, esta posición pro-bono me permitió trabajar por primera vez en equipos internacionales y en comunidades. Administrar grupos de voluntarios es extremadamente difícil y uno debe aprender a mantener el equilibrio entre brindar motivación y exigir resultados.

Lo que más me gustó fue empezar desde abajo e ir escalando hasta posiciones de más alcance. Aprendí de todo: montar un sitio web; subtitulado y traducción; edición de videos; manejo de joomla, wordpress y drupal; organización de eventos; hacer de community manager en páginas con miles de «me gusta» y la coordinación de equipos. También me tocó aprender a hablar en inglés luego de «saber, en teoría».

Gemas que me llevo: haber llenado un par de veces el cafelibro, hacerme pana de los músicos de descomunal, conocer gente de todo el país, mantener un programa semanal de radio, distribuir una película en cines de cuatro ciudades, salir del utopismo tecnológico y nuestro evento en el CAC.

Externado & Internado

  • Los turnos de la emergencia. Me encantaba suturar y coser.
  • Mi primera cirugía; asistiendo a la colocación de una malla en una hernia inguinal.
  • Las personas e historias que uno conoce y hace en el hospital. Gente con quien uno termina llevándose toda la vida porque compartes días y noches; las conversaciones en los estacionamientos; los cafecitos de la una de la madrugada. Es un hermoso lugar para hacer más que amigos.
  • Ver un pulmón sin que te estorben las costillas.
  • Tocar un cerebro.
  • Mi Carlita, que en paz descanse.

Pre-rural en Zumbahua

Visitar los hogares indígenas, caminar por tierras indígenas, vivir la cultura indígena. Lo hermoso de la medicina comunitaria fue visitar chozas que la gente ve en museos (aunque mal reproducidas). Comer la cebada, aceptar con vergüenza un huevo (porque es algo muy valioso para ellos), comprar las colaciones más caras en las escuelitas de la zona. Caminar por dos horas para visitar a los niños pacientes. Y que una niñita te tenga pena porque sólo tienes un animal. Envidiar su patio trasero.

Medicatura rural en Nayón

Fue demasiado corta como para cogerle gusto pero lo bonito, creo yo, fue el lugar de trabajo. Estar en poblado tranquilo con un hermoso parque central.

Traductor

He traducido muchas, muchísimas cosas  (incluso un libro) y, en algún punto, también alguien decidió pagarme por eso. Pero creo que lo que más me encanta de ese trabajo es descubrir usos ocultos de las palabras y las sutilezas de los distintos idiomas que me han tocado (italiano, inglés y español). Traducir también es aprender lo mal que uno lee la primera vez y tener la oportunidad de aprender de todo. Es un bello, bellísimo oficio.

Coordinacion de FLOK

Este fue mi tercer cisma profesional luego de (1) escoger el bachillerato en ciencias sociales (era bueno para matemática y física); y (2) escoger medicina siendo bachiller en ciencias sociales.

FLOK, un proyecto para generar política pública desde la academia, me sacó de mi zona de confort al introducirme en investigación cualitativa y participativa. Creo que mi parte favorita fue relacionarme directamente con actores del gobierno nacional (de ministros para abajo) y conspirar para bien. Sería ingenuo decir que lo que ahí se hizo estableció algo de la política nacional, pero lo que sí es cierto es que introdujo ideas e inició conversaciones en el sector público sobre temas de propiedad intelectual.

Disfruté enormemente trabajar en un equipo con investigadores extranjeros y entablar diálogos en otro idioma. Creo que hubo un aprendizaje mutuo con el equipo de investigación y, de hecho, haberlos conocido motivó a que yo aplique a un posgrado en el extranjero.

Otra cosa que sucedió en FLOK fue la integración del proyecto con gente del mundo hacker. Conocí en persona a dos de los cuatro autores de «Cypherpunks» y fui intérprete de un tercero en videoconferencia. Gracias a estas circunstancias, mi vida dio un giro cuando me vi envuelto en una protesta contra el código orgánico penal y terminé hablando en un cuarto lleno de asambleístas. En poco tiempo me convertí en un rostro visible del conocimiento y software «libre» pero eso ya es otra historia.

SENESCYT

Mi último aporte en FLOK fue mi primera tarea en SENESCYT: una wiki que permita la construcción participativa de la ley. Enseñar a la gente (desde el ministro hasta estudiantes) a usar mediawiki se sintió como un verdadero logro.

Al contrario de lo que la mayoría podría pensar, la subsecretaría de investigación me dio bastante independencia para apoyar iniciativas de la sociedad civil (evidentemente alineadas a los objetivos de la política pública). Así, pude escribir el primer whitepaper sobre la gobernanza de internet en Ecuador y organizar el congreso de dominio público y bibliotecología.

Fue bonito aprender cómo opera el poder desde adentro (aunque no siempre estuviera de acuerdo con lo que terminaba sucediendo). Conocí gente capaz, comprometida y personas que, hasta el día de hoy, admiro un montón. En ese ministerio, muchos puestos de liderazgo estaban en manos de mujeres y las jefas que me tocaron eran muy buenas en lo que hacían.

Asistente de investigación en el Instituto Liu:

Cuando empecé a trabajar en Liu, en UBC, la situación era la siguiente: Mis jefes habían ganado un grant para «promover el diálogo sobre temas de política global» pero no habían desarrollado una propuesta de investigación concreta. A pesar de que este es el peor lugar para empezar algo, también es lo contrario. Me encantó tener que sustentar más de una propuesta concreta de trabajo que funcionara tanto desde el punto de vista académico como periodístico. Aunque mi primera opción fue descartada—trabajar sobre los vacíos legales de los sistemas de inteligencia a escala global—, vi como otra de mis propuestas tomó forma y se convirtió en una serie de artículos web.

Otra ventaja de este trabajo es que era una posición remota que me permitía ir a mi ritmo. Finalmente, el contacto con expertos de alto perfil de campos muy opuestos me cautivó bastante. Entrevistamos a especialistas en seguridad digital y al mismísimo Phineas Fisher. Finalmente, mi jefe me pidió que boceteara algunas ideas para ilustrar los artículos. No tomaron en cuenta ninguna pero fue la primera vez que me pagaron para dibujar.

Consultor de Freedom House

La primera gran sorpresa es que me hagan una oferta de trabajo sin haber tenido que buscarla. Nunca resolví el misterio sobre cómo dieron conmigo pero me dejó la satisfacción de que el trabajo bien hecho puede ser reconocido aún sin que uno sepa cómo. Me gustó aprender sobre la metodología que se usa en el reporte sobre libertad de la red, y cómo este permite hacer investigación comparada a nivel internacional. El trabajar con una editora también es un plus. Uno aprende a escribir el día en que un editor re-escribe contigo. Y, aunque ya había tenido esa experiencia con mis artículos de GK.city, aprendí más trabajando mis textos en otra lengua.

Docente-investigador en la UTE

Bienvenidos al cuarto cisma de mi vida, cuando volví a trabajar en la facultad de ciencias de la salud luego de obtener una maestría en política pública y relaciones internacionales. Esto sucedió porque tuve una oferta directa de mi antiguo decano (ahora rector) de trabajar en la universidad. Sin embargo, fue una sorpresa que quisiera emplearme en el lugar donde me había graduado.

Reintegrarme a la facultad fue difícil pero encontré un escape a ese proceso trabajando en mejorar el sistema de investigación universitario. Lideré el proceso de migración de 3 de las 4 revistas científicas de la institución a OJS (el estándar internacional) y, junto con la directora editorial, conseguimos que la universidad empiece a utilizar CrossRef en todas las revistas. Con el apoyo de la biblioteca, subimos todos y cada uno de los números antiguos al nuevo sistema y publicamos un nuevo número 100% en una plataforma digital.

Otra cosa que me gustó fue integrar a la Universidad al consorcio REDCap, esto como resultado de una capacitación en línea sobre manejo de datos clínicos de investigación. Gracias a este curso, me familiaricé con el sistema y el rector apoyó la decisión de que sea instalado para todos los investigadores de la Universidad. Lamentablemente, todavía no existe material de entrenamiento en español y la diseminación se complicó por eso. Pero eso me permitió recordar mucho sobre los estándares de datos en investigación y la construcción de encuestas. Además conduje mi primera investigación «masiva» con formularios en línea, logrando más de 400 respuestas.

Por supuesto, di clases. Inaugurarse como profesor es extraño pero ser facilitador lo es más. Juega mucho la motivación de los estudiantes porque si no vienen estudiando, no hay cómo hacer clase. No les voy a mentir, dar clases no estaba en el top 5 de mis actividades favoritas pero disfruto leer lo que mis estudiantes escribían en sus evaluaciones de mi desempeño.

Mucho de mi trabajo en la UTE consistió en la escritura de artículos científicos (y casi todos en inglés). Debido a esto, seguí un curso en línea de Stanford sobre escritura de manuscritos. No saben cómo disfruté eso y qué necesario es para escribir en cualquier idioma. Realmente se los recomiendo. Escribir, escribir, escribir; de las cosas más bonitas que tocó hacer. Monté un pequeño curso sobre el tema y, aunque solo tuve dos estudiantes, creo que me fue bien en el tema. El próximo mes se publicarán, al menos, dos cosas que escribí.

Otras

Es difícil reportar sobre otras cosas que he hecho fuera de una posición específica. He realizado un fuerte trabajo de incidencia política («advocacy», en inglés) y esto me ha permitido escribir en medios nacionales e internacionales, reunirme nuevamente con asambleístas, viajar a otras partes del mundo y colaborar en publicaciones de organizaciones de sociedad civil. A veces con mi nombre, a veces anonimamente. Mi penúltimo mensaje va de la mano con esto: si algo les despierta su interés cívico, háganlo, aunque no pague en divisas. Hace poco casi me gano una beca a un simposio por ser buen tuitero, uno nunca sabe qué tipo de reconocimiento recibirá por hacer trabajo voluntario significativo.

El mensaje final: los cismas no acaban con tu carrera sino que diversifican tus oportunidades. Si sientes que tu vida profesional se parte en dos, tal vez estás haciendo mitosis laboral. Sólo asegúrate de ser un profesional completo en ambos campos.

Pregunté a mis estudiantes qué aplicaciones usan en clase, aquí sus respuestas

El antecedente

La semana pasada compartí un artículo donde Clay Shirky explica por qué es mala idea dejar que los estudiantes usen sus celulares en clase. Él se enfoca en ordenadores portátiles (puesto que eso respondía a la necesidad de la época). Sin embargo, esto también aplica mucho al uso de aplicaciones durante las clases. En resumen:

  • La clase requieren de la atención de los estudiantes para ser efectivas; y
  • Las empresas de tecnología requieren de la atención de sus usuarios para financiarse.

Es imposible, dice Shirky, competir con empresas multimillonarias (con cientos de empleados especializados en llamar la atención de las personas) cuando uno se encuentra manejando la clase.

La encuesta

Motivado por este argumento, se me ocurrió realizar una encuesta a mis estudiantes (72 de 74 completaron la encuesta). La clase se da durante el primer semestre de la carrera de Odontología de la UTE a jóvenes que en su mayoría (75%) no superan los 20 años.

Acceso a dispostivos inteligentes y velocidad de conexión

La mayoría de estudiantes usa un dispositivo inteligente y tiene acceso a internet:

Porcentaje de estudiantes que poseen un dispositivo móvil (tableta o celular) con acceso a internet [Azul]

Porcentaje de estudiantes que poseen un dispositivo móvil (tableta o celular) con acceso a internet [Azul]

A estos 59 estudiantes con acceso a un teléfono inteligente, les hice algunas preguntas extra sobre el acceso a tecnología:

  • Más o menos la mitad de estudiantes usa plan pospago (55.2%); pero
  • Solo 18 estudiantes pagan por tener acceso a internet desde su celular (25% del total). Al resto les pagan la cuenta los papás.
  • La velocidad de su conexión de datos tiene una mediana de 3.50 Mbps, que va desde 0.175 hasta 43.6 Mpbs, medido en testmy.net (descarga).
  • En contraste, la velocidad del internet en casa tiene una mediana de 6.55 Mbps (0.44-24.1 Mbps)
Velocidad de conexión móvil (Mbps)

Velocidad de conexión móvil (Mbps)

Uso de aplicaciones en el aula

Aquí es donde la cosa se pone interesante. A quienes tienen un celular o tableta con conexión a internet, les pregunté sobre su uso de aplicaciones dentro del aula de clase y aquí el porcentaje de confesos:

Aplicación Uso en clase (%)
Whatsapp 66,1%
Aplicación de correo electrónico 27,1%
Facebook 27,1%
Instagram 27,1%
Messenger 18,6%
YouTube 11,9%
Snapchat 6,8%
Spotify 3,4%
Juegos 3,4%
Twitter 1,7%
Tumblr 1,7%

Uso de aplicaciones en el aula

En total, 77% de los estudiantes admiten usar al menos una de estas aplicaciones durante las clases. Si a esto sumamos que el uso de dispositivos distrae no sólo a quien los posee, sino también a los compañeros de a lado, las probabilidades de que toda la clase haya sido distraída por un dispositivo móvil es muy alta.

Percepción del acceso a la información en inglés

Finalmente, les pregunté acerca de su dominio de inglés puesto que quería evidenciar que no por poder abrir una página se tiene necesariamente acceso a la información.

"Facilidad

Facilidad para ver videos en inglés

Facilidad para ver videos en inglés 
[Izquierda: Muy difícil; Derecha: Muy fácil]

¿Cómo se deben interpretar estos resultados?

Con extrema cautela puesto que la encuesta se la ha realizado a un número muy pequeño de personas y existen potenciales errores debido a que fue un ejercicio bastante improvisado. Las preguntas pudieron ocasionar confusión en los encuestados (estoy seguro que el porcentaje de personas con un teléfono inteligente con acceso a internet es mayor).

Pero es evidente que la mayoría de gente en estas épocas usa el celular durante actividades que antes no eran interrumpidas por computadoras: conferencias, clases, talleres, reuniones, entre otras; y que esta interacción repercute en el nivel de enfoque. Muchos de mis estudiantes incluso admiten «ser adictos» al celular. Casi todos reconocen que, aún cuando el docente ha indicado el uso de celulares para tareas de la clase, terminan siendo distraídos por otras cosas en su pantalla al momento de empezar la actividad.

He  optado por pedir en mi clase no sólo que no se usen los celulares sino que no estén a la vista. Los celulares son, definitivamente, un distractor y deben ser tratados como tal. Esto también es bueno porque se necesitan ciertos descansos durante la clase y pedir a los estudiantes a buscar cosas en sus teléfonos pueden transformarse en un pequeño espacio de esparcimiento de unos 3 ó 5 minutos.

Hacer

Oscar Wilde dijo que si sabes lo que quieres ser, entonces inevitablemente te transformarás en ello—ese es tu castigo. Pero si nunca lo averiguas, entonces puedes ser cualquier cosa; hay cierta verdad en ello.

No somos sustantivos, somos verbos. No soy una cosa—un actor, un escritor—soy una persona que hace cosas—escribo, actúo—y nunca sé lo que voy a hacer después. Pienso que puedes estar enjaulado si te consideras un sustantivo.

Stephen Fry

Ser académico

Ayer envié un artículo sobre [no les puedo decir por no arruinar el anonimato de la revisión de pares] a una revista científica. Creo que esta es la parte del acto investigativo donde uno produce adrenalina y siente la ansiedad propia del chico que se declara a la pretendida por primera vez. Bien dijo Hitchcock, «there is no terror in the bang only in the anticipation of it.» No hay terror en el disparo, sólo en la espera para que jalen el gatillo.

Inicialmente me había hecho a la idea de que rechacen mi artículo. Primero, porque soy neófito. Segundo, porque mi metodología fue bastante sencilla y la calidad del dato es, por decirlo así, cuestionable. Quizá una mezcla de apuro y la típica falta de información en el país. Pero hoy, HOY, acabo de encontrar un artículo similar en esa revista y, podría decir, que mi artículo es mejor. Así que ahora creo que deberían aceptar mi artículo. Mi vida estaba mejor sin expectativas.

El lado bueno del rechazo, asumiendo que pasa, es que quedo liberado del silencio impositivo de la revisión de pares y quedo libre de divulgar mis resultados en, digamos, este blog. Lo malo es que si hago eso la universidad para la que trabajo pensará que no laboro. Sería genial que me pagaran para escribir cosas interesantes en este blog, pero ese no es el negocio. Si me rechazan, tendría que enviar mi artículo a una revista de menor impacto (de hecho, ya sé a cuál enviaría) y, tal vez, esperar otros tantos meses.

Si aceptan el artículo, por otro lado, me toca esperar al menos hasta diciembre para compartirles los resultados de mi investigación. No es que la información vaya a ser menos relevante en ese mes (bueno, un poco) pero creo que ese ligero retraso es como pedirle a una chica que ha luchado tanto por embarazarse, esperar uno o dos meses para poder dar la buena nueva a su pareja. Osea, no es malo en sí, pero es antinatural. Queda uno despojado de emoción, porque en dos meses, se normaliza el asunto y no hay historia normal que sea entretenida. Uno debería poder llenarse de entusiasmo al comunicar aquello a lo que le has invertido tiempo y entusiasmo.

El blogging, el periodismo, el arte… te dan esa oportunidad, pero la ciencia no. En la ciencia se necesitan revisores, la ciencia se hace, entonces, al menos entre tres. Y con personal tan escaso, las cosas toman tiempo. Y si tu campo no es un hotspot en las universidades, es decir, si los fondos para ese área son pocos, lo más probable es que la revisión demore más. Ay, la universidad.

 

Soledad crónica

Hermeneútica: El arte de analizar un discurso y obtener un significado diferente al que intentaba transmitirse originalmente.

Libre mercado: Sistema de intercambio voluntario donde los recursos maximizan su productividad.
Libre mercado: Ubicar a los empleados más eficientes en las empresas donde producen más
Libre mercado: Despojar a los ciudadanos de primera clase de raíces para que puedan mudarse de ciudad en cuanto se requiera.
Libre mercado: Soledad.

En 2010, fui estudiante de intercambio. La UTE me envió durante dos meses a Albuquerque para que practique en el área de emergencias del Hospital de Nuevo México y asista a unos cuantos seminarios. El piso tenía dos médicos residentes nuevos. Los habían seleccionado de entre cuatrocientos candidatos. Al finalizar uno de mis turnos nocturnos, fui a cambiarme la ropa y encontré a uno de ellos observando una foto en la contratapa del casillero. Su mujer y su hijo. El bebé era muy pequeño aún (tenía menos de dos años) y con ella hablaba una vez al día. Recuerdo haber pensado «que miserable debe ser una vida así». Al regresar a Quito, llevé esa lección como recuerdo para mi familia. Todos compartieron mi compasión. No vale la pena separarse de los seres queridos y respirar nostalgia cada día.

En junio de este año, mi familia me despidió en el Aeropuerto Internacional Sucre. Se habían acabado mis vacaciones de verano. A mis espaldas: «Esta vez [irse] se le hizo más duro». «Sí me di cuenta». Creo que no me importó derramar lágrimas en el despegue. En el avión, todo el mundo está en su propio rollo y si bien pueden sentir compasión por ti, es un sentimiento pasajero en el que no vale la pena invertir mucho porque, después de todo, cada uno tiene un destino distinto. Las universidades internacionales se parecen bastante a los vuelos de avión. La gran mayoría viene de diferentes países y pocos saben dónde quieren establecerse después de la graduación. La amabilidad es necesaria pero desechable.

¿Qué expectativas tenías antes de venir a Green College? Le pregunté hoy a una amiga. Le preocupaba no encajar.  ¿Yo? «Nunca me imaginé que la gente iba a estar ocupada», le dije. Miro al vacío. Pensé que los canadienses me iban a encontrar interesante. En otras palabras, pensé que me iban a querer. Le digo que me tengo que ir. Mi compañero de piso no está y lo que menos tengo es ganas de estar sólo en mi cuarto. Cuando se nos da a escoger entre el dolor físico o el aislamiento, los mamíferos sociales elegimos lo primero. Por eso los desvelos en malas posiciones haciendo swap, scroll y clic. Por eso el tabaco, el alcohol y la amplia gama de psicotrópicos. Por eso las compras compulsivas. Por eso escribir a altas horas de la noche.

El mes pasado tuve una fuerte infección. Luego no pude contener el dolor de espalda, forcé mis músculos y casi me rompo el cuello. De repente, un dolor en la canilla me sugiere una enfermedad crónica. Cualquier pretexto es bueno para sentirse miserable. Como es costumbre, tomo un bus de primer mundo y pago con mi tarjeta subsidiada que me da viajes ilimitados. Me bajo en una de las paradas y camino en calles impecables. Entro a una pizzería que cumple todas las regulaciones. Me dan un excelente servicio y me pido dos rebanadas. Saco el celular y le escribo a mi familia en whatsapp (el último mensaje es de hace dos días), «¿Qué hacen?» Esto, lo uno, lo otro. No sé para qué les pregunté. No quiero sus respuestas, más bien me hace faltan sus abrazos. El teléfono sigue zumbando. Abro Safari y escribo lo que realmente está causando todos mis males: «CHRONIC LONELINESS». Clic.

El segundo resultado es un artículo de Fortune: «La soledad crónica es una epidemia moderna».

Los seres humanos no fueron diseñados para ser criaturas solitarias. Evolucionamos para sobrevivir en tribus; La necesidad de interactuar está profundamente arraigada en nuestro código genético. Tanto es así, dice John Cacioppo, que la ausencia de conexión social desencadena las mismas alarmas primitivas como el hambre, la sed y el dolor físico.

Soledad —dice el científico citado— es cuando lo que esperas de tus relaciones con la gente no es lo que te llega. En dosis cortas está bien, es como el dolor. Una señal para saber qué algo debe hacerse. La cronicidad de estar aislado es distinto. «Si querían aislarte de un grupo, lo más seguro es que lo hicieran hiriéndote o matándote, entonces el cerebro entra en estado de autopreservación». La corteza visual se vuelve más activa y el área responsable de la empatía se inhibe. «Es mejor no hacer amigos y sobrevivir por ahora. Si alguien trata de ser tu amigo, puede que se trate de un traidor».  Como pueden deducir, la soledad no está diseñada para ser crónica. Es una señal de alerta para que otros acudan en tu socorro. Pero en un avión a nadie le importa que te sientas sólo, sin importar qué tan largo sea el vuelo.

La soledad te hace sentir terrible. Es malo para la salud mental: el bienestar disminuye, los síntomas depresivos aumentan, aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos mentales y afectivos. También es malo para la salud física. En un meta-análisis de 3 millones de personas (…) la soledad aumentó las probabilidades de muerte temprana en un 26%.

No estoy enfermo, me siento sólo. Me he sentido sólo por mucho tiempo. Mi cuerpo reacciona como si algo me quisiera matar. Si no está allá afuera (vivo en uno de los países más seguros del mundo), debe venir de adentro. Cualquier dolor es un mal signo, cualquier cansancio es falta de respiración. Las pocas amistades que tengo no pueden ser confiables. Hay un límite que no pueden rebasar. Tengo una pelea rutinaria cada noche para cansarme lo suficiente y poder dormir en relativa paz.

Sé que no soy el único. Cuando tuve ansiedad le pregunté a todo el mundo. Hay ciertas cosas que no merecen reservarse. La mayoría de estudiantes pasa por cosas similares y lo han normalizado. Ellos tienen un objetivo más grande que es construir una carrera pero «cuando tú estás de ida yo ya estoy de regreso». La soledad es necia, dice John Cacioppo, pero de alguna manera hay que salir del hueco.  El truco, dice el experto, es «entender lo que la soledad está haciendo —escribir esto es ese primer paso— y tratar de corregir el comportamiento que fomenta.»

«Trate de ser más agradecido, más positivo, más perspicaz».  Voy al espejo y le sonrío. «El que te mata soy yo».