¿Pueden los científicos creer en el alma eterna?

El video aborda la pregunta de por qué a los científicos les resulta irracional creer en el alma eterna. El video se inspiró en una pregunta hecha a Adam Savage, creador de Cazadores de Mitos, y en los comentarios que generó, revelando la falta de comprensión popular sobre la ciencia.

Algunos puntos en el video:

  • El componente emocional de la ciencia: La ciencia no está exenta de pasión y emoción. El deseo de “tener la razón” y el control sobre los demás pueden influir en la adhesión al pensamiento científico.
  • La relación entre ciencia y religión: Se argumenta que las cosas asociadas a la religión no son inherentemente religiosas. La meditación, por ejemplo, fue una práctica religiosa que ahora se reconoce por sus beneficios científicos, demostrando que los hallazgos científicos pueden tener componentes históricamente religiosos.
  • La concepción popular de la ciencia vs. el pensamiento filosófico-científico: Muchas personas creen que la ciencia se limita a experimentos repetibles. Sin embargo, la ciencia incluye estudios observacionales y la lógica es un componente fundamental. La idea popular de la ciencia es una “caricatura” que excluye elementos esenciales como la lógica y la coherencia, llevando a discusiones pseudocientíficas.

Si quieren mi opinión específica a la pregunta, vean el video hasta el final.

Los otros dentro de nosotros (parte 2)

Cuando estaba en tercer curso de colegio, nos explicaron cómo la gente tiene recuerdos de vidas pasadas. “Lo que sucede—nos dijo el instructor—es que las personas vemos escenas con el rabillo del ojo. Esas escenas se concatenan y terminan generando historias paralelas en el cerebro que nosotros luego almacenamos como si fueran verdaderas”. Supongo que me puse a examinar lo que veía con el rabillo del ojo e hice el esfuerzo por integrar este nuevo concepto en una mezcla de sorpresa y extrañamiento.

Cuando crecí nadie me habló de vidas pasadas, pero supongo que eran mitos que uno encontraba en la televisión. No recuerdo un ejemplo en concreto, pero recuerdo la explicación de por qué era algo a lo que no tenía que prestar atención: la gente que se hacía hipnosis siempre acababa recordando su vida como alguien importante, fueron el César en Roma o su esposa, o una princesa egipcia importante. Ahora que uno le pregunta a ChatGPT sobre el tema, enseguida te dice que, efectivamente, esas cosas son productos de la imaginación y, cuando la gente ha querido corroborar estas escenas, no ha sido posible establecer ningún lazo demostrable.

Esta idea de que es una fantasía se ha propagado por los círculos escépticos y que se repite sin pensar mucho en el tema. Parece la posición más coherente y estoy seguro de haberla usado cada vez que alguien me hablaba sobre el tema. Después de todo, sobras las personas que quieren creer que son famosas o que tienen vidas pasadas y aparecen en shows de televisión para luego todas haber sido la misma celebridad en alguna década pasada.

Jim Tucker, en psiquiatra infantil que mencioné en una publicación previa, ha mencionado en varias de sus entrevistas que tiene reparos con las regresiones mediante hipnosis, siendo que hay una alta probabilidad de fraude, y es por eso que él prefiere estudiar niños que espontáneamente reportan memorias de vidas pasadas, incluyendo comportamientos repetitivos (y hasta cicatrices) que cuadran con esas memorias.

Siendo este el caso, yo tenía una predisposición negativa hacia el tema. Sin embargo, los casos de reencarnación sobre los que he leído son fascinantes, intrigantes y sólidos. Así que cuando me encontré con “¿Más de una vida? Evidencia de las increíbles grabaciones de Bloxham” de Jeffrey Iverson (More Lives Than One? The Evidence of the Remarkable Bloxham Tapes en su versión original) no me pude resistir. OK, siendo sincero me resistí totalmente, pero el librero fue audaz y me convenció de comprar dos libros más costosos con el libro de Iverson como regalo. Es una edición de bolsillo con canteado en amarillo publicada en 1977.

Iverson se sumergió en la historia de Bloxham tras ser contratado para The Bloxham Tapes, un documental de la BBC sobre el tema. Tras pedirle permiso a la BBC, él nos cuenta un poco de su experiencia personal y de la historia detrás del documental. El texto se centra primero en Bloxham, el terapista, quien dice haber tenido memorias infantiles de un lugar que luego conoció como adulto, siendo capaz de guiar a alguien en ese espacio. Bloxham estaba tan convencido de la reencarnación que cuando uno de sus pacientes necesitó superar el miedo a la muerte, su solución fue recordarle que ya había muerto en otra vida.

Bloxham no era médico, trabajaba exclusivamente mediante hipnosis. Una vez que abrió la caja de pandora de las regresiones a vidas pasadas, empezó a registrar la mayoría de sus regresiones (de ahí el nombre del documental, que traduce a “las grabaciones de Bloxham”). En otras palabras, Bloxham creo una cohorte prospectiva, recolectó datos de todos los pacientes sistemáticamente, y guardo esos datos en forma de registros de audio que luego serían eventualmente transcritos para su análisis.

Los registros en vivo evitan errores al recordar eventos. Además, nos permiten saber a ciencia cierta si el hipnoterapista está induciendo respuestas en los pacientes, como comúnmente se alega. Al recolectar datos de todos los pacientes de forma sistemática, se minimiza el sesgo de selección, o sea escoger solo las cosas que me convienen para apoyar mis propias creencias. Esto es un tesoro.

Iverson inicia con un enfoque escéptico saludable que se mantiene a lo largo del libro. Evita someterse a hipnosis para no perder credibilidad y, tras enterarse de un caso de regresión de un conocido suyo, decide arreglar una entrevista sin notificar a Bloxham para verificar los hechos. Iverson escucha las grabaciones de audio y se da cuenta que la mayoría de personas describen vidas comunes y sin eventos históricos de importancia. Mi primera lección aquí es que la suposición de que la gente siempre reporta ser importante es falsa. Muy pocas regresiones tienen estas características. Para Iverson esto supone un problema porque su plan es ir a los lugares descritos en las regresiones para ver qué tanto puede verificar con inspección del sitio y mediante el estudio de registros históricos. Iverson es inteligente, así que sabe que no es experto en ningún lugar o evento histórico y consulta con historiadores especializados en tiempo-espacio específicos.

La mayoría del libro se enfoca en una sola paciente que recuerda seis vidas pasadas. Solo en tres de ellas es capaz de describir hechos históricos y no como un personaje central sino como una persona que es aledaña a los eventos. Algunos de los eventos son una masacre judía en York, romances y asesinatos entre la realeza británica y romances y asesinatos en la realeza romana. El estudio de estas memorias es interesante porque hay un claro desequilibrio entro lo que los historiadores saben y lo que las personas relatan. Estas dos cosas son un claro diagrama de Venn con poco en común. El veredicto en la mayoría de casos es que la persona bien podría estar diciendo la verdad pero no se sabe lo suficiente para confirmarlo o negarlo.

Si ese fuera el caso, el libro sería interesante, pero digno de olvido. Un “quien sabe” más que ni sobre ni hace falta. Sin embargo, los casos son un poco más complicados. Fuera de la respuesta psicológica, que merece un análisis propio, las memorias obligan a los historiadores a hacer verificaciones sobre ciertos temas. En el caso de la masacre del castillo de York, por ejemplo, Jane Evans (es el pseudónimo que escogieron para esta paciente) reporta las características de una iglesia donde ella y su familia estuvieron escondidos. Por ejemplo, habla de que la iglesia tiene una cripta y enfatizó que no se escondió ahí. Después de haber revisado todas las potenciales candidatas, los historiadores encuentran la iglesia descrita por Evans, que al momento estaba siendo transformada en museo. Pero la iglesia no tenía una cripta. Además de no haberse escondido en la cripta, Evans describió haber muerto ahí. O sea que la cripta tenía que estar en la iglesia, para que la historia pueda ser real.

Seis meses después de la visita a la iglesia, el historiador le escribe a Iverson. Uno de los trabajadores de la renovación encontró una cripta escondida debajo del altar mayor, con características de construcción lo suficientemente antiguas como para preceder a la descripción de la masacre de York. En otra ocasión, esta vez como empleada doméstica en Francia, Evans describe que la persona para quien trabaja tenía una manzana de oro. La referencia era tan oscura que los historiadores demoraron en entenderla. Finalmente, encontraron en los registros de bienes confiscados la descripción de una granada de oro (que en diseño se vería exactamente igual a una manzana).

Traigo estos dos eventos a colación porque la explicación típica para este tipo de fenómenos es la criptomnesia, que es la explicación de mi profesor de religión pero con esteroides. Alguna vez vimos una película, leímos un libro, escuchamos un programa de televisión, y nuestro cerebro montó toda una falsa memoria que eventualmente es “descubierta” por un hipnoterapeuta. Pero estas teorías no explican como las regresiones describen hechos que son descubiertos después de haber sido activamente investigados durante meses por equipos entrenados de historiadores.

La criptomnesia es la explicación más fácil, pero también es una explicación errada. Cuando Evans describió los hechos de la antigua Roma, el historiador Hartley admitió que en su vida como Livonia, ella “supo hechos históricos notables, y habría que consultar varias obras si alguien tratara de crear un guión para una historia parecida”. Esto lo dice un historiador que, a diferencia de Jane Evans, sí hablaba francés y podría leer sobre el tema. Lo dice en 1977, cuando todavía no existía acceso a internet.

Quizá yo soy muy impresionable y estas historias son algo que quiero creer, no como muchos de los pacientes de Bloxham, que no creen en la reencarnación incluso después de sus regresiones, y prefieren pensar que es algún tipo de herencia. Aquí otra lección para mí, muchas de estas personas no quieren tener vidas pasadas y la sola idea les aterra. Sin embargo, creo que el comentario final del Profesor Hartley, el historiador que verificó las historias de la antigua Roma, es muy elocuente. Tras sopesar el tema, le pide a Iverson que si vuelven a hipnotizar a Evans, por favor le pregunte dónde está el anfiteatro, porque todavía no han podido encontrarlo…

Los otros dentro de nosotros (parte 1)

No sé como terminé leyendo “The Others Within Us: Internal Family Systems, Porous Mind, and Spirit Possession” de Robert Falconer. A pesar de que empecé por la primera página, se sintió como haber atrapado una película a medio desarrollo después de haber estado pasando de un canal a otro. De repente, me encontré en medio de una psicoterapia donde el psicólogo está hablando con las personas que habitan dentro de su paciente. Como si hubieran visto la película Intensamente de Pixar y se lo hubieran tomado demasiado en serio.

Voy a retomar el tema de que las personas tienen identidades fragmentadas más adelante porque ese no es el tema principal del libro. Como expliqué anteriormente, parecía que llegué cuando la trama ya estaba bastante desarrollada. El tema del libro eran “unattached burdens”. Si bien no hay una traducción literal apropiada, algo cercano sería “cargas desprendidas”. Volviendo a la trama de intensamente, una carga desprendida sería como un personaje oscuro que de repente aparece junto a Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia, que está dentro de Riley, pero no es realmente parte de ella. Usando lenguaje más mundano, esta gente esta “poseída”. Un espíritu se le metió en algún momento de su vida y está tratando de hacerle la vida imposible.

¿Debo seguir leyendo este libro? Una parte de mí me dice que no, que la persona que lo escribe puede estar reportando cosas que dice su paciente, pero su paciente simplemente tiene problemas percibiendo la realidad. Tal vez lo mejor sería que esas personas sigan su proceso, pero no hay una lección real en ello. Pero otra parte de mí sigue, tal vez por curiosidad mórbida. Robert Falconer tiene un par de buenos argumentos para persuadirme. Primero, el empirismo radical: si nos dedicamos menos a preguntarnos si esto es real, y actuamos como si lo fuera, podemos hacer terapia y deshacernos de esta carga. Estos pacientes son extremadamente difíciles y, por alguna razón, cuando logran deshacerse de esa cosa que se metió dentro de ellos, mejoran. Segundo, su método funciona mejor que los exorcismos. Claro, puede ser que ustedes crean que la posesión no sucedió en primer lugar, pero sea cierto o no, las personas que dicen estar poseídas enfrentan mucho estigma por parte de los sistemas de apoyo familiar e incluso religioso. Si uno puede quitarle al “poseído” la idea de estar poseído, no veo porque no aprender sobre ello.

¿Cómo se saca al espíritu maligno? La versión corta es la siguiente. Primero, le preguntas si es parte de la persona. Tras muchas tácticas de evasión, eventualmente responderán que no. No sabemos porque no pueden mentir al respecto, pero parece ser que es el caso. Luego que ha admitido que no es parte de la persona, te fijas a qué parte de las personas está atada. Por ejemplo, puede ser que haya convencido a Tristeza de que las otras partes de Riley le quieren hacer daño, así que le dice que le dará fuerza, Tristeza tiene miedo de que la parte mala se vaya. Entonces tienes que ganarte la confianza de Tristeza. Una vez que has convencido a las partes de que ya no necesitan al cucaracho, lo envuelves en luz y le dices alguna de estas cosas (o todas):

  • Ya no te puedes quedar aquí, puedes irte hacia la luz o volver a la obscuridad.
  • Te han dicho que la luz te hace daño, pero es mentira,
    • Toca la luz solo un poco y te vas a dar cuenta de cómo se siente
    • Mira dentro de ti y verás que encuentras un poco de luz
  • Hay guías y manos que están dispuestos a ayudarte, si quieres puedes ir con ellos.

Falconer nos recuerda constantemente que no es muy importante entender porqué estas cosas funcionan, sino que lo hacen. Y hace bien en recordarlo porque muchas veces me sentí tentado a dejar de leer su libro. La mayoría de cargas eventualmente van hacia la luz, pero unas cuantas regresan a la oscuridad. ¿Qué pasa con los pacientes? A decir del autor, mejoran de forma importante, porque son mejoras que se sostienen durante meses o años. Es el tipo de desenlaces que uno busca en los ensayos clínicos cuando uno estudia si las terapias realmente funcionan. Otra parte significativa de esta terapia es que frecuentemente ocurre en pacientes difíciles. Pacientes que han pasado por traumas que te rompen el alma y que, a veces, se han encargado de romperle el alma a alguien más. Quizá eso es lo que te obliga a dejar de trivializar el tema.

Las descripciones de Falconer me recordaron un poco a los libros y relatos de niños que son reclutados como soldados desde muy pequeños, y que terminan cometiendo las mismas atrocidades de las que fueron víctimas o que tuvieron que atestiguar frente a sus ojos, contra sus familias. Esos niños soldados estaban tan rotos que se drogaban constantemente para enmudecer al dolor, y su conciencia está tan apagada que bien podrían pasar por zombies caminando por la Tierra. ¿Cómo se meten esas cosas en el cuerpo? Pues no sabemos, parece que a veces sucede cuando la gente está inconsciente, como cuando se ha sometido a una operación y le han aplicado anestesia general. Pero más comúnmente, son durante momentos tan dolorosos que la mente trata de escaparse: se disocia.

Después de exponer sus casos, Falconer hace una revisión histórica de fenómenos similares desde una diversidad de perspectivas teóricas y culturales. Yo diría que cubre un espectro extremadamente amplio, pero lo hace de manera un poco caótica. Es imposible negar que estudió el fenómeno, pero no diría que me siento listo para explicarle a alguien de manera ordenada cómo abordar el tema. Al final, uno puede sentirse libre de admitir que, en efecto, la posesión es común a la gran mayoría de culturas, que hay posesiones “malas” y posesiones “buenas” a los que usualmente Falconer se refiere como guías. De hecho, después de mandar a los espíritus chocarreros a la luz, es común que indique a sus pacientes que puede invitar a guías para “reemplazar” a la carga desprendida. Otro tipo de posesión “buena” y mejor reconocida en la cultura en la que yo me críe es, por ejemplo, la posesión por parte del espíritu santo. Las posesiones “buenas” sin embargo, suelen ser de carácter temporal en la mayoría de casos.

El asunto, a la final del día, es que sean posesiones buenas o malas, cualquiera de estos casos implica que somos “porosos”. Esto no me parece deschavetado y he compartido un poco de porqué en algunas publicaciones anteriores. La explicación de Falconer sobre este último punto es, a mi parecer, bastante débil. Al final del día, el problema es la incapacidad de diferenciar entre lo que somos y lo que no. No nuestra, porque al final del día podemos decidir con qué quedarnos, Por ejemplo, todos podemos preguntarnos cosas como ¿soy yo esa necesidad enfermiza de que todo esté limpio o fue un hábito que no es realmente quien soy? La pregunta más difícil es convencer al resto de que, en efecto ese no soy yo, que solo estaba poseído por el demonio de la pulcritud y que se fue después de que me hicieron una terapia de exorcismo moderno que es menos violenta que los exorcismos de la iglesia.

¿Tengo espíritus guías o solo me disocié también de mis partes buenas? Un estudio reciente, por ejemplo, trató de hablar con el mismo espíritu a través de mediums distintos. Al comparar respuestas, los autores concluyeron que los mediums probablemente tienen una forma de disociación de personalidad no patológica (por acá el estudio). También concluyeron que solo pueden asegurar eso de los mediums que estudiaron y no de todos aquellos que dicen serlo. Al final del día, creo que me quedo con dos lecciones importantes. Una, el empiricismo radical es útil. No podemos negar que sabemos menos de la experiencia interna de un “paciente psiquiátrico” a pesar de saber más de lo que supuestamente es objetivamente normal. Y creo que Enara García y Xabier Barandiarán hacen un trabajo excelente explicándolo aquí. Y dos, es útil cuestionar a los “otros dentro de nosotros”. Tristemente, lo único que realmente compartimos es el mundo objetivo y compartir, en mi ética, es algo intrínseco a todo espíritu benévolo.

Parte 4: La quinta dimensión

“En los últimos años nos estamos acercando a una teoría que sugiere que
el espacio-tiempo no es fundamental, sino que existe una estructura más profunda”.

Brian Cox

¡Hola mami!

Créeme que no eres la única persona a la que le cuesta entender las cosas sobre las que estoy escribiendo. De hecho, el capítulo previo fue exactamente lo que Hal Puthoff contestó cuando le preguntaron, ¿cuándo tuviste tu primer “shock ontológico”? En otras palabras, cuándo fue que se dio cuenta que el mundo no es lo que parece. Tal vez una frase más común para esto sería una “crisis existencial”.

A mí me pasó exactamente lo mismo, gran parte de mi vida pensé que la evidencia experimental jamás iba a poder captar siquiera un fenómeno sobrenatural y que al encontrarme uno siempre tendría que vivir con la duda de si algo extraordinario pasó o fueron mis ganas de querer creer que encontraron algún atajo mental. Por ejemplo, cuando tú sanaste repentinamente de un vértigo paroxístico durante una oración, siempre me quedó la duda de si tal vez la relajación o el calor local fueron lo que realmente te curo. A pesar de que tuviste un examen médico antes y después. Siempre estuvo para mí la explicación alternativa “normal”.

Mi “crisis existencial” más reciente, sin embargo, se fue poco a poco transformando en un “alivio existencial” y si me das un poco de tiempo para seguir hablando del tema, creo que te va a pasar algo parecido. En mi caso, fue porque sentí que la evidencia científica apunta cada vez más a que la vida es, en efecto, mágica y es mucho más inspirador vivir en un mundo así que en un mundo que funciona como una máquina. En tu caso, creo que esta evidencia debería animarte porque parece ser que, a pesar de todo los caminos de la ciencia —que pregunta sobre el cómo suceden las cosas— y el de la religión —que se concierne con su por qué más profundo— empiezan poco a poco a apuntar en la misma dirección.

Por ejemplo, hay dos cualidades que yo diría son denominadores comunes en la mayoría de religiones: (1) la existencia de un yo superior o trascendental, que en la religión católica comúnmente se conoce como “alma” y la supervivencia de dicho alma a la muerte. Usaré este concepto a manera de metáfora para explicar cómo podría funcionar la visión remota, al mismo tiempo que uso conceptos de física. Para nuestra buena suerte, parece que las historias religiosas pueden fácilmente ser interpretadas desde conceptos de física convencionales.

Por ejemplo, si te pregunto que será de ti cuando mueras, seguramente me explicarás que una parte de ti sobrevivirá en una dimensión más elevada. Es común escuchar que el alma revive todos los pasos de tu vida en un sólo instante. De hecho, es algo comúnmente reportado en gente con experiencias cercanas a la muerte. Al mismo tiempo, es común que el alma pueda acercarse a sus seres queridos, bien sea como protector temporal o quizá para darles un último adiós. Esto parecería sugerir que el alma se “mueve” como si el tiempo y el espacio no fueran barrera alguna.

La pregunta que debes hacerte ahora es, ¿eres un alma ahora o únicamente cuando estás muerta? En la enseñanza católica, el alma es creada por Dios en el momento en que un nuevo ser humano es concebido. Por tanto, desde ya, eres un alma. Si también asumes que el mundo espiritual está por encima del mundo material, entonces vas a poder seguir mi explicación física en el siguiente párrafo.

Nunca Jamás

¿Te acuerdas de Peter Pan? Me encantaba esa película. Peter Pan tenía una sombra y esa sombra tenía voluntad propia. Básicamente estaba viva, pero estaba confinada a vivir en un mundo enteramente plano. Puede ir para adelante y para atrás, para la izquierda o la derecha, pero nunca elevase o hundirse porque “arriba” o “abajo” simplemente no existen para la sombra. Nosotros somos la sombra de Peter Pan, vemos pasar el tiempo, nos podemos mover de unas cuantas formas, pero nuestro entendimiento de la realidad está bastante limitado.

Peter Pan es el alma, es quien realmente “mueve” a la sombra, pero la sombra no es muy consciente de ello. Solo va por la vida, siendo arrastrada de acá para allá, pensando que es una sombra y nada más, y que lo único que existe es Planilandia.

Al igual que la sombra de Peter Pan, estamos limitados por nuestra percepción de las dimensiones en las que vivimos. En el plano en el que nos movemos, lo que parece imposible, como dibujar un punto en medio de un círculo sin levantar la mano, es simplemente una cuestión de perspectiva. Un video de un reto sobre este tema ilustra cómo, al manipular la tercera dimensión (doblando la hoja), es posible realizar algo que, en un plano bidimensional, parecería fuera de alcance.

Este ejercicio nos invita a reflexionar sobre las dimensiones superiores, que podrían permitirnos realizar acciones “imposibles” desde nuestra realidad. Así como la sombra no es consciente de que está siendo movida por Peter Pan, nosotros a menudo no somos conscientes de nuestra alma, que funcionaría en dimensiones más allá de las que percibimos, limitando nuestra comprensión de lo que es posible. Nuestro mundo tiene cuatro dimensiones: arriba-abajo, izquierda-derecha, adelante-atrás y antes-después. Sin embargo, si existiera una quinta dimensión, la del alma, esa quinta dimensión podría hacer “origami” con las otras cuatro.

Morirse un poquito

Las personas que participaron en los programas de visión remota no tenían un dominio completo durante sus sesiones. Había días en los que no podían ver nada y cuando sí lo hacían, a veces recogían impresiones mixtas o incorrectas. Sus visiones no eran una ciencia exacta, Jessica Utts, profesora de estadísitica en la Universidad de California, los comparó con los jugadores de baseball, diciendo que, en promedio, lograban “impactar la bola” uno de cada tres golpes de bate.

Por supuesto, como en toda profesión hay personas que tienen más talento que otras. Una de las personas que tuvo muy buenos resultados fue Joseph McMoneagle, a quien de ahora en adelante llamaré “Joe” (suena como el “Geo” en “George”).

En este punto, he visto tantas entrevistas y leído tantos libros que no sé dónde aprendí lo que te voy a contar, pero sé que pasó en Japón, donde Joe ayudó a descubrir restos arqueológicos antiguos. Joe fue una celebridad en ese país. Era invitado recurrente en sus programas de televisión. En una ocasión, trajeron una máquina para estudiar su cerebro. Según Joe, para ver a distancia debía “apagar su cerebro”. Cuando se llevó a cabo la demostración, el científico que realizaba el estudio tuvo su propia crisis existencial porque dijo que jamás había visto alguien que pudiera “apagarse” tanto.

Si bien no voy a profundizar en los detalles del protocolo de la visión remota o mis impresiones al respecto. Por ahora, quería dejar claro qué bases conceptuales uso para entender al fenómeno. No tenemos un alma, somos alma, y si inhibimos ciertas partes de nuestro cerebro, podríamos conectar un poco más con nuestro yo profundo. En otras palabras, volver a tejer ese vínculo entre la sombra y Peter Pan.

No apto para desalmados

Entender el mecanismo de la visión remota es importante no sólo para poder replicar y refinar la técnica, sino porque entender el “cómo” funciona nos da pistas sobre “quién” podría ejecutarla. Si leemos que hay gente que puede surfear en el espacio-tiempo, una pregunta natural que sigue a eso sería, ¿y yo puedo hacerlo?

Una de mis historias favoritas en el libro de Schnabel que mencioné en el capítulo previo es la historia de Laura Dickens, una empleada de la CIA que llegó al laboratorio de Hal proclamando desde Washington y le dijo frontalmente que venía a probar que su investigación era un fraude. Hicieron uno de estos experimentos donde el psíquico tiene que describir una localidad. Laura no estaba impresionada a pesar de que la descripción fue acertada. Dijo que “debe ser un truco”.

Al día siguiente pidió ser ella quien conduzca, fue al sitio seleccionado aleatoriamente, pero en medio de la sesión, empezó a manejar de nuevo porque sospechaba que la vez anterior un auto o un helicóptero los pudo haber seguido. Hal casi tuvo un infarto, porque era una brecha del protocolo experimental. Laura regresó a revisar las notas del psíquico, quien había descrito el sitio elegido aleatoriamente, había reportado que las personas se subieron al auto y luego describió el segundo sitio.

Laura se quedó callada pero no se veía convencida. “Voy a consultarlo con la almohada”. Hal y su colaborador Russell Targ se dieron cuenta de que no iba a ser fácil convencer a Dickens y se les ocurrió una idea. Si “ver para creer” no iba con ella, ahora iban a intentar el “hacer para creer”. Cuando llegó al día siguiente, no había ningún psíquico en la sala. Solo estaban Russell y Hal, quienes le dijeron: “tú vas a hacer la visión remota”. Laura le dijo que no creía en esas mierdas, pero Hal y Russell la convencieron de que sería una buena forma de que evalúe el protocolo experimental.

  • Cierra los ojos y dime que ves.
  • OK. Está oscuro. Mis ojos están cerrados. Veo la parte de atrás de mis pestañas.
  • Vamos, ¡usa tu imaginación!
  • Vale, tengo una gran imaginación. Veo un puente y un riachuelo

Hal regresó y les llevó a la ubicación, un puente sobre un riachuelo en el campus de la universidad. Laura parecía alterada, pero racionalizó lo que pasó diciendo que Russell le debió haber inducido la respuesta de alguna manera. Al día siguiente pidió repetir el experimento sin nadie en la habitación. Se selló la puerta. Una tercera persona seleccionó el destino para evitar acusaciones de protocolos débiles. El sitio seleccionado fue la Reserva natural de Baylands, en Palo Alto. Al regresar, Russell y Hal encontraron a Laura acurrucada en una esquina, cubriéndose las orejas con las manos (para evitar mensajes subliminales) y con su libreta bien pegada al pecho (por si había cámaras que la espiaban). Hal y Russell vieron sus dibujos y sonrieron. Cuando llegaron a la reserva, Laura no estaba nada contenta.

Pero Laura no era del tipo de personas que se da por vencida fácilmente. Después de la última sesión, se dio cuenta de cuál era el truco. Cuando vieron su dibujo, se dijo a sí misma, los investigadores la llevaron al lugar que más se le parecía. Así que en su último experimento, quiso que la lleven al sitio antes de mostrarles sus dibujos. El sitio era un parque infantil a tres kilómetros del centro de investigación. Había algunos juegos, pero uno de los que más sobresalía era la “rueda” o “torniquete”. Ese juego donde los niños se agarran de algo porque, una vez que lo haces girar, la fuerza centrífuga amenaza con sacarte volando. Al llegar al sitio, Laura apuntó a ese juego y dijo “es eso, ¿verdad?” Y luego: “Dios mío, realmente funciona”.

Uno de los hallazgos de la revisión sistemática sobre visión remota que mencioné previamente, fue que los experimentos con novatos tuvieron resultados bastante similares (estadísticamente) a los de sujetos preseleccionados. Si bien no hay como establecer conclusiones definitivas sobre el tema porque no se han realizado tantos experimentos con novatos, esto parece sugerir que todos podríamos hacer visión remota.

Si algunos no lo logramos en vida, definitivamente lo lograremos en la secuela (Parte 5).

Parte 2: Visión remota

Hola madre, ¿cómo vas? Acá en Ottawa se está acabando el invierno y cada día tenemos cada vez más horas de sol. Si uno se distrae, puede imaginarse que estamos en un clima normal como el de casa, pero al acercarme a la ventana, todavía puedo ver un poco de nieve enterrando la parte baja de nuestras bicicletas. Esperemos que en las próximas dos semanas esas moléculas de agua empiecen a separarse primero en gotas y luego en gases, para poder ir a visitar los campos de tulipanes que Holanda envía cada año.

Como te comenté en mi última carta, a fines del año pasado empecé a buscar información experimental sobre la tal “visión remota”. Primero te voy a explicar qué es esto de la visión remota, cómo se hacen estos experimentos y luego te cuento qué es lo que encontré al revisar la evidencia.

¿Qué es la visión remota?

Hay una larga historia atrás de este término que no voy a abordar aquí, pero en resumen es una supuesta capacidad de ver cosas en la mente que no puedes ver con tus ojos, escuchar con tus orejas, o inferir a través de la lógica. Los investigadores actuales usan un término un poco más específico que es “transmisión anómala de información”. Usualmente las personas necesitan un espacio tranquilo, apagar el cerebro y prepararse para recibir información en un estado entre dormido y despierto. No te concentras para ver, más bien estás en este estado parecido a cuando te olvidas una palabra y estás a punto de acordarte y la tienes “en la punta de la lengua”.

¿Cómo se hacen experimentos de visión remota?

Tal vez un ejemplo sea más fácil de entender. El experimento sería algo así. Tú eres la persona que va a recibir información y te enviamos a un cuarto aislado. Por ejemplo, el antiguo cuarto de mi abuelo Isaac. Yo te digo que alguien va a seleccionar un objeto y tú tienes que generar pistas sobre este objeto: principalmente dibujos y palabras. Usualmente se asigna un horario, por ejemplo de tres a cuatro de la tarde.

Antes de empezar el experimento, le llamo a mi hermana a la sala —que es un lugar que no puedes ver o escuchar— y le pido que seleccione un objeto al azar: puede ser un rompecabezas de madera, un ramo de flores o un cuadro, o cualquier otra cosa. Tú no sabes qué objeto seleccionamos ni de qué manera (tal vez le diga que vaya y compre algo en la tienda). Al mismo tiempo, nosotros no sabemos qué dibujaste o escribiste entre las tres y las cuatro de la tarde.

Una tercera persona, digamos el Jorge, evalúa tu dibujo. Si es que el dibujo corresponde al objeto, eso quiere decir que hubo un acierto. Como esto es un poco subjetivo, es común que se seleccionen una serie de objetos como “controles” y se le pida al juez que ordene los objetos según cuál se parezca más al dibujo. Y es un acierto si el primero objeto es el que se supone que debas adivinar. Y así se hacen las matemáticas para calcular si realmente viste algo o fue el simple azar.

Este es un protocolo básico y se ha refinado mucho desde los estudios iniciales, pero creo que te da la idea general de cómo los científicos evalúan el tema.

¿Qué dice la evidencia?

La exploración científica de un tema no es tan diferente que buscar información en google. La diferencia radica principalmente en que uno busca información en bibliotecas especializadas que filtran todo lo que no sean artículos o libros científicos, aunque siempre existe la posibilidad de que se filtren publicaciones de baja calidad.

La búsqueda es el primer paso. Cualquiera puede crear una revista científica con relativamente pocos recursos y paciencia. Así que revistas emergentes usualmente se colan dentro de los resultados de búsqueda y uno debe saber reconocer entre una investigación sólida, un mal primer intento o el fraude. Sin embargo, siempre cabe la posibilidad de encontrar investigaciones excelentes en revistas pequeñas o investigaciones muy malas en revistas excelentes, como Nature or Science.

Una forma de ahorrarse todo este trabajo es buscar una revisión sistemática sobre el tema. En otras palabras, si alguien más ya se dio el trabajo de leer todo sobre un tema, uno puede leer directamente un “resumen científico” de “toda” la evidencia que existe sobre un tema en específico. Yo he escrito y publicado algunos de estos resúmenes sobre otros temas. Por ejemplo, esta revisión sistemática sobre terapia de conversión de género y sexualidad, que publiqué el mes pasado.

Una revisión no necesariamente es buena, también puede estar plagada de defectos. De hecho, mi publicación más citada al momento fue una revisión de revisiones sistemáticas sobre los efectos de los entornos urbanos en la salud mental. Este tipo de trabajo me permitió familiarizarme con el tipo de cosas que debe hacer un equipo de revisores sistemáticos para producir un resumen de alta calidad.

Dejo todo esto como antecedente porque decidí buscar revisiones sistemáticas sobre visión remota. Para mi buena suerte, el primer resultado fue este borrador que analiza la evidencia publicada entre 1974 y 2022. Estos borradores o “pre-prints” aún necesitan ser revisados por otras personas antes de ser publicados. Sin embargo, uno puede acceder a estas versiones tempranas con ojo crítico. Luego encontré que esta revisión se había ya publicado en una revista no muy conocida, lo cual honestamente me apena.

No entendí mucho del lenguaje que el artículo usaba durante mi primera leída. Pero los artículos siempre están sintetizados en sus tablas y dibujos. En el corazón de las revisiones sistemáticas, están los diagramas de flujo, que te dicen cuántos estudios se han encontrado (36 en este caso) y un gráfico de bosque, donde uno puede observar el efecto estadístico de cada estudio.

Usualmente tienen una línea en la mitad, que representa una línea de partida arbitraria que el experimento debe superar. Por ejemplo, en nuestro experimento en casa, hay cuatro objetos. Entonces la probabilidad de que Jorge seleccione tu dibujo con el objeto siempre va a ser de al menos uno en cuatro (1/4) o 25%. En este caso, usaríamos ese 25% como la línea puntiaguda.

El cuadrado se ubica donde cae el porcentaje de aciertos respecto a esa línea. Los experimentos con pocos intentos se representan con cuadrados pequeños y viceversa. También calculamos un par de “brazos” para cada experimento. Estos brazos son nuestra estimación del rango de aciertos que tendríamos si repitiéramos este experimento. Por eso, un experimento “funciona” si ambos brazos del experimento pasan más allá de esa línea. Si tu experimento tiene pocos intentos, tienes menos certeza de cuál es el valor real del experimento, por eso los cuadrados más pequeños tienen brazos más largos.

Figura por Tressoldi, P. E., & Katz, D. (2023). Remote Viewing: A 1974-2022 Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of Scientific Exploration, 37(3), 467-489. https://doi.org/10.31275/20232931, bajo licencia CC-By Attribution-NonCommercial 4.0 International.

Al final del gráfico, se hace una línea horizontal y por debajo se pone una “suma estadística” de todos los estudios existentes. Básicamente pretendemos que los 36 experimentos fueron uno solo y calculamos un nuevo resultado. A eso le decimos meta-análisis. Y este en particular mostraba que los experimentos de ver “más allá de lo evidente” obtenían muy buenos resultados, mucho más allá de lo que se espera gracias al azar.

En este punto de la historia, empecé a descargar algunos de los artículos originales. Estaba casi seguro que iba a encontrar fallas metodológicas obvias que explicaban un porcentaje alto de aciertos. En estos casos, el meta-análisis no es otra cosa que una suma de errores. Lo que me llamó la atención no fueron los cálculos estadísticos, para nada. Era la cantidad de aciertos exactos que muchos de estos artículos tenían, que hacían que la estadística parezca totalmente inútil. Por ejemplo, el dibujo de cometa en este artículo.

Una caja de Pandora se abrió el momento que leí sobre este y otros estudios, no porque existiera la transmisión anómala de información sino por lo que eso implicaba (Parte 3).