Cada vez más médicos reconocen la validez de las experiencias cercanas a la muerte

Jorge Andrés Delgado-Ron, Simon Fraser University

Según un influyente estudio publicado por The Lancet en 2001, uno de cada diez pacientes que sufre un paro cardíaco regresa al mundo con un nuevo recuerdo central en su memoria. Esta “experiencia cercana a la muerte” (ECM) es tan vívida y convincente que, con frecuencia, transforma la forma en que la persona entiende el mundo, la vida después de la muerte e incluso su propia identidad.

A diferencia de las alucinaciones o el delirio, que son experiencias fragmentadas o desorganizadas, los relatos de las experiencias cercanas a la muerte se caracterizan por un notable grado de claridad y permanencia. Cuando los investigadores preguntan a quienes las han vivido, muchos pacientes afirman que se trata del momento más importante de toda su vida.

A pesar de décadas de investigación académica sobre este fenómeno, muy poco de ese conocimiento ha llegado a los planes de estudio de las facultades de Medicina. En 2024, los investigadores Marieta Pehlivanova y Bruce Greyson realizaron una encuesta entre 215 médicos de la Universidad de Virginia. Aunque muy pocos expresaron opiniones patologizantes o despectivas sobre las experiencias cercanas a la muerte, el estudio mostró que el principal obstáculo para aceptarlas era la falta de conocimiento. En consecuencia, la mayoría manifestó su interés en aprender más sobre ellas.

Este desafío no me resultó desconocido. En muchos aspectos, me recordaba a lo que ocurre en el campo de los psicodélicos, otro ámbito que involucra experiencias profundas y transformadoras, pero que todavía son poco comprendidas dentro de la atención médica convencional.

A pesar del uso cada vez más extendido de sustancias psicodélicas y del creciente interés científico que despiertan, el laboratorio de ecologías y estilos de vida saludables (HEAL, por sus siglas en inglés) de la Universidad Simon Fraser notó la ausencia de guías claras y basadas en evidencia tanto para la población general como para los profesionales de la salud. Como respuesta, HEAL Lab desarrolló una guía de salud pública para promover un uso de menor riesgo de la psilocibina (la sustancia que se encuentra en los así llamados hongos mágicos) y actualmente trabaja en recomendaciones fundamentadas en evidencia para la terapia asistida con psicodélicos aplicada a trastornos de salud mental y de consumo responsable.

Frente a una carencia similar de orientación basada en evidencia sobre las experiencias cercanas a la muerte, surgió la necesidad de reunir la literatura científica disponible y ofrecer recomendaciones prácticas para médicos y otros profesionales interesados en comprender mejor estas experiencias.

A wooden footbridge with a landscape beyond

Muchas personas que tienen una experiencia cercana a la muerte dicen llegar a un punto de no retorno, como un túnel o un puente (Pixabay/Elizabeth Ann Photo)

Mi artículo titulado Cinco aspectos que hay que conocer sobre las experiencias cercanas a la muerte, publicado en el Canadian Medical Association Journal, ofrece una guía breve sobre qué son estas experiencias y cómo deberían abordarse. Quizás el mensaje más importante sea que no deben considerarse un trastorno mental ni una alteración psicológica, ya que con frecuencia se asocian con cambios positivos en la salud mental.

También abordé un tema que suele evitarse: las experiencias cercanas a la muerte con frecuencia incluyen relatos sobre lo que los pacientes perciben como una vida después de la muerte. Asimismo, algunas personas describen experiencias extracorporales que pueden o no ser verificables. Sin embargo, los enfoques centrados en el paciente y fundamentados en la evidencia indican que los profesionales de la salud deberían validar estas experiencias y explorarlas con una actitud abierta, respetuosa y libre de prejuicios.

¿Qué es una experiencia cercana a la muerte?

La característica principal de una experiencia cercana a la muerte es una intensa sensación de pertenencia o de haber “regresado a casa”, que suele traducirse en una profunda percepción de unidad con todo lo que existe. Los investigadores denominan a este fenómeno disolución del ego.

Establecer una cronología precisa de una experiencia cercana a la muerte resulta difícil porque quienes la viven suelen describir que el tiempo deja de existir. Muchas personas afirman que el tiempo se detuvo o que simplemente desapareció. Es en ese contexto donde aparecen memorias extraordinariamente vívidas, la famosa revisión de vida. No se tratan de recuerdos comunes, sino de versiones intensificadas, capaces de evocar no solo las emociones del propio paciente, sino también las de las demás personas que compartieron esos momentos. Muchos describen haber llegado a un punto de no retorno, representado por un túnel, un puente u otro límite simbólico. El estudio AWAreness during REsuscitation II (AWARE II) incluye una descripción temática muy completa de estas experiencias en su material suplementario.

Las experiencias cercanas a la muerte suelen evaluarse mediante la Escala de Greyson u otros instrumentos similares que miden la intensidad de sus diferentes características. Gracias a estas herramientas, los investigadores han identificado importantes similitudes entre las ECM y otros estados alterados de conciencia, especialmente los inducidos por psicodélicos como la dimetiltriptamina (DMT). Comprender esta relación resulta útil porque estudios posteriores indican que las experiencias psicodélicas pueden modificar de manera significativa determinados rasgos psicológicos que forman parte de nuestra personalidad.

Considerar las ECM como una experiencia psicodélica involuntaria ayuda a entender por qué los médicos deben estar preparados para contener y acompañar a un paciente que regresa del umbral de la muerte. En otras palabras, deben procurar brindarle seguridad psicológica y favorecer una adecuada integración de la experiencia. Los estudios clínicos muestran de manera consistente que los efectos positivos duraderos de los psicodélicos —tanto sobre la depresión, el trastorno por estrés postraumático, la ansiedad y rasgos de personalidad como la apertura a nuevas experiencias— dependen en gran medida de lo que ocurre antes, durante y después de la sesión. En este contexto, una actitud despectiva o invalidante por parte del personal de salud puede resultar profundamente traumatizante para el paciente.

Además, las experiencias cercanas a la muerte suelen producir cambios positivos en la vida de quienes las viven. Muchas personas desarrollan un mayor sentido de propósito, pierden el miedo a la muerte y muestran una actitud más empática y solidaria hacia los demás. Estas características sitúan a las ECM fuera del perfil típico de los trastornos psiquiátricos.

La verificación de las percepciones anómalas

Durante algunas experiencias cercanas a la muerte se reportan experiencias extracorporales, en las que la persona siente que abandona su cuerpo físico y puede observar lo que ocurre a su alrededor. En un pequeño grupo de estos casos, las percepciones descritas pueden verificarse posteriormente. Es decir, el paciente recuerda haber visto u oído información que, estando inconsciente, no debería haber podido percibir mediante los sentidos convencionales.

En 2019, la International Association for Near-Death Studies (IANDS) publicó la traducción al español de su libro El Yo No Muere, que recopila más de cien casos de este tipo. Entre ellos figuran descripciones de objetos ubicados en lugares inaccesibles para quienes estaban presentes en la sala. Un ejemplo es el de una moneda de veinticinco centavos de 1985 situada sobre una esquina de un monitor cardíaco de aproximadamente dos metros y medio de altura, cuya existencia fue confirmada por un médico después de subir una escalera. Otro caso corresponde a una paciente con trastorno obsesivo-compulsivo que identificó correctamente el número de serie de doce dígitos ubicado en la parte superior de un respirador de más de dos metros de altura. Posteriormente, un técnico verificó que el número era correcto.

Mi caso favorito fue comentado en un episodio del pódcast producido por el Canadian Medical Association Journal. En esa ocasión, el paciente describió una experiencia en la que parecía haberse elevado por encima del techo hasta llegar a una habitación contigua.

This week on #CMAJPodcasts, Drs. Andrés Delgado-Ron and Marieta Pehlivanova talk to us about near-death experiences, from how they differ from delirium or hallucinations to why dismissive reactions to these experiences can be harmful.
➡️ https://www.cmaj.ca/transcript-252003

[image or embed]

— CMAJ (@cmaj.ca) June 1, 2026 at 5:34 PM


La mayoría de los ejemplos recopilados en ese libro provienen de profesionales de la salud que documentaron o relataron personalmente estos acontecimientos, ya que uno de los criterios para incluir un caso era contar con el testimonio de un tercero. Aunque la precisión de este tipo de informes suele ser objeto de debate, algunos estudios clínicos prospectivos también han documentado casos de percepción verídica, en los que pacientes inconscientes fueron capaces de describir con exactitud hechos que posteriormente pudieron comprobarse. Los autores del estudio AWAreness during Resuscitation (AWARE), por ejemplo, escribieron:

“Nuestro caso verificado de percepción visual en un momento en que la función cerebral normalmente está ausente o gravemente deteriorada resulta desconcertante… Nuestros hallazgos no sugieren que la percepción visual durante un paro cardíaco sea una alucinación o una ilusión, ya que los recuerdos coincidían con acontecimientos reales que pudieron verificarse.”

Estudiar las percepciones verificables durante las experiencias cercanas a la muerte representa un importante desafío metodológico para los investigadores. En el estudio AWARE, por ejemplo, se colocaron más de mil imágenes y letreros en cinco hospitales, ubicadas en lugares elevados y orientadas hacia el techo, de modo que solo pudieran verse desde un punto cercano al techo. Aunque el estudio hizo seguimiento a más de 2.000 pacientes que sufrieron un paro cardíaco, solo un número muy reducido sobrevivió y pudo ser entrevistado. De ellos, únicamente dos relataron experiencias extracorporales y ninguna ocurrió en una zona donde se habían colocado estos letreros.

Un avance reciente en este campo ha sido el desarrollo de una escala de verificación para experiencias cercanas a la muerte, que permite a los médicos evaluar de forma sistemática la precisión de las percepciones reportadas y la capacidad perceptiva del paciente en ese momento. Esta herramienta facilita un enfoque colaborativo de recopilación de datos, aumentando las posibilidades de obtener evidencia acumulativa a largo plazo.

Aunque investigar la veracidad de los relatos de experiencias extracorporales resulta científicamente fascinante, la prioridad del médico siempre debe ser el bienestar del paciente. En lugar de cerrar la conversación o restarle importancia, es preferible normalizarla preguntando si la persona recuerda algo del período en el que estuvo inconsciente. Si el paciente informa haber vivido una experiencia cercana a la muerte, conviene explicarle que este fenómeno es relativamente frecuente y brindarle el espacio necesario para comprender y procesar lo ocurrido.

Asimismo, los profesionales de la salud pueden orientar a los pacientes hacia grupos de apoyo especializados que cuentan con recursos adecuados para ayudarles a integrar esta experiencia dentro de su vida cotidiana.

En última instancia, construir una sólida relación terapéutica resulta esencial tanto para acompañar a quienes viven la experiencia con angustia como para favorecer investigaciones científicas de mayor calidad sobre este extraordinario fenómeno.

Jorge Andrés Delgado-Ron, Analista Senior de Datos de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Simon Fraser.

Este artículo fue republicado de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Puede consultarse la versión original en inglés en el sitio web de The Conversation.

The Conversation

¿Pueden los científicos creer en el alma eterna?

El video aborda la pregunta de por qué a los científicos les resulta irracional creer en el alma eterna. El video se inspiró en una pregunta hecha a Adam Savage, creador de Cazadores de Mitos, y en los comentarios que generó, revelando la falta de comprensión popular sobre la ciencia.

Algunos puntos en el video:

  • El componente emocional de la ciencia: La ciencia no está exenta de pasión y emoción. El deseo de “tener la razón” y el control sobre los demás pueden influir en la adhesión al pensamiento científico.
  • La relación entre ciencia y religión: Se argumenta que las cosas asociadas a la religión no son inherentemente religiosas. La meditación, por ejemplo, fue una práctica religiosa que ahora se reconoce por sus beneficios científicos, demostrando que los hallazgos científicos pueden tener componentes históricamente religiosos.
  • La concepción popular de la ciencia vs. el pensamiento filosófico-científico: Muchas personas creen que la ciencia se limita a experimentos repetibles. Sin embargo, la ciencia incluye estudios observacionales y la lógica es un componente fundamental. La idea popular de la ciencia es una “caricatura” que excluye elementos esenciales como la lógica y la coherencia, llevando a discusiones pseudocientíficas.

Si quieren mi opinión específica a la pregunta, vean el video hasta el final.

Los otros dentro de nosotros (parte 1)

No sé como terminé leyendo “The Others Within Us: Internal Family Systems, Porous Mind, and Spirit Possession” de Robert Falconer. A pesar de que empecé por la primera página, se sintió como haber atrapado una película a medio desarrollo después de haber estado pasando de un canal a otro. De repente, me encontré en medio de una psicoterapia donde el psicólogo está hablando con las personas que habitan dentro de su paciente. Como si hubieran visto la película Intensamente de Pixar y se lo hubieran tomado demasiado en serio.

Voy a retomar el tema de que las personas tienen identidades fragmentadas más adelante porque ese no es el tema principal del libro. Como expliqué anteriormente, parecía que llegué cuando la trama ya estaba bastante desarrollada. El tema del libro eran “unattached burdens”. Si bien no hay una traducción literal apropiada, algo cercano sería “cargas desprendidas”. Volviendo a la trama de intensamente, una carga desprendida sería como un personaje oscuro que de repente aparece junto a Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia, que está dentro de Riley, pero no es realmente parte de ella. Usando lenguaje más mundano, esta gente esta “poseída”. Un espíritu se le metió en algún momento de su vida y está tratando de hacerle la vida imposible.

¿Debo seguir leyendo este libro? Una parte de mí me dice que no, que la persona que lo escribe puede estar reportando cosas que dice su paciente, pero su paciente simplemente tiene problemas percibiendo la realidad. Tal vez lo mejor sería que esas personas sigan su proceso, pero no hay una lección real en ello. Pero otra parte de mí sigue, tal vez por curiosidad mórbida. Robert Falconer tiene un par de buenos argumentos para persuadirme. Primero, el empirismo radical: si nos dedicamos menos a preguntarnos si esto es real, y actuamos como si lo fuera, podemos hacer terapia y deshacernos de esta carga. Estos pacientes son extremadamente difíciles y, por alguna razón, cuando logran deshacerse de esa cosa que se metió dentro de ellos, mejoran. Segundo, su método funciona mejor que los exorcismos. Claro, puede ser que ustedes crean que la posesión no sucedió en primer lugar, pero sea cierto o no, las personas que dicen estar poseídas enfrentan mucho estigma por parte de los sistemas de apoyo familiar e incluso religioso. Si uno puede quitarle al “poseído” la idea de estar poseído, no veo porque no aprender sobre ello.

¿Cómo se saca al espíritu maligno? La versión corta es la siguiente. Primero, le preguntas si es parte de la persona. Tras muchas tácticas de evasión, eventualmente responderán que no. No sabemos porque no pueden mentir al respecto, pero parece ser que es el caso. Luego que ha admitido que no es parte de la persona, te fijas a qué parte de las personas está atada. Por ejemplo, puede ser que haya convencido a Tristeza de que las otras partes de Riley le quieren hacer daño, así que le dice que le dará fuerza, Tristeza tiene miedo de que la parte mala se vaya. Entonces tienes que ganarte la confianza de Tristeza. Una vez que has convencido a las partes de que ya no necesitan al cucaracho, lo envuelves en luz y le dices alguna de estas cosas (o todas):

  • Ya no te puedes quedar aquí, puedes irte hacia la luz o volver a la obscuridad.
  • Te han dicho que la luz te hace daño, pero es mentira,
    • Toca la luz solo un poco y te vas a dar cuenta de cómo se siente
    • Mira dentro de ti y verás que encuentras un poco de luz
  • Hay guías y manos que están dispuestos a ayudarte, si quieres puedes ir con ellos.

Falconer nos recuerda constantemente que no es muy importante entender porqué estas cosas funcionan, sino que lo hacen. Y hace bien en recordarlo porque muchas veces me sentí tentado a dejar de leer su libro. La mayoría de cargas eventualmente van hacia la luz, pero unas cuantas regresan a la oscuridad. ¿Qué pasa con los pacientes? A decir del autor, mejoran de forma importante, porque son mejoras que se sostienen durante meses o años. Es el tipo de desenlaces que uno busca en los ensayos clínicos cuando uno estudia si las terapias realmente funcionan. Otra parte significativa de esta terapia es que frecuentemente ocurre en pacientes difíciles. Pacientes que han pasado por traumas que te rompen el alma y que, a veces, se han encargado de romperle el alma a alguien más. Quizá eso es lo que te obliga a dejar de trivializar el tema.

Las descripciones de Falconer me recordaron un poco a los libros y relatos de niños que son reclutados como soldados desde muy pequeños, y que terminan cometiendo las mismas atrocidades de las que fueron víctimas o que tuvieron que atestiguar frente a sus ojos, contra sus familias. Esos niños soldados estaban tan rotos que se drogaban constantemente para enmudecer al dolor, y su conciencia está tan apagada que bien podrían pasar por zombies caminando por la Tierra. ¿Cómo se meten esas cosas en el cuerpo? Pues no sabemos, parece que a veces sucede cuando la gente está inconsciente, como cuando se ha sometido a una operación y le han aplicado anestesia general. Pero más comúnmente, son durante momentos tan dolorosos que la mente trata de escaparse: se disocia.

Después de exponer sus casos, Falconer hace una revisión histórica de fenómenos similares desde una diversidad de perspectivas teóricas y culturales. Yo diría que cubre un espectro extremadamente amplio, pero lo hace de manera un poco caótica. Es imposible negar que estudió el fenómeno, pero no diría que me siento listo para explicarle a alguien de manera ordenada cómo abordar el tema. Al final, uno puede sentirse libre de admitir que, en efecto, la posesión es común a la gran mayoría de culturas, que hay posesiones “malas” y posesiones “buenas” a los que usualmente Falconer se refiere como guías. De hecho, después de mandar a los espíritus chocarreros a la luz, es común que indique a sus pacientes que puede invitar a guías para “reemplazar” a la carga desprendida. Otro tipo de posesión “buena” y mejor reconocida en la cultura en la que yo me críe es, por ejemplo, la posesión por parte del espíritu santo. Las posesiones “buenas” sin embargo, suelen ser de carácter temporal en la mayoría de casos.

El asunto, a la final del día, es que sean posesiones buenas o malas, cualquiera de estos casos implica que somos “porosos”. Esto no me parece deschavetado y he compartido un poco de porqué en algunas publicaciones anteriores. La explicación de Falconer sobre este último punto es, a mi parecer, bastante débil. Al final del día, el problema es la incapacidad de diferenciar entre lo que somos y lo que no. No nuestra, porque al final del día podemos decidir con qué quedarnos, Por ejemplo, todos podemos preguntarnos cosas como ¿soy yo esa necesidad enfermiza de que todo esté limpio o fue un hábito que no es realmente quien soy? La pregunta más difícil es convencer al resto de que, en efecto ese no soy yo, que solo estaba poseído por el demonio de la pulcritud y que se fue después de que me hicieron una terapia de exorcismo moderno que es menos violenta que los exorcismos de la iglesia.

¿Tengo espíritus guías o solo me disocié también de mis partes buenas? Un estudio reciente, por ejemplo, trató de hablar con el mismo espíritu a través de mediums distintos. Al comparar respuestas, los autores concluyeron que los mediums probablemente tienen una forma de disociación de personalidad no patológica (por acá el estudio). También concluyeron que solo pueden asegurar eso de los mediums que estudiaron y no de todos aquellos que dicen serlo. Al final del día, creo que me quedo con dos lecciones importantes. Una, el empiricismo radical es útil. No podemos negar que sabemos menos de la experiencia interna de un “paciente psiquiátrico” a pesar de saber más de lo que supuestamente es objetivamente normal. Y creo que Enara García y Xabier Barandiarán hacen un trabajo excelente explicándolo aquí. Y dos, es útil cuestionar a los “otros dentro de nosotros”. Tristemente, lo único que realmente compartimos es el mundo objetivo y compartir, en mi ética, es algo intrínseco a todo espíritu benévolo.

Parte 5: La barca de Teseo

Hola mamá,

Hoy fui a la Universidad de Ottawa a devolver un par de libros. Dos volúmenes de Biología y Reencarnación de Ian Stevenson. Un médico psiquiatra nacido en Montreal y criado aquí en la ciudad. Ian Stevenson dedicó la segunda mitad de su vida a investigar casos de niños que a edades muy tempranas, entre dos y cinco años, reportaban espontáneamente memorias de vidas pasadas. Los casos no son todos iguales, pero algunos niños han sido capaces de recordar cosas como sus nombres y apellidos, los nombres de sus familiares, su profesión, el color de las paredes y el techo de la casa, el número de habitaciones, la configuración de las calles y sitios geográficos aledaños, su ciudad y, por lo general, la causa de su última muerte.

La mayoría de estos casos investigados ocurrieron en Asia, donde su religión y cultura aceptan a la reencarnación como parte de la vida. Sin embargo, también hay casos reportados en Europa y Norte América, entre padres cristianos o ateos que han quedado totalmente desconcertados con un niño que habla de su vida pasada. A la fecha de hoy, la Universidad de Virginia ha documentado más de 2.500 de estos casos. En la mayoría de casos, los niños dan suficiente detalle para identificar a la persona a la que se refieren. Estos casos son considerados “resueltos” y de estos hay cerca de 1.600.

Uno de los casos más interesantes es el de James, un niño nacido en San Mateo, California, que dijo “avión” entre sus primeras palabras y cada vez que veía o escuchaba de uno hablaba de “choques” cerca de veinte veces al día. Su familia le regaló algunos modelos de madera porque el niño estaba obsesionado y, poco antes de cumplir los dos años, sus papás lo llevaron a un museo aeronaútico y James estaba fascinado. Sin embargo, poco tiempo después de visitar al museo, James empezó a tener pesadillas constantes, a veces hasta cinco noches por semana. En estas pesadillas pataleaba de una forma particular. Sus papás lo llevaron a un pediatra quien les explicó que se trataba de terrores nocturnos normales.

Después de un tiempo, James empezó a jugar con sus aviones estrellándolos de frente contra la mesa del comedor, esa mesa tiene decenas de abolladuras, y te lo digo porque vi las fotos. Finalmente, un día James despierta de una de sus pesadillas y explica que el “hombre pequeño” está tratando de patear la cabina del avión para poder salir. Cuando sus papás le preguntan quién es el hombre pequeño, James explica que él es el hombre pequeño, que su avión estaba en llamas y se estrelló, porque le dispararon. Sus papás le preguntaron quién le disparó y él respondió con un tono exasperado que fueron “los japoneses”.

Como te comentaba, los recuerdos son bastante detallados. James sabía que fueron los japoneses por “el gran sol rojo” (seguramente en referencia a la bandera de Japón). Su avión era un Corsaire y había despegado de un bote llamado Natoma. Es en este punto que sus papás empiezan a contemplar estos recuerdos como un posible caso de reencarnación y tratan de buscar información sobre una persona que haya muerto en estas condiciones. Le preguntan a James si había alguien más con él y James da el nombre y apellido de otro piloto: Jack Larsen.

Todo esto que he contado hasta ahora, con excepción de sus primeras palabras, fue documentado de una u otra manera antes de que los papás de James supieran que, en efecto, alguien con todos estos antecedentes (y otros que no he mencionado) existió. James M. Huston, Jr. fue un piloto estadounidense que murió el 3 de marzo de 1945, disparado por aviones japoneses en la batalla de Iwo Jima. Es difícil llegar a cualquier otra conclusión que no sea la reencarnación una vez que se analizan la línea temporal de eventos y la información disponible al momento que James mencionó cada uno de sus recuerdos. La única explicación alternativa que queda es que James sea un psíquico con acceso a información de la vida de James Huston y que, por alguna razón, piense que se trata de su anterior vida.

En su libro “El mundo y sus demonios”, Carl Sagan se dedica explícitamente a fomentar el escepticismo frente a afirmaciones extraordinarias. Al mismo tiempo, reconoce tres cosas que merecen un estudio más profundo debido a los indicios existentes al momento de escribir el libro. Primero, mencionó la transmisión anómala de información, de la cuál ya he hablado. Segundo, habló de la capacidad de ciertas personas de alterar la generación de números aleatorios, que se relaciona indirectamente con la historia de Ingo Swann y el magnetómetro, porque en ambos casos lo que se altera es la radiactividad nuclear, la cual se piensa que es aleatoria. Finalmente, habló de como “niños pequeños a veces relatan detalles de una vida anterior, que al comprobarlos resultan ser exactos y que no podrían haber conocido de ninguna otra manera que no fuera a través de la reencarnación”.

Los casos recopilados por Ian Stevenson son fascinantes, no solo por lo que sugiere la evidencia sino porque se leen como diarios de guerra. Están llenos de una honestidad profunda sobre sus propios errores y las limitaciones de su investigación. Son además documentos que te hermanan con culturas ajenas que abordan temas lingüísticos, culturales, geográficos y que son irresistibles para cualquier persona a la que le guste la ciencia. Pero, dicho sea de paso, son miles y miles de páginas. Los volúmenes que pedí prestados a la universidad de Ottawa contienen solo unos doscientos casos y suman más de dos mil páginas. Por ello, si alguien quiere sumergirse en el tema, les recomiendo el libro “Life Before Life” del psiquiatra infantil Jim Tucker.

Jim Tucker hace un excelente trabajo resumiendo lo mucho o poco que uno puede aprender de estos casos. Por ejemplo, que los niños que recuerdan su muerte son más frecuentemente aquellos que tuvieron una muerte violenta. En estos casos, es común que los niños desarrollen fobias relacionadas con la causa de muerte. Los niños también llegan con gustos culinarios propios. Por ejemplo, algunos niños nacidos en Burma recordaban haber vivido como soldados japoneses. Y era común que pidieran pescado crudo a sus madres, a pesar de que esa comida no era común en la región.

También sabemos un poco sobre cuánto demora alguien en “volver” a vivir. En la mayoría de casos, el tiempo suele ser corto, con una media de dieciséis meses. Algunos niños también recuerdan el periodo entre vida y vida. Hay historias con descripciones “de otro mundo”, pero comparten las páginas con algo que realmente no me esperaba: recuerdos totalmente triviales y absurdos. Como una niña que decidió seguir a la ambulancia que se llevó a su cuerpo y resultó perdida en un pueblo a pocos kilómetros, donde ¿accidentalmente? volvió a nacer.

Otra faceta interesante de las reencarnaciones son las marcas de nacimiento, que eran precisamente el tema de uno de los volúmenes que saqué de la biblioteca. Por ejemplo, un niño recordaba haber muerto de un disparo en el pecho. Al nacer, su piel tenía una mancha que semejaba el disparo a quemar ropa, con pólvora desperdigada cerca del orificio de entrada de la bala. Este niño fue uno de los casos resueltos en los que Ian pudo encontrar registros médicos o de autopsia que no solo permitían confirmar la historia sino comparar la marca de nacimiento con la herida mortal.

En una carta dirigida a la revista científica Lancet, Ian Stevenson describió diferencias entre gemelos con el mismo ADN que correspondían a historias sobre supuestas vidas pasadas. Los estudios en gemelos son particularmente interesantes porque ofrecen un control natural sobre factores genéticos y ambientales. La carta no es evidencia contundente, pero analizada en conjunto con sus demás contribuciones ciertamente nos deben hacer reflexionar sobre la influencia de lo que sea que sobrevive a la muerte en nuestra formación anatómica y de personalidad.

Existen también los casos de culturas en Alaska y regiones de Canadá donde los indígenas anuncian pistas de su renacimiento y, en algunos casos, las personas marcan el cadaver para poder identificar al nuevo bebé en caso de que nazca. Este tipo de prácticas no es exclusiva de esta región y también se ha reportado el uso de marcas experimentales en otras partes del mundo. ¿Lo peor de todo? Parecen funcionar.

Todas mis lecturas sobre reencarnación han sido una montaña rusa, tanto intelectual como emocional. Quizá mi parte favorita es la conclusión obvia de que nuestra esencia persiste en un mundo (o dimensión) que no podemos percibir. No te voy a mentir, mi segunda reacción impulsiva fue pensar en si alguno de los nacidos en la familia vino trayendo algún muertito de regreso. Me ilusiona la idea de que las familias se vuelven a reunir porque fue algo reportado frecuentemente, sobre todo en Asia.

Quizá una de las preguntas fundamentales que sigo sin poder responderme es lo que implica la herencia del cuerpo viejo al cuerpo nuevo, que se ven a través del uso de marcas experimentales y la correspondencia entre heridas pasadas y marcas y defectos de nacimiento. Si somos más que la suma de dos conjuntos de ADN y nuestra consciencia modifica la materia, ¿qué tan maleable es esa consciencia? ¿cómo podemos cambiarla? Y, si lo hacemos, ¿pueden esos cambios modificar los cuerpos de nuestra actual existencia?

Parte 3: Viajes en el tiempo

“Nada como escribir un libro para darte cuenta todo lo que no sabes”.
Harold (“Hal”) Puthoff

Hal Puthoff llegó al laboratorio de física experimental de la Universidad Stanford en 1963. Allí desarrolló y patentó un láser infrarrojo de alta potencia que podía ajustar su frecuencia dinámicamente. Hasta entonces, los láser podían ser ajustados a cierta frecuencia, pero solo una vez. Además de trabajar en el laboratorio de Física y supervisar estudiantes, Hal daba clases en el departamento de Ingeniería Eléctrica. Junto a su supervisor Richard Harris Pantell, escribió Fundamentals of Quantum Electronics (1969), un libro que al día de hoy ha sido traducido al Francés, Chino y Ruso. A pesar de no contar con una versión digital, es libro cuenta con más de 700 citas.

Hal recuerda que mientras escribía este libro se preguntó sobre las implicaciones de la física en los organismos vivos, en cosas tan simples como el césped. «¿Son solo átomos o tal vez hay otros campos que deberíamos estar estudiando?». Fue persiguiendo preguntas como estas que Hal conoció a Cleve Backster, un experto en polígrafos. Backster había conectado estas máquinas que supuestamente te avisan si alguien está mintiendo a algunas de sus plantas y su interpretación fue que las plantas conversaban.

Imagínate dos niños con juguetes, uno tiene rayos láser y el otro tiene un polígrafo para leer seres vivos. Estos dos niños quieren mezclar sus juguetes, pero como los juguetes son caros y prestados, escriben una propuesta de investigación. La idea era crear un cultivo de algas, separarlo en mitades, lanzarle rayos láser a una de las partes y ver si la otra tenía alguna opinión poligráfica al respecto.

Creo que todo hubiera salido según el plan, sino hubiera sido por la intervención de una persona inesperada, un pintor que, además de ser pintor, aseguraba tener poderes psíquicos. Fue esta persona quien acuñó el término “visión remota” porque él la practicaba. Ingo Swann no tenía nada en contra de los experimentos con las algas, pero creía firmemente que él podía convertir ese juego de niños en algo extremadamente mejor.

Swann leyó la propuesta de investigación con plantas en el escritorio de Becker y le escribió una carta a Hal. “Veo que tú investigas la física clásica y tal vez la física que puede ser afectada por la biología, ¿por qué quieres trabajar con las algas que no pueden decirte nada en lugar de trabajar con alguien como yo?” Hal leyendo esta carta bien pudo ser Andrés Delgado leyendo “visión remota” en el libro de extraterrestres. Según sus propias palabras, Hal Puthoff hubiera tirado la carta al cesto de basura sin darle un segundo vistazo, pero pegada a la carta estaba un reporte experimental de City College (Nueva York). En este reporte, la psicóloga Gertrude R. Schmeidler atestiguaba que Ingo Swann había sido capaz de manipular un sensor de temperatura —o quién sabe si la temperatura misma— ubicado a poca distancia de su cuerpo.

Puthoff invitó a Swann al laboratorio de Física. Todos sus compañeros de trabajo lo abuchearon diciendo que todas estas personas son charlatanes. Lo cuál no fue en vano, pues uno de ellos le dio una idea maquiavélica: diseñar un experimento donde un engaño exitoso fuera tan o más significativo que el efecto directo del experimento. Algo así como subir una montaña en menos de un minuto, incluso con la mejor tecnología, no debería ser posible. La marina estadounidense había gastado millones para aislar un chip cuántico de toda interferencia eléctrica, magnética y acústica, incluyendo el aislamiento de superconductores. Afectar ese chip debía ser técnicamente tan imposible como subir al Everest en un minuto, sin importar si uno lo hacía siguiendo las reglas o rompiéndolas.

Cuando Swann llegó a Stanford, Hal lo llevó al edificio Varian, donde se encontraba este magnetómetro de quartz. El dispositivo estaba enterrado en un pozo de concreto. Hal señaló el dispositivo con el dedo y le dijo a Swann “esto es como el experimento que hiciste con los termistores de City College pero en esteroides, trata de alterar esto”. Al día de hoy, estos magnetómetros tipo SQUID están entre los instrumentos más sensibles construidos por el hombre. Cualquier alteración se manifiesta en fluctuaciones de una línea continua en forma de S impresa por el magnetómetro. Esta línea se mantuvo estable por una hora entera antes del experimento y en los dos días subsecuentes, pero cuando Hal instruyó a Swann que alterara el instrumento, esta línea cambió prácticamente a su voluntad.

Tres investigadores del laboratorio y varios estudiantes de postgrado estuvieron presentes durante el experimento. Si esta fue una coincidencia, fue la madre de todas las coincidencias. Le preguntaron a Swann cómo logró alterar el magnetómetro. Swann explicó que ese fue un efecto secundario. Como Swann no estaba familiarizado con el equipo, trató de ver (en su mente) la estructura interna del magnetómetro y fue entonces cuando le notificaron que, de hecho, la onda había cambiado. La onda variaba en función de lo que él estaba “viendo” dentro del aparato. Hal estaba intrigado así que le pidió a Swann que describiera lo que había visto, cosa que hizo de forma rudimentaria pero acertada.

Este y otros detalles de la prueba se encuentran redactados en una carta que Hal circuló a varios de sus colegas. Eventualmente, gente de la agencia central de inteligencia (CIA) leyó la carta y, poco después, llamaron a su puerta. Hal tenía un historial de contratos con la agencia nacional de seguridad y tenía las autorizaciones que le permitirían trabajar con ellos. La CIA le confesó a Hal que los soviéticos invierten millones en ese tipo de investigación, pero que ningún científico en Estados Unidos tomaba en serio el tema.

Una de las aplicaciones principales que esperaban desarrollar mediante el espionaje psíquico o la telepatía era el poder comunicarse con submarinos a grandes profundidades. El agua actúa como una barrera natural contra la gran mayoría de ondas electromagnéticas y más allá de los 40 metros de profundidad, comunicarse con estas naves de guerra se volvía difícil o incluso imposible. La capacidad de Ingo Swann de ver a través de todas las capas de aislamiento sugerían la existencia de otro “medio” mediante el cual se podrían establecer comunicaciones efectivas.

El periodista científico Jim Schnabel detalló toda la historia de lo que luego se conociera como el proyecto Stargate en su libro Remote Viewers: The Secret History of American Psychic Spies. El éxito inicial de Swann contribuyó al financiamiento de varios experimentos subsecuentes que confirmaron la inutilidad del aislamiento electromagnético frente a las lecturas psíquicas. Una vez establecido este hecho, los investigadores empezaron a empujar las condiciones de transmisión cada vez un poco más. Primero, realizaron los experimentos a mayor distancia y tuvieron éxito.

¿Qué tan lejos? La respuesta podría sorprenderte. Conscientes de que la sonda espacial Voyager atravesaría pronto por Júpiter, se pidió a dos psíquicos recoger impresiones específicas sobre ese planeta. Tanto Ingo Swann como Harold Sherman describieron la presencia de cristales en la atmósfera en el año 1973, la presencia de cristales de amoniaco fue confirmada por la sonda Galileo en el año 2000. Swann además describió anillos de cristal en bandas que se observan como escarcha pero muchos más cercanos al planeta. La presencia de anillos en Júpiter fue confirmada por la sonda Voyager en 1979.

Hal, siendo físico, estaba muy consciente de que el espacio-tiempo es una sola cosa, así que la progresión natural del experimento fue ubicar al objetivo más allá en el tiempo. Los investigadores establecieron protocolos de visión remota precognitiva, en el que uno de ellos salía del centro de investigación en Menlo Park a las diez de la mañana y esperaba media hora antes de seleccionar uno de diez objetivos al azar. En esa media hora —entre las 10H10 y las 10H25 para ser exacto—, el sujeto de investigación describiría dónde estará la persona que salió de Menlo Park entre las 10H45 y las 11H00. Solo después de haber recopilado toda la información, se generaba un número aleatorio y se escogía el sobre.

En uno de esos experimentos, Hal llevó a una de las personas de la oficina a un campus aledaño, pues eso era lo que estaba contenido en el sobre que abrieron a las 10H30. La torre contiene exhibiciones y archivos y se encuentra a 345 pies sobre el nivel del mar. Pat Price, quizá el mejor psíquico con que trabajo Hal durante su tiempo en Menlo Park fue el psíquico de la sesión. He dejado algunas de las descripciones de Price al pie de las tres fotos en la galería de abajo. Después de decir esas frases, Price simplemente sentenció: “Parece ser la Torre Hoover”.

Los hallazgos de Hal fueron publicados en dos de las mejores revistas científicas: Nature y IEEE. He leído a detalle estos artículos y a sus críticos y mi opinión personal es que las conclusiones del estudio son robustas. Como ya mencioné, hubo mucha más investigación en los años subsiguientes. Y no solo sobre visión remota, sino sobre otras formas de transmisión anómala de información. Si alguien quiere un resumen detallado de la evidencia científica sobre investigación parapsicológica, les recomiendo revisar este artículo de Etzel Cardeña publicado en American Psychologist. Por ahora, he tomado unos pocos ejemplos para ilustrar mi punto: la evidencia científica sugiere que la consciencia humana puede viajar el espacio-tiempo. Y si vamos un poco más lejos, parece ser que puede incluso alterarlo.

Al finalizar el libro de Schabel, tenía más preguntas que respuestas. Quizá una de las más importantes era, y entonces ¿qué es la consciencia? (Parte 4)