Mis momentos favoritos de AVATAR: LA LEYENDA DE AANG

La cultura oriental me ha fascinado desde que yo era muy pequeño. Me imagino que tiene algo que ver con que mi papá es un sempiterno fan de Bruce Lee. Cuando se estrenaban sus películas, él hacía fila por horas en los viejos cines de Quito y se quedaba en la sala todo el día para repetir las escenas de artes marciales una y otra vez —esto es impensable para las nuevas generaciones pero hubo un tiempo donde te podías quedar en el cine todo el tiempo que quisieras. Bruce Lee, quien no sólo actuaba en sus películas sino que también ocasionalmente escribía el guión y dirigía las escenas (véase su obra maestra el regreso del dragón), popularizó el cine oriental en Occidente. Y esas películas trajeron algo que acá en la civilización moderna es escaso: misticismo.

Bruce-Lee

Aprender todas las destrezas pero no usarlas. Pelear sólo cuando sea el último recurso. Hay ciertas virtudes que uno inevitablemente iba atando a las túnicas azafrán con que se visten los monjes y a sus cabezas rapadas. El estereotipo fue asentándose aún más en los pliegues de mi cerebro cuando leí las novelas de Lobsang Rampa. A pesar de que las novelas de Cyril Henry Hoskin (el verdadero nombre del autor) han sido reconocidas como un fraude, yo me aproximé a sus libros como un católico se aproxima a la biblia. Las pausadas y alegres descripciones de los paisajes del Tibet y la profunda humanidad de los personajes hicieron que leyera cada uno de los pasajes de estos textos de carácter fantástico autobiográfico con la misma emoción que una bebé descubriendo la relación entre el interruptor y el foco.

Si ustedes le preguntan a un cristiano si realmente cree que hubo una serpiente hablándole a la primera mujer, una gran mayoría les dirá que no. Sin embargo, su fe continuará inquebrantable porque, en el fondo, ellos saben que Dios existe, lo han sentido actuando en sus vidas, incluso cuando no lo pueden definir o explicar. Pues lo mismo me sucedía con el misticismo tibetano, los detalles en el desarrollo de el tercer ojo, por ejemplo, resultan irrelevantes frente a la cosmovisión tibetana que está expresada en esa y otras obras de Rampa. Si alguien quiere explorar estos temas desde una visión menos ahistórica, le recomiendo leer las montañas de Buda del historiador y antropólogo Javier Moro.

Aang, el protagonista de Avatar: the last airbender comparte estos mismos elementos. Es el último miembro de una tribu de nómadas que se crían en templos, creen en la reencarnación, respetan a todas las criaturas vivientes y no usan la violencia, salvo en casos absolutamente necesarios. Incluso enfrentado a difíciles circunstancias, Aang repugna la idea del asesinato. Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, los creadores de la serie, han reconocido que «el budismo y el taoísmo han sido una de nuestras grandes inspiraciones para la concepción sobre el Avatar» (les recomiendo que sigan los blogs de DiMartino y Knoietzko). De hecho, los monjes determinaron que Aang era la reencarnación del Avatar haciéndolo escoger cuatro juguetes entre cientos de réplicas idénticas —un método utilizado, junto con otros signos para determinar la identidad del Dalai Lama en su nueva reencarnación.

En el universo del Avatar existen cuatro naciones, una por cada elemento. Aang es miembro de la nación del Aire, sus compañeros de viaje, Sokka y Katara, son miembros de la tribu agua. Su villano, Zuko, es el príncipe desterrado de la nación del Fuego —que al comenzar la serie han construido un imperio sometiendo a todas las otras naciones— y Toph, otra de las protagonistas es parte del reino Tierra. Así como los miembros de los nómadas Aire contienen elementos del budismo tibetano, cada uno de los elementos tiene características que le hacen propias y, si no has visto la serie, te recomiendo que lo hagas primero. Está disponible en todo Internet en español latino (basta buscar en Google) y también la pueden ver en Netflix. Aquí les dejo el trailer:

(A continuación, voy a describir mis momentos favoritos de la serie así que si no quieren enterarse de la trama, es mejor que dejen de leer en este momento).

Los mejores momentos de la serie

1) Cuando Aang se encuentra sobre el león-tortuga gigante: Antes de enfrentarse al Señor del Fuego, Aang se encuentra confundido porque piensa que matar a su enemigo significa traicionar las enseñanzas de los monjes: toda vida es sagrada y, como tal, debe ser respetada. Durante la noche, termina nadando sonámbulo hasta una isla donde empieza a meditar para hablar con sus vidas pasadas. Aang siente que ninguno de sus predecesores entiende el predicamento en el que se encuentra hasta que habla con otra maestra aire, Avatar Yangchen. «Los monjes me enseñaron que debo separarme del mundo para que mi espíritu sea libre». Yangchen le dice que muchos nómadas aire se han separado del mundo y alcanzado la iluminación espiritual «pero el avatar jamás podrá hacerlo porque su único deber es con el mundo (…) tu deber te obliga a sacrificar tus propias necesidades espirituales y hacer lo que sea necesario para proteger el mundo», le dice.

Este momento es esencial porque simboliza la realidad humana de frente a la espiritualidad. Sin la muerte, nuestra propia existencia es interdepediente del mundo que conocemos, las personas que amamos, y la justicia que estos merecen. Si bien uno puede encontrar felicidad, y sobretodo paz, al apartarse de los apegos —esa es la base de la doctrina budista— ese nirvana es insignificante si el mundo está aún en sufrimiento. No puede haber iluminación individual.

2) Cuando Zuko se enfrenta a su padre: Durante el eclipse solar, una pequeña armada comandada por Aang se dirige a la capital de la nación del fuego para acabar con Ozai. Este, habiendo sido informado, se encuentra en un búnker secreto tomando té cuando es interrumpido por su hijo Zuko. Antes de continuar, hay algo que deben saber. En el pasado, Zuko opinó en el consejo de guerra de su padre en contra de unos generales. Fue retado a duelo y acepto, pero cuando se encontraba en el ring descubrió que no enfrentaría al general, sino a su padre. Ozai marcó a Zuko de por vida —le hizo una cicatriz en el ojo— y lo desterró. Zuko ha buscado el perdón de su padre desde ese entonces y lo consiguió porque Azula, su hermana, le dijo al padre de ambos que Zuko había matado al Avatar.

Tras enterarse de la verdad, que el Avatar estaba vivo, Ozai le ordena a Zuko que lo deje. Y entonces él responde: «eso es la otra cosa que vine a decirte, ya no voy a obedecer tus órdenes (…) Durante mucho tiempo, lo único que quise fue que me ames, que me aceptes. Pensé que lo que quería era mi honor, pero realmente sólo trataba de complacerte. A ti, mi padre, quien me desterró solo por hablar fuera de tiempo. A ti, mi padre, que me retó a un duelo cuando tenía solamente trece años. ¿Cómo puedes justificar un duelo con un niño?» «Era para enseñarte respeto» «¡Fue cruel y estuvo mal!» «Entonces no has aprendido nada» «No, lo aprendí todo».

¿Por qué este diálogo es tan importante? Primero porque representa un giro de ciento ochenta grados respecto al personaje que hasta entonces había sido la antítesis de Aang. Lo más importante, esta evolución del personaje sucede frente al señor del fuego. Ozai es más que el padre de Zuko, es la cabeza visible del imperio que existe en la Tierra, es la representación de la autoridad, el orden, la ley, el «porque las cosas siempre han sido así». Uno puede imaginar a Zuko como la representación del ser humano que quiere cambiar las cosas y fracasa porque la vida le golpea demasiado fuerte, pero que a pesar de esos golpes (o quizá por ellos) ha logrado ver más allá. El mundo no está para ser obedecido, sino para ser subvertido: «Hemos creado una era de miedo en el mundo y si no queremos que el mundo se destruya a sí mismo, necesitamos reemplazarla con una era de paz y amabilidad». Zuko deja a su padre y le dice que se unirá al Avatar y le ayudará a derrotarlo.

3) Cuando Iroh perdona a Zuko: Iroh, el tío de Zuko, ha sido su mentor durante el exilio. Ha sido, en palabras del sobrino, su «verdadero padre». Sin embargo, cuando se le presentó la oportunidad, Zuko lo traicionó para atrapar a Aang y obtener el perdón de Ozai. Iroh fue entonces capturado y encerrado en prisión. Tiempo después, tras haberse enfrentado a su padre y unido al Avatar, Zuko encuentra a su tío y le empieza a pedir perdón. Zuko expresa su arrepentimiento y vergüenza, empieza a derramar lágrimas y a decir «no sé cómo voy a recompensarte por esto —la música de fondo aumenta su intensidad— pero yo…» Iroh lo interrumpe rodeándolo con sus brazos. «¿Cómo me puedes perdonar tan fácilmente?—dice Zuko con una mirada confusa— Pensé que estarías muy enojado conmigo»

«Nunca estuve enojado contigo, estaba triste porque temía que hayas perdido tu camino» «Sí lo había perdido» «Pero lo encontraste otra vez, y lo hiciste por ti mismo, y estoy tan feliz de que hayas encontrado tu camino aquí».

Creo que la construcción de la escena, la iluminación, la música, todos contribuyen a construir una experiencia altamente emotiva que toca nuestros arrepentimientos más profundos. Esos por lo que, pensamos, no merecer perdón… pero sí.

Reseña: El chico que pudo cambiar el mundo—Las obras de Aaron Swartz

Cuatro meses atrás compré The Boy Who Could Change the World: The Writings of Aaron Swartz. Quise prestárselo a un amigo y no pude; el libro estaba protegido por DRM. El Digital Rights Management hace imposible leer una obra fuera de un kindle. Esto era claramente una traición al legado de Aaron.

Envié un correo. La gente que había contribuido al libro respondió. «Si Aaron estuviera vivo, denunciaría esto en voz alta y le diría a la gente que no compre el libro», dijo Cory Doctorow. «Estoy 100% de acuerdo con este punto crítico», secundó Lessig (fundador de Creative Commons y excandidato presidencial en Estados Unidos). Cuatro días más tarde inició el proceso para eliminar el DRM de los escritos de Aaron. En dos semanas, todas las tiendas ofertaban su libro sin poner el famoso candado digital. Todo gracias a un correo.

Según Aaron, no puedes medir tu legado en función de lo que has hecho. En cambio, debes preguntarte cómo serían las cosas de no haber hecho nada. Así pensaba Aaron. Te inducía a actuar porque necesitas hacerlo para responder a esa pregunta; es la única opción. Actuar a pesar de no conocer el resultado. Actuar porque «fracasar es lo que casi siempre hacemos. La única manera de mejorar es tratar de hacer cosas que van un poco más allá [aunque eso signifique] que vas a fracasar algunas veces».

Aaron estaba siempre trabajando en lo que creía que debía trabajar, independientemente de la ley. «Arengó a otros a cruzar lo que él creía era una línea injusta. Y la cruzó él también». Cuando lo recuerdan, sus amigos hablan de su «Aaron interior»: él hubiera dicho esto, él hubiera hecho esto otro. Pueden darse ese lujo porque Aaron hablaba de forma clara y siempre actuaba según sus convicciones.

Su libro retrata este personaje, mientras explora la educación, la propaganda, los medios de comunicación y la política. Si lees The Boy Who Could Change the World: The Writings of Aaron Swartz prepárate… Vas a conversar con ese niño interior que siempre te negaste a escuchar, aunque supiste que siempre tuvo razón. Vas a arrepentirte de haberte rendido al explicar tus rebeldías porque no encontraste palabras, pues ahora las hallarás. Finalmente, reúne coraje porque aprenderás cosas que no podrás desaprender. Y una vez que las sepas, dejar de actuar es traicionar el legado del niño que pudo cambiar al mundo.

El miedo de vigilar a los vigilantes

«Que piensen lo que quieran, pero no pretendía ahogarme.
Pretendía nadar hasta que me hundiera, que no es lo mismo».
Joseph Conrad

Los enemigos de internet fueron hackeadosun artículo mío publicado el 7 de julio de 2015 en Gkillcity.com hablaba de un leak que evidenciaba la vinculación entre la Secretaría Nacional de Inteligencia de Ecuador y Hacking Team, una empresa italiana dedicada a la comercialización inescrupulosa de software espía. Durantes los días anteriores yo ya había estado tuiteando al respecto, pero fue en ese momento, y cito aquí a la prensa ecuatoriana, que «empezó un desmadre». Se abrieron múltiples campos de batalla: la sociedad civil buscaba encontrar una solución razonable al oscurantismo del espionaje, Gkillcity perdió el control de su infraestructura digital y luchaba por, al menos, recuperar el control de su propia casa. Yo, y unos tantos otros, luchábamos contra la paranoia de saber cuáles serían las represalias y cuándo se harían sentir.

Para ese entonces mis relaciones con el Estado (mi empleador) estaban un poco tensas. En casa, papá ya me había dado un “estate quieto”. Él me apoyaba pero empezaba a temer por mí. “Dentro de poco vas a salir del país [con una beca estatal] y no vale que vayas a perder esa oportunidad”. Y me lo decía porque soy necio y creo que uno tiene que convertirse en el héroe de su propia historia, tal cual lo dijo Aaron Swartz. Si bien para ese entonces yo había presentado mi renuncia, mucho de lo que se hace en política toma tiempo y las buenas relaciones son esenciales para proyectos exitosos. Quedaban pendientes tras mi salida, entre ellos cristalizar la primera biblioteca digital nacional. Adicionalmente, tengo muy buenos amigos en el gobierno, gente que de verdad admiro y aprecio; pero que considerarían un encontrón con el poder como una chiquillada o —en casos peores— una traición. No los justifico, pero estar en posiciones diferentes en cierto momento de la vida no me parece suficiente para romper una amistad.

En contra de todo consejo paterno, tal vez sin considerar demasiado a mis amistades y arriesgando el futuro, decidí publicar mi artículo. La historia apenas se estaba popularizando cuando la página web donde se alojaba recibió un ataque DDoS. El ataque de Distributed Denial of Service es, como explica José María León, una sobrecarga de peticiones en el servidor en que está alojado un sitio web. El servidor no puede manejar todas las peticiones y colapsa, como si millones de robots se pararan frente a una puerta diciendo que quieren pasar, pero en realidad lo único que quieren es bloquearla. Rara vez, los intentos de censura funcionan en Internet, todo lo contrario, es muy fácil poner al aire la misma información por otro canal y la gente, ahora con más pica, empieza a buscar ávidamente la información que se quiso desaparecer. Resulta que había una copia de mi artículo alojada en archive.is. Se hizo viral.

Al poco tiempo recibí un mensaje de un desconocido en Twitter: Loco, todo lo que tú dices es verdad, te quiero pasar más información. Dame tu correo”. Horas antes me habían advertido que muchos de mis followers podían ser agentes encubiertos y solamente ese día me empezaron a seguir docenas de nuevas cuentas. Esto podía o no ser cierto, pero en esas ocasiones uno juega siempre con el peor escenario en mente. Fui cauteloso y le pedí a esta persona que me contacte a través de mi página web, «por seguridad usa Tor» le dije y no escribí más.

Finalmente nadie me contactó por ese medio. Al día siguiente —también por twitter—, me llegó una mención: @AndresDelgadoEC dame tu correo hotmail por favor, tengo algo que te va a interesar!”. Clic. @DanielaCastro69 pensaba que yo manejaba @HackedEcuador una cuenta que estaba publicando información sobre el mismo temay se burlaba de Hacked —según ella yo— porque cometía “los mismos errores” de siempre. Le decía “topo”. Yo nunca manejé esa cuenta, tampoco tenía razón para tener una cuenta anónima pues, para ese entonces, yo ya había difundido muchísima información usando mi nombre y apellido. Mis tuits estaban hasta en un periódico de Austria. Tampoco pienso que esa cuenta haya estado haciendo nada ilegal y aún ese siendo el caso, jamás podrían probar su vinculación conmigo, pues era inexistente. Lo que me desconcertó fueron los términos que usaban, como «topo», puesto que es una jerga muy específica y se usa para hablar de seguridad operacional. Esta era, o eso deduje en ese entonces, gente de inteligencia. “Sé reconocer una trampa cuando la veo”, le dije mientras me quedaba claro que alguien, de verdad, quería mi correo.

 

 

 

 

 

Edward Snowden dice que basta retuitearlo una sola vez para constar en la lista de alguien. ¿Será que uno puede salir de esas listas alguna vez en la vida? En esos momentos me di cuenta que mi nombre y apellido estaban siendo escritos en alguna parte, me convertí en un objetivo, un target. En eso me vibra el celular, “¿y esta quién es?”, me preguntó mi hermana, al pie de una captura de pantalla donde “Daniela” insistía: “@SisaArte hola amigui me puedes ayudar con el correo de tu hermano j******7@hotmail.com es algo de la beca de senescyt…besos”. Y ese fue el momento en el que todo la pared que había construido para proteger a mi familia de mi vehemencia se derrumbó en mi delante. Por un pequeño momento tuve mucho más ira que miedo, que frustración. ¿Qué tan bajo puede caer la gente? Le dije a mi ñaña que no era nada. «¿No le contestaste, cierto?» «No, si no le conozco ¿Qué quieres que haga?» «No le pares bola» «¿Quién es esa ve?» «Nadie, no le hagas caso».

Son las tres de la tarde y a mi bandeja de entrada llega el correo electrónico de un remitente anónimo, “chinitri27@outlook.com”:

que tal loquito no se si te acuerdes de mi nos conocimos en el crypto David aprendimos mucho de ustedes, primero felicitandote por las buenas acciones que hacen por la gente, pana de muy buena fuente se que te estan tratando de poner una denuncia por que atribuiste los ataques de ddos contra gkillcity a la senain, mas bien ten cuidado con los tuits q pongas porq estan buscando como joderte la vida pana, y ya sabes que se pueden cojer de cualquier cosa, ten cuidado con lo que publicas bro.

si me entero de algo mas ten por seguro que les comentare, pero por un canal seguro sino con esto que publicaron capaz q ya me estan siguiendo a mi mas.

Adjunto venía un archivo comprimido que contenía un .docx con capturas de dos tuits, el primero era mío comentando sobre el ataque DDoS a gkillcity y el segundo (que ha sido eliminado) con información relativa a los ataques DDoS que se efectuaban en ese momento.

https://twitter.com/AndresDelgadoEC/status/618555877096845312

 

 

 

 

 

La hora de envío de los tuits habían sido modificados en la captura para mostrar una inconsistencia entre mi hipótesis que el ataque provenía de Ecuador y algo tendría que ver con la publicación que hicey la evidencia.

Imbécil yo, le creí y es que este no era cualquier correo sino que el mensajero (a) mencionó un nexo que yo podía considerar seguro —las cryptoparty en las que yo había participado— y (b) se agarraba de mis más profundos miedos. Aunque las cabeceras del correo revelaban que el verdadero origen del remitente era un servidor fantasma que intentaba ocultar su identidad, había la posibilidad de que un informante real esté intentando mantener su anonimato. Debí haber pensado sobre esto más de una vez, pero la información que recibí me causó tal shock que sencillamente abrí el archivo. Ese fue un grave error. Al poco tiempo, perdí mi conexión a Internet.

Un investigador de seguridad informática de la Universidad de Toronto me supo decir que tanto el correo como el documento utilizaron un sistema de rastreo llamado readnotify. Readnotify permite detectar la IP del usuario, es decir mi punto de entrada a Internet. Inicialmente yo pensé que tal vez se habían metido a mi computadora o a mi router de internet, pero resulta que el servicio al cliente de NETLIFE desconectó su servicio porque habían recibido un ataque DDoS desde mi IP. Vinieron los técnicos y arreglaron todo, pero cuando días más tarde volví a acceder a esa dirección oculta por curiosidad, me volvieron a interrumpir el servicio. Parece que ese servidor (publico aquí la dirección pero por favor no intenten acceder a ella) desencadenaba uno de estos ataques cuando se enviaba la petición, y parece que el correo que me enviaron hizo eso automáticamente la primera vez que lo abrí y mi navegador desencadenó otro ataque cuando me metí a esa dirección por segunda vez. Las conversaciones con NETLIFE quedaron grabadas y, adicionalmente, me hicieron emitir un informe técnico para reestablecer, por segunda vez, mi servicio.

¿Quién me había enviado ese correo? Tenía poca información y, entre eso, había algo que me asustaba especialmente. Hacking Team usaba mensajes comprimidos. Mi adjunto <Instruccion_Fiscal_23432.rar> era un archivo relativamente pequeño (394 KB) y no había razón alguna para que alguien lo haya puesto en ese formato. El correo donde Hacking Team entrega una carnada a la SENAIN, explica:

El modo protegido de Microsoft Word es una característica de seguridad que abre los documentos provenientes de una localización potencialmente riesgosa, como Internet, en modo lectura únicamente y con contenido activo desactivado y funciona tomando ventaja de una funcionalidad propia del sistema operativo Windows llamada Alternate Data Streams que permite marcar un archivo según su origen.

Cuando se descarga un archivo usando un navegador moderno el archivo se marca como procedentes de Internet y es por eso que Microsoft Office abre utilizando el modo protegido.

Una forma sencilla de solucionar este problema es enviar el documento comprimido como rar. De esta manera el archivo .rar será etiquetado como procedente de Internet, pero el archivo contenido en el rar no tendrá esa etiqueta adjunta.

Cuando leí esto por primera vez se me heló la sangre. Como ya dije anteriormente, en estas ocasiones uno actúa pensando en el peor escenario. Me puse a revisar todas las carpetas de mi computadora donde Hacking Team pudo esconder su Sistema de Control Remoto siguiendo tutoriales publicados en línea el mismo día del incidente. No encontré nada pero eso no evitó que respaldara la información y reinstalara todo desde cero. Después de todo los exploits que usan los buenos hackers son “zero-days”. En otras palabras, como nadie sabe de las fallas de seguridad que usan estos hackers para infiltrar dispositivos, no existe defensa posible a mano porque no ha sido creada.

Si bien es cierto que este mismo método puede ser usada por muchas otras empresas, en ese momento la papa caliente era el escándalo entre la agencia de inteligencia y la empresa italiana y mi cabeza no se permitió sospechar de otra posible fuente. Mi sesgo empeoró cuando, a las cinco y cuarenta de la tarde, recibí un mensaje de whatsapp, el número parece provenir de china pero el texto estaba escrito en italiano:

Hola, soy un [HackingTeam], debería recordarse que el mundo es así de pequeño y que el tuyo (sic) eres como una hormiga si estás en cosas grandes, atención…”.

Asustado como estaba, empecé a escribir a mis contactos, algunos de ellos dentro del gobierno. “Ten cuidado”, me decían. “Si quisieran ya te habrían matado, sólo te están asustando”, me contestaron, como si eso ayudara. Otra persona, consciente de la beca que tenía me preguntó si podía adelantar el vuelo… Esto no pintaba bien, cancelé dos entrevistas en radio, dije que estaba enfermo. Me encerré en mi casa y esperé, con miedo, lo peor.

¿Qué había detrás de estos ataques? Pienso que la intención de silenciarme o desautorizar mi voz, después de todo muchas de las acciones llevadas a cabo no tenían otra intención que evitar que la gente lea las cosas que estaban en línea. Y no veo otra razón para que hayan querido engañar al público diciendo que yo era un espía de la SENAIN. A la larga, parece ser que mi artículo había dado en el clavo:

«Si es que la Secretaría de Inteligencia tercerizaba las operaciones a Hacking Team —en lugar de utilizar un personal capacitado propio para que realice los ataques—, probablemente se den a conocer los nombres de los blancos de la agencia».

A los pocos días, tras escarbar un poco dentro de la base de datos, un desarrollador de Tor publicó sus hallazgos sobre el espionaje sistemático a periodistas, activistas y gremios de trabajadores. Pasaron los días y Rommy Vallejo, Secretario Nacional de Inteligencia, negó que ellos tuvieran un contrato con Hacking Team. El presidente salió a decir que es verdad lo que dijo Vallejo. Los asambleístas quisieron interrogarlo pero él se excusó y tras unas cuantas semanas, los legisladores se enteraron que a Rommy —o a quien lo suceda en el cargo— sólo se lo puede interrogar fuera de récord y tras puertas cerradas. Si alguna pregunta le incomoda, el Secretario de Inteligencia está en la potestad de abstenerse en dar una respuesta y, cereza en el pastel, nada de lo que se diga puede ser revelado fuera de esa habitación.

Yo no sé si todo el acoso del que fui victima provino o no de la Secretaría de Inteligencia, pero cabe preguntarse entonces si el gobierno estaría siquiera en capacidad de dar respuesta a una pregunta de esa índole. No parecen haber procedimientos, que no sean ilegales, que de verdad transparenten al público las acciones del personal de inteligencia. Y el escenario puede ser peor de lo que la ley pinta. Jacob Appelbaum,  periodista para Der Spiegel y colaborador cercano de Wikileaks, declaró en el último Chaos Communication Congress (diciembre, 2015) que durante su visita a Ecuador, la SENAIN le solicitó construir un sistema de vigilancia que les permitiera “eludir la revisión judicial” y espiar, sin reparos, a los jueces y a la clase política (contrario a lo que sugiere Emilio Palacio, Jacob sugiere que este espionaje apuntaba a los propios miembros de Alianza País). Ahora más que nunca cabe preguntarse ¿quién vigila a los vigilantes?

 

Green College’s Coffee House!

Son las diez de la noche en Vancouver (media noche en Ecuador) y eso significa que estamos a minutos de que se cumpla el primer mes del despegue del avión que me trajo aquí, tiempo más que suficiente para sentir algo de nostalgia. Tras el shock inicial —como buen hijo de mi patria, a mis veintinueve seguía viviendo con mis padres—, hoy puedo decir con orgullo que uno de mis compañeros nuevos en la residencia pensó que yo era de la camada antigua porque parezco conocer muy bien dónde está todo. Ciertamente manejar los espacios es importante, pero también es lo menos complejo. Es la otra dimensión de nuestro universo la que realmente me preocupa ahora que estoy viviendo en Green College: el tiempo.

Usualmente las personas andan con un máximo de cuatro materias porque son muy demandantes, muchos eligen dejar una o dos para hacer más llevadera su situación; pero dado que estoy aquí no con mi plata, sino con la de ustedes queridos mandantes, yo debo acabar mi carrera en el menor tiempo posible. Para empeorar la situación, en este trimestre se me ocurrió inscribirme en una quinta materia porque el profesor en un par de clases iba a ser Joseph Stiglitz. Todo esto sería manejable de no ser porque (como dice el cantante): «en el mar, la vida es más sabrosa».

Green College es una residencia donde viven exclusivamente posgradistas, profesores y posdoctorantes. Además de tener una vista al mar que a uno le hacen querer poner pausa a la vida, es un espacio de esparcimiento intelectual. Cada lunes, uno de nuestros residentes brinda una charla sobre su trabajo, o algo de interés y cada martes alguien de fuera de la residencia, pero con un perfil similar, hace lo mismo. La cosa no acaba ahí: clases de salsa, dibujo, excursiones, observación de aves, break dance o cualquier otra cosa que una de las cien personas que vive aquí te puede enseñar son parte del menú.

Hace menos de treinta minutos, acabo de regresar de mi primera Coffee House, un programa de dos horas donde cualquiera de los greenies —léase «grinis» en castellano— se inscribe para demostrar su talento. Seis minutos de gloria. Una media docena de personas cantaron con su instrumento favorito, y en muchos casos me sentí en una cafetería escuchando música en vivo, hubo también un sketch de comedia, una lectura sobre acordeones (aquí es cuando extraño ser proeficiente en el manejo del idioma) y otra de poesía, Arthur tradujo al inglés «Embriagaos» de Baudelaire:

Hay que estar siempre ebrio. Todo consiste en eso: es el único problema. Para no sentir el horrible paso del Tiempo que quiebra vuestros Hombros y os curva hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como gustéis. Pero embriagaos.Y si alguna vez, en las escalinatas de un palacio, en la hierba verde de una cuneta, en la soledad sombría de vuestra habitación, os despertáis, con la embriaguez disminuida ya o desaparecida, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj os responderán: ¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como gustéis.

Danza, improvisación, dibujos en vivo y al final un sing along, todos cantando la misma melodía compuesta para la ocasión. Debo sentir que me sentí chiquito entre tanto cerebro y a la vez feliz, es un deleite estar entre gente que ha sabido cultivarse. Supe que va a ser realmente triste tener que partir. Un poco embriagado de placer, y sin pensar mucho en los detalles, les confieso que —a pesar de haberlo olvidado ya— siempre quise un hogar así.

Gkillcity.com

Este mes no he escrito mucho (aquí) porque he realizado varias colaboraciones para Gkillcity.com; este es un medio de comunicación digital que paga las cuentas con lo que vende de publicidad —como todo el resto de diarios— pero también con aportes mensuales de personas a quienes les interesa que su periodismo se mantenga independiente. A diferencia de un periódico que imprime sus ediciones, un medio digital no tiene que cubrir tantos costos, y en el caso de este diario fundado por José María León e Isabela Ponce, tampoco hay que pagar a los reporteros, porque las historias llegan de más de trescientos colaboradores de todas partes del mundo —la mayoría, claro está, vive en Ecuador—. Eso hace que el diario sea mucho más resiliente y pueda depender menos de agendas políticas o económicas, es importante aportar. Yo lo hago con texto, pero quienes no escriben pueden hacer un donativo.

Gkillcity hace periodismo narrativo, entendí mucho mejor de qué va esto cuando me invitaron, hace un par de meses, a un taller con Diego Fonseca. Para hacerlo corto, usaré un lugar común para quienes conocen del tema: «no importa quien llegue primero a una historia, sino quien la cuente mejor», dijo García Márquez y la semana que pasó su fundador lo demostró. Y Gkillcity.com las cuenta con un objetivo detrás, en palabras de José María:

[Se trata de] defender una agenda política y contar la realidad. Su causa, sin embargo, no es partidista, sino ciudadana. Se fundamenta en la promoción del ejercicio pleno de las libertades individuales y la eliminación de las políticas públicas que perpetúan las ciudadanías de segunda clase, la discriminación, la violencia y la clandestinidad.

Le he cogido bastante cariño a este medio y lo menos que les recomiendo es suscribirse para mejorar sus lunes, que es cuando publican su nueva edición.

Para acceder a mis textos, pueden dar clic en la imagen:

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